viernes, 11 de abril de 2014

3° Lectura. Job 11

Capítulo 11
Sofar de Naamá respondió, diciendo: 2 ¿No habrá una respuesta para tanto palabrerío? ¿Tendrá siempre razón el que habla demasiado? 3 ¿Tu locuacidad hará callar a los demás y te burlarás sin que nadie te confunda? 4 Tú has dicho: «Mi doctrina es pura y estoy limpio ante tus ojos». 5 En cambio, si Dios hablara y abriera sus labios contra ti; 6 si te revelara los secretos de la sabiduría, tan sutiles para el entendimiento, sabrías que Dios olvida una parte de tu culpa. 7 ¿Puedes tú escrutar las profundidades de Dios o vislumbrar la perfección del Todopoderoso? 8 Ella es más alta que el cielo: ¿qué puedes hacer tú? Es mas honda que el Abismo: ¿qué puedes entender? 9 Por su extensión, es más larga que la tierra y más ancha que el mar. 10 Si Dios pasa y aprisiona, y si convoca a juicio, ¿quién se lo impedirá? 11 El conoce a los hombres falsos, ve la maldad ¿y no la sabrá discernir? 12 Pero un necio asentará cabeza cuando se domestique un asno salvaje de la estepa. 13 En cuanto a ti, si enderezas tu corazón y extiendes tus manos hacia Dios, 14 si alejas la maldad que hay en tus manos y no dejas que la injusticia habite en tu carpa, 15 entonces sí erguirás tu frente inmaculada, estarás firme y nada temerás. 16 Así te olvidarás de las penas, las recordarás como una correntada pasajera. 17 La vida se alzará más radiante que el mediodía, la oscuridad será como una alborada. 


 18 Estarás seguro, porque habrá una esperanza; observarás a tu alrededor, y te acostarás tranquilo. 19 Descansarás sin que nadie te perturbe y muchos tratarán de ganarse tu favor. 20 Pero los ojos de los malvados se consumen, les falta todo refugio y el último suspiro será su única esperanza.

2° Lectura. Deuteronomio 15-16

Capítulo 15
El séptimo año: la remisión de las deudas
Al cabo de cada siete años, harás una remisión. 2 La remisión consiste en lo siguiente: Todo acreedor condenará a su prójimo el préstamo que le haya concedido. No hará ninguna demanda a su prójimo –es decir, a su hermano– porque se ha proclamado una remisión en homenaje al Señor. 3 Podrás, eso sí, demandar al extranjero, pero deberás liberar a tu hermano del derecho que tengas sobre él. 4 Por lo demás, no habrá ninguna pobre a tu lado porque el Señor te bendecirá abundantemente en la tierra que él te da como herencia. 5 con esta sola condición: que escuches su voz, practicando cuidadosamente todo este mandamiento que hoy te prescribo. 6 Sí, el Señor, tu Dios, te bendecirá como te lo ha prometido: tú prestarás a muchas naciones, sin tener necesidad de pedirles prestado, y dominarás a muchas naciones sin que ellas te dominen. 7 Si hay algún pobre entre tus hermanos, en alguna de las ciudades del país que el Señor, tu Dios, te da, no endurezcas tu corazón ni le cierres tu mano. 8 Abrele tu mano y préstale lo que necesite para remediar su indigencia. 9 No abrigues en tu corazón estos perversos pensamientos: «Ya está cerca el séptimo año, el año de la remisión», mirando por eso con malos ojos a tu hermano pobre, para no darle nada. Porque él apelaría al Señor y tú te harías culpable de un pecado. 10 Cuando le des algo, lo harás de buena gana. Así el Señor te bendecirá en todas tus obras y en todas las empresas que realices. 11 Es verdad que nunca faltarán pobres en tu país. Por eso yo te ordeno: abre generosamente tu mano el pobre, al hermano indigente que vive en tu tierra.

 La remisión de los esclavos hebreos 12 Si tu hermano hebreo –sea hombre o mujer– se vende a ti. te servirá durante seis años y al séptimo año, lo dejarás en libertad. 13 Cuando le concedas la libertad, no lo envíes con las manos vacías. 14 Llénalo de presentes tomados de tu ganado menor, de tu era y de tu lagar, haciéndolo partícipe de los bienes con que el Señor, tu Dios, te bendiga. 15 Recuerda que tú fuiste esclavo en Egipto y que el Señor, tu Dios, te rescató. Por eso ahora te doy esta orden. 16 Pero si él te dice. «No quiero alejarme de ti» –porque te ama. y ama también a tu familia y se siente feliz a tu lado– 17 entonces tomarás una lezna y le perforarás la oreja contra la puerta de tu casa: así será tu esclavo para siempre. Lo mismo deberás hacer con tu esclava. 18 Que no te resulte penoso dejarlo en libertad, porque el servicio que te presto durante seis años vale el doble del salario de un jornalero. Entonces el Señor te bendecirá en todas sus empresas. 

 Los primogénitos machos del ganado 19 Consagra al Señor, tu Dios, todos los primogénitos machos de tu ganado mayor y menor. Tú no trabajarás con el primogénito de tus vacas ni esquilarás al primogénito de tus ovejas. 20 Los comerás cada año junto con tu familia, en la presencia del Señor, tu Dios, en el lugar que el Señor elija. 21 Pero si es defectuoso –si es rengo, ciego o tiene cualquier otro defecto grave– no lo sacrificarás al Señor, tu Dios. 22 Lo comerás como se come una gacela o un ciervo. Podrán comerlo igualmente el puro y el impuro. 23 Sólo te abstendrás de comer la sangre: la derramarás en la tierra como si fuera agua.


Capítulo 16
Las tres Fiestas de peregrinación: la Pascua y los Ácimos
Solemniza el mes de Abib celebrando en él la Pascua en honor del Señor, tu Dios, porque una noche del mes de Abib él te hizo salir de Egipto. 2 Inmola al Señor, tu Dios, como víctima pascual, un animal del ganado mayor o menor, en el lugar que él elija para constituirlo morada de su Nombre. 3 No comas la víctima con pan fermentado. Durante siete días comerás pan sin levadura, que es un pan de aflicción, porque tú saliste precipitadamente de Egipto: así te acordarás siempre del día en que saliste de Egipto. 4 Estos siete días la levadura no deberá verse en todo tu territorio, y tampoco quedarán para el día siguiente restos de la carne sacrificada al atardecer del primer día. 5 No inmoles la víctima pascual en cualquiera de las ciudades que el Señor, tu Dios, te dará. 6 La inmolarás únicamente en el lugar que el elija para constituirlo morada de su Nombre, y lo harás al atardecer, cuando se ponga el sol, a la misma hora en que saliste de Egipto. 7 Cocerás y comerás la víctima en el lugar que el Señor, tu Dios, elija, y a la mañana siguiente emprenderás el camino de regreso a tu casa. 8 Durante seis días comerás pan sin levadura, y el séptimo día harás una asamblea litúrgica en honor del Señor, tu Dios. Ese día no realizarás ningún trabajo. La 

Fiesta de las Semanas 9 Cuenta siete semanas a partir del momento en que empieces a cosechar, 10 y al término de ellas celebrarás la fiesta de las Semanas en honor del Señor, tu Dios, llevando tus ofrendas voluntarias, en la medida en que el Señor, tu Dios, llevando tus ofrendas voluntarias, en la medida en que el Señor, tu Dios, te bendiga. 11 Te alegrarás en la presencia del Señor, tu Dios –en el lugar que él elija para construirlo morada de su Nombre– junto con tu hijo y tu hija, con tu esclavo y tu esclava, con el levita que viva en tu ciudad, y con el extranjero, el huérfano y la viuda que estén contigo. 12 Recuerda que fuiste esclavo en Egipto y observa fielmente estas prescripciones.

 La Fiesta de las Chozas 13 Celebra durante siete días la fiesta de las Chozas, apenas termines de recoger los frutos de tu era y de tu lagar. 14 Te alegrarás durante la fiesta, junto con tu hijo y tu hija, con tu esclavo y tu esclava, y con el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que vivan en tu ciudad. 15 Siete días estarás de fiesta en honor del Señor, tu Dios, en el lugar que él elija. Porque el Señor, tu Dios, te bendecirá en todas tus cosechas y en todas tus obras, para que seas plenamente feliz. 

 Resumen sobre las Fiestas 16 Tres veces al año, todos los varones se presentarán delante del Señor, tu Dios, en el lugar elegido por él: en la fiesta de los Acimos, en la fiesta de las Semanas y en la fiesta de las Chozas. Nadie se presentará delante del Señor con las manos vacías. 17 Cada uno dará lo que pueda, conforme a la bendición que el Señor, tu Dios, te haya otorgado. 

 Los jueces 18 En cada una de las ciudades que el Señor, tu Dios, te dé para tus tribus, pondrás jueces y escribas que dicten sentencias justas en favor del pueblo. 19 No tergiversarás el derecho; no harás acepción de personas ni te dejarás sobornar. Porque el soborno ciega los ojos de los sabios y pervierte las palabras de los justos. 20 Tu deber es buscar la justicia, sólo la justicia, para que tengas vida y poseas la tierra que el Señor, tu Dios, te da. Advertencias contra las desviaciones cultuales 21 No plantarás ninguna clase de árbol, para tenerlo como poste sagrado, junto al altar que dediques al Señor, tu Dios. 22 Tampoco erigirás piedras conmemorativas, porque el Señor, tu Dios, las detesta.

1° Lectura. Hechos 2: 14-47

E Entonces, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: «Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido. 15 Estos hombres no están ebrios, como ustedes suponen, ya que no son más que las nueve de la mañana, 16 sino que se está cumpliendo lo que dijo el profeta Joel: 17 "En los últimos días, dice el Señor, derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres y profetizarán sus hijos y sus hijas; los jóvenes verán visiones y los ancianos tendrán sueños proféticos. 18 Más aún, derramaré mi Espíritu sobre mis servidores y servidoras, y ellos profetizarán. 19 Haré prodigios arriba, en el cielo, y signos abajo, en la tierra: verán sangre, fuego y columnas de humo. 20 El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que llegue el Día del Señor, día grande y glorioso. 21 Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará". 22 Israelitas, escuchen: A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen, 23 a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles. 24 Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él. 25 En efecto, refiriéndose a él, dijo David: "Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque él está a mi derecha para que yo no vacile. 26 Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza, 27 porque tú no entregarás mi alma al Abismo, ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción. 

 28 Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia". 29 Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. 30 Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono. 31 Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción. 32 A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos. 33 Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen. 34 Porque no es David el que subió a los cielos; al contrario, él mismo afirma: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, 35 hasta que ponga a todos tus enemigos debajo de tus pies". 36 Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías». 37 Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?». 38 Pedro les respondió: «Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. 39 Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar». 40 Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa. 41 Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil. 42 Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. 43 Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos. 44 Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: 45 vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno. 46 Intimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; 47 ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse.

jueves, 10 de abril de 2014

4° Lectura. 1° Macabeos 3:1-27

Capítulo 3
El sucesor de Matatías fue su hijo Judas, llamado Macabeo. 2 Todos sus hermanos y los que habían seguido a su padre le prestaron apoyo y combatieron con entusiasmo por Israel. 3 El extendió la gloria de su pueblo y se revistió de la coraza como un héroe; se ciñó sus armas de guerra y libró batallas, protegiendo al ejército con su espada. 4 Fue como un león por sus hazañas, como un cachorro que ruge ante su presa. 5 Persiguió implacablemente a los impíos y entregó a las llamas a los perturbadores de su pueblo. 6 Los impíos se acobardaron ante él, temblaron todos los que hacían el mal, y gracias a él se logró la salvación. 7 Puso en aprieto a muchos reyes, alegó a Jacob con sus proezas, y su memoria será eternamente bendecida. 8 Recorrió las ciudades de Judá, exterminó de ellas a los impíos y apartó de Israel la ira de Dios. 9 Su fama llegó hasta los confines de la tierra, y congregó a los que estaban a punto de perecer. 10 Apolonio reunió muchos paganos y un numeroso contingente de Samaría para hacer la guerra contra Israel. 11 Al enterarse de esto, Judas salió a su encuentro, lo derrotó y lo mató. Muchos sucumbieron y los demás se dieron a al fuga. 12 Cuando recogieron el botín, Judas se quedó con la espada de Apolonio, y desde entonces siempre combatió con ella. 13 Serón, el capitán del ejército de Siria, al saber que Judas había agrupado alrededor de él un contingente de hombres adictos y dispuestos a combatir, 14 pensó: «Voy a hacerme famoso y a cubrirme de gloria en todo el reino, atacando a Judas y a sus secuaces, que intentan despreciar la orden del rey». 15 Entonces reanudó la lucha y con él subió un poderoso ejército de impíos para ayudarlo a vengarse de los israelitas. 16 Cuando se acercó a la subida de Betjorón, Judas le salió al encuentro con unos pocos hombres. 17 Estos, al ver el ejército que se les venía encima, dijeron a Judas: «¿Cómo, siendo tan pocos, podremos combatir con una multitud tan poderosa? Además, estamos extenuados porque hoy no hemos comido nada en todo el día». 18 Judas les respondió: «Es fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos, y al Cielo le da lo mismo salvar con muchos que con pocos. 19 Porque la victoria en el combate no depende de la cantidad de las tropas, sino de la fuerza que viene del Cielo. 20 Ellos nos atacan, llenos de insolencia y de impiedad, para exterminarnos a nosotros, a nuestras mujeres y a nuestros hijos y para apoderarse de nuestros despojos. 21 Nosotros, en cambio, luchamos por nuestra vida y por nuestras costumbres. 22 El Cielo los aplastará delante de nosotros: ¡no les tengan miedo!». 23 Apenas terminó de hablar, se lanzó sorpresivamente sobre el enemigo, y Serón fue aplastado con todo su ejército. 24 Después lo persiguieron por la pendiente de Betjorón hasta la llanura: allí murieron unos ochocientos hombres, y los demás huyeron al país de los filisteos. 25 Así Judas y sus hermanos comenzaron a ser temidos, y el pánico se extendió por las naciones vecinas. 26 Su fama llegó a oídos del rey, y por todas partes se comentaban las batallas de Judas. 27 Al enterarse de esto, el rey Antíoco se enfureció y mandó reunir todas las fuerzas de su reino, un ejército poderosísimo.

3° Lectura. Job 10

Capítulo 10
Mi alma está asqueada de la vida, quiero dar libre curso a mi queja, expresaré toda mi amargura. 2 Diré a Dios: «No me condenes, dame a conocer por qué me recriminas». 3 ¿Es un placer para ti oprimir, despreciar la obra de tus manos y favorecer el designio de los malvados? 4 ¿Acaso tienes ojos de carne? ¿Ves tú las cosas como las ven los hombres? 5 ¿Son tus días como los de un mortal y tus años como los días de un hombre, 6 para que estés al acecho de mi culpa y vayas en busca de mi pecado, 7 aún sabiendo que no soy culpable y que nadie puede librar de tu mano? 8 Tus manos me modelaron y me hicieron, y luego, cambiando de parecer, me destruyes. 9 Acuérdate que me hiciste de la arcilla y que me harás retornar al polvo. 10 ¿Acaso no me derramaste como leche y me cuajaste como el queso? 11 Me revestiste de piel y de carne y me tejiste con huesos y tendones. 12 Me diste la vida y me trataste con amor, y tu solicitud preservó mi aliento. 13 ¡Pero tú ocultabas alto en tu corazón, ahora comprendo lo que tenías pensado! 14 Si yo peco, tú me vigilas y no me absuelves de mi culpa. 15 Si soy culpable, ¡ay de mí! Si soy inocente, tampoco puedo alzar cabeza, saturado de ignominia, embriagado de aflicción. 16 Si me levanto, tú me cazas como un león y redoblas contra mi tu asombroso poder. 17 Suscitas contra mí nuevos testigos, acrecientas tu furor contra mí y me atacas con tropas de relevo. 18 ¿Por qué me sacaste del seno materno? Yo habría expirado sin que nadie me viera, 19 sería como si nunca hubiera existido, me habrían llevado del vientre a la tumba. 20 ¡Duran tan poco los días de mi vida! ¡Apártate de mí! Así podré sonreír un poco, 21 antes que me vaya, para no volver, a la región de las tinieblas y las sombras, 22 a la tierra de la oscuridad y el desorden, donde la misma claridad es tiniebla.

2° Lectura. Deuteronomio 13-14

Capítulo 13
Castigo de los falsos profetas
Practiquen cuidadosamente todo lo que yo les ordeno, sin añadir ni quitar nada. 2 Si surge en medio de ustedes un profeta o un intérprete de sueños, que te propone un signo o un prodigio, 3 y te dice: «Vamos detrás de otros dioses –que tú no conoces– para rendirles culto», aunque se cumplan el signo o el prodigio, 4 no hagas caso de las palabras de ese profeta o de los sueños de ese visionario. Porque el Señor, su Dios, los pone a prueba para ver si ustedes lo aman realmente con todo su corazón y con toda su alma. 5 Sigan al Señor, su Dios. Témanlo y observen sus mandamientos, escuchen su voz, sírvanlo y sean fieles a él. 6 Y ese profeta o ese intérprete de sueños deberá ser castigado con la muerte, por haber incitado a la rebelión contra el Señor, tu Dios –el que te hizo salir de Egipto y te rescató de la esclavitud– para desviarte del camino por donde el te ordenó que fueras. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes. 

 Castigo de los que instigan a la idolatría 7 Si tu hermano –el hijo de tu padre o de tu madre– tu hijo o tu hija, la esposa que duerme en tus brazos, o tu amigo más íntimo, trata de seducirte en secreto, diciendo: «Vamos a servir a otros dioses», que ni tú ni tus padres conocieron 8 –los dioses de los pueblos próximos o lejanos que están a tu alrededor, de un extremo al otro de la tierra– 9 no cedas a sus instigaciones ni le hagas caso. Sé implacable con él, no lo perdones ni lo encubras. 10 Tendrás que hacerlo morir irremediablemente. que tu mano sea la primera en levantarse contra él para quitarle la vida. y que después todo el pueblo haga lo mismo. 11 Deberás apedrearlo hasta que muera, porque intento apartarte del Señor, tu Dios, que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud. 12 Todo Israel, cuando se entere, sentirá temor, y no volverá a cometerse esta infamia entre ustedes. 

 Castigo de las ciudades apóstatas 13 Si de una de las ciudades que te dio el Señor, tu Dios, para que vivas en ella, te llega esta noticia: 14 Gente despreciable de tu misma raza ha logrado seducir a los habitantes de su ciudad, diciendo» «Vamos a servir a otros dioses» –que tú no conociste– 15 investiga el caso, examinalo e infórmate debidamente. Y si es verdad que la cosa es así, que se ha cometido semejante abominación, 16 pasa sin compasión al filo de la espada a los habitantes de la ciudad, y conságrala al exterminio total con todo lo que hay en ella, incluido su ganado. 17 Reúne luego todos sus despojos en medio de la plaza, e incendia la ciudad con todos esos despojos, como un holocausto para el Señor, tu Dios. Ella se convertirá para siempre en un montón de ruinas y nunca más será reconstruida. 18 Y no retengas nada de lo que debe ser consagrado al exterminio. Así el Señor aplacará el ardor de su ira, se apiadará y tendrá misericordia de ti, y te multiplicará, como lo juró a tus padres, 19 con tal que tú escuches la voz del Señor, tu Dios. observando los mandamientos que hoy te prescribo y haciendo lo que es recto a los ojos del Señor, tu Dios.

Capítulo 14
Prohibición de una práctica pagana
Ustedes son hijos del Señor, su Dios. No se hagan incisiones ni se rapen el cabello sobre la frente en homenaje a un muerto. 2 Porque tú eres un pueblo consagrado al Señor, tu Dios y él te eligió para que fueras su propio pueblo, prefiriéndote a todos los demás pueblos de la tierra. 

 Los animales puros e impuros 3 No comerán nada que sea abominable. 4 Ustedes podrán comer los siguientes animales: el buey, la oveja, la cabra, 5 el ciervo, la gacela, el venado, la cabra montés, el íbice, el antílope y la gamuza. 6 Podrán comer, asimismo, cualquier animal que tenga la pezuña partida –es decir, dividida en dos mitades– y que sea rumiante. 7 Pero se abstendrán de comer los animales que son solamente rumiantes y los que solamente tienen la pezuña partida por la mitad. No comerán camello, liebre ni damán, porque aunque son rumiantes, no tienen la pezuña partida. A estos animales deberán considerarlos impuros. 8 Tampoco comerán cerdo, porque aunque tiene la pezuña partida, no es rumiante. También a este deberán considerarlo impuro, y no podrán comer su carne ni tocar su cadáver. 9 De entre los animales que viven en el agua, les estará permitido comer todos aquellos que tengan aletas y escamas. 10 Pero no podrán comer los que o tengan aletas ni escamas: a éstos deberán considerarlos impuros. 11 Podrán comer todas las especies de aves puras. 12 Pero se abstendrán de comer las siguientes: el águila marina. 13 el milano, las diversas especies de halcón. 14 las diversas especies de cuervo: 15 el avestruz, la golondrina, la gaviota y las diversas especies de gavilán; 16 la lechuza, el búho, el ibis. 17 el pelícano, el buitre, el corvejón, 18 la cigüeña, las diversas especies de garza, la abubilla y el murciélago. 19 También deberán considerar impuros a todos los insectos con alas, 20 pero podrán comer cualquier clase de pájaros puros. 21 No comerán ningún animal muerto. Se lo darás al extranjero que resida en tu ciudad para que él lo coma, o se lo venderás al extranjero que va de paso. Porque tú eres un pueblo consagrado al Señor, tu Dios. No harás cocer un cabrito en la leche de su madre. 

 El diezmo anual 22 Cada año deberás separar la décima parte de todo lo que hayan producido tus sembrados. 23 y en la presencia del Señor, tu Dios, en el lugar que él elija para constituirlo morada de su Nombre, comerás del diezmo de tu trigo, de tu vino y de tu aceite, y también los primogénitos de tu ganado mayor y menor. Así aprenderás a tener siempre al Señor, tu Dios. 24 Si el camino es demasiado largo para que puedas transportar el diezmo –porque el lugar que el Señor elija te queda muy lejos– cuando el te haya bendecido, 25 los cambiarás por dinero y luego irás a ese lugar, llevando contigo el dinero. 26 Allí podrás comprar con ese dinero todo lo que desees: ganado mayor o menor, vino o bebida fermentada, en una palabra, cualquier cosa que sea de tu agrado. Entonces comerás en la presencia del Señor, tu Dios, y te alegrarás junto con tu familia. 27 No olvides al levita que vive en tus ciudades, ya que él no tiene posesión ni herencia contigo. 

 El diezmo trienal 28 al cabo de tres años, deberás separar la décima parte de todo lo producido ese año, y lo depositarás en la puerta de tu ciudad. 29 Entonces vendrá a comer el levita, ya que él no tiene posesión ni herencia contigo; y lo mismo harán el extranjero, el huérfano y la viuda que están en tus ciudades, hasta quedar saciados. Así el Señor te bendecirá en todas tus empresas.

1° Lectura. Hechos 2:1-13

Capítulo 2
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. 2 De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. 3 Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. 4 Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. 5 Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. 6 Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. 7 Con gran admiración y estupor decían: «¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? 8 ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? 9 Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, 10 en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, 11 judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios». 12 Unos a otros se decían con asombro: «¿Qué significa esto?». 13 Algunos, burlándose, comentaban: «Han tomado demasiado vino».