Capítulo 11
18 Estarás seguro, porque habrá una esperanza; observarás a tu alrededor, y te acostarás tranquilo. 19 Descansarás sin que nadie te perturbe y muchos tratarán de ganarse tu favor. 20 Pero los ojos de los malvados se consumen, les falta todo refugio y el último suspiro será su única esperanza. |
viernes, 11 de abril de 2014
3° Lectura. Job 11
2° Lectura. Deuteronomio 15-16
1° Lectura. Hechos 2: 14-47
E Entonces, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: «Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido.
15 Estos hombres no están ebrios, como ustedes suponen, ya que no son más que las nueve de la mañana,
16 sino que se está cumpliendo lo que dijo el profeta Joel:
17 "En los últimos días, dice el Señor, derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres y profetizarán sus hijos y sus hijas; los jóvenes verán visiones y los ancianos tendrán sueños proféticos.
18 Más aún, derramaré mi Espíritu sobre mis servidores y servidoras, y ellos profetizarán.
19 Haré prodigios arriba, en el cielo, y signos abajo, en la tierra: verán sangre, fuego y columnas de humo.
20 El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que llegue el Día del Señor, día grande y glorioso.
21 Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará".
22 Israelitas, escuchen: A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen,
23 a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles.
24 Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él.
25 En efecto, refiriéndose a él, dijo David: "Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque él está a mi derecha para que yo no vacile.
26 Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza,
27 porque tú no entregarás mi alma al Abismo, ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción.
28 Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia". 29 Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. 30 Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono. 31 Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción. 32 A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos. 33 Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen. 34 Porque no es David el que subió a los cielos; al contrario, él mismo afirma: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, 35 hasta que ponga a todos tus enemigos debajo de tus pies". 36 Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías». 37 Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?». 38 Pedro les respondió: «Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. 39 Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar». 40 Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa. 41 Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil. 42 Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. 43 Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos. 44 Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: 45 vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno. 46 Intimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; 47 ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse. |
jueves, 10 de abril de 2014
4° Lectura. 1° Macabeos 3:1-27
El sucesor de Matatías fue su hijo Judas, llamado Macabeo.
2 Todos sus hermanos y los que habían seguido a su padre le prestaron apoyo y combatieron con entusiasmo por Israel.
3 El extendió la gloria de su pueblo y se revistió de la coraza como un héroe; se ciñó sus armas de guerra y libró batallas, protegiendo al ejército con su espada.
4 Fue como un león por sus hazañas, como un cachorro que ruge ante su presa.
5 Persiguió implacablemente a los impíos y entregó a las llamas a los perturbadores de su pueblo.
6 Los impíos se acobardaron ante él, temblaron todos los que hacían el mal, y gracias a él se logró la salvación.
7 Puso en aprieto a muchos reyes, alegó a Jacob con sus proezas, y su memoria será eternamente bendecida.
8 Recorrió las ciudades de Judá, exterminó de ellas a los impíos y apartó de Israel la ira de Dios.
9 Su fama llegó hasta los confines de la tierra, y congregó a los que estaban a punto de perecer.
10 Apolonio reunió muchos paganos y un numeroso contingente de Samaría para hacer la guerra contra Israel.
11 Al enterarse de esto, Judas salió a su encuentro, lo derrotó y lo mató. Muchos sucumbieron y los demás se dieron a al fuga.
12 Cuando recogieron el botín, Judas se quedó con la espada de Apolonio, y desde entonces siempre combatió con ella.
13 Serón, el capitán del ejército de Siria, al saber que Judas había agrupado alrededor de él un contingente de hombres adictos y dispuestos a combatir,
14 pensó: «Voy a hacerme famoso y a cubrirme de gloria en todo el reino, atacando a Judas y a sus secuaces, que intentan despreciar la orden del rey».
15 Entonces reanudó la lucha y con él subió un poderoso ejército de impíos para ayudarlo a vengarse de los israelitas.
16 Cuando se acercó a la subida de Betjorón, Judas le salió al encuentro con unos pocos hombres.
17 Estos, al ver el ejército que se les venía encima, dijeron a Judas: «¿Cómo, siendo tan pocos, podremos combatir con una multitud tan poderosa? Además, estamos extenuados porque hoy no hemos comido nada en todo el día».
18 Judas les respondió: «Es fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos, y al Cielo le da lo mismo salvar con muchos que con pocos.
19 Porque la victoria en el combate no depende de la cantidad de las tropas, sino de la fuerza que viene del Cielo.
20 Ellos nos atacan, llenos de insolencia y de impiedad, para exterminarnos a nosotros, a nuestras mujeres y a nuestros hijos y para apoderarse de nuestros despojos.
21 Nosotros, en cambio, luchamos por nuestra vida y por nuestras costumbres.
22 El Cielo los aplastará delante de nosotros: ¡no les tengan miedo!».
23 Apenas terminó de hablar, se lanzó sorpresivamente sobre el enemigo, y Serón fue aplastado con todo su ejército.
24 Después lo persiguieron por la pendiente de Betjorón hasta la llanura: allí murieron unos ochocientos hombres, y los demás huyeron al país de los filisteos.
25 Así Judas y sus hermanos comenzaron a ser temidos, y el pánico se extendió por las naciones vecinas.
26 Su fama llegó a oídos del rey, y por todas partes se comentaban las batallas de Judas.
27 Al enterarse de esto, el rey Antíoco se enfureció y mandó reunir todas las fuerzas de su reino, un ejército poderosísimo.
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3° Lectura. Job 10
Mi alma está asqueada de la vida, quiero dar libre curso a mi queja, expresaré toda mi amargura.
2 Diré a Dios: «No me condenes, dame a conocer por qué me recriminas».
3 ¿Es un placer para ti oprimir, despreciar la obra de tus manos y favorecer el designio de los malvados?
4 ¿Acaso tienes ojos de carne? ¿Ves tú las cosas como las ven los hombres?
5 ¿Son tus días como los de un mortal y tus años como los días de un hombre,
6 para que estés al acecho de mi culpa y vayas en busca de mi pecado,
7 aún sabiendo que no soy culpable y que nadie puede librar de tu mano?
8 Tus manos me modelaron y me hicieron, y luego, cambiando de parecer, me destruyes.
9 Acuérdate que me hiciste de la arcilla y que me harás retornar al polvo.
10 ¿Acaso no me derramaste como leche y me cuajaste como el queso?
11 Me revestiste de piel y de carne y me tejiste con huesos y tendones.
12 Me diste la vida y me trataste con amor, y tu solicitud preservó mi aliento.
13 ¡Pero tú ocultabas alto en tu corazón, ahora comprendo lo que tenías pensado!
14 Si yo peco, tú me vigilas y no me absuelves de mi culpa.
15 Si soy culpable, ¡ay de mí! Si soy inocente, tampoco puedo alzar cabeza, saturado de ignominia, embriagado de aflicción.
16 Si me levanto, tú me cazas como un león y redoblas contra mi tu asombroso poder.
17 Suscitas contra mí nuevos testigos, acrecientas tu furor contra mí y me atacas con tropas de relevo.
18 ¿Por qué me sacaste del seno materno? Yo habría expirado sin que nadie me viera,
19 sería como si nunca hubiera existido, me habrían llevado del vientre a la tumba.
20 ¡Duran tan poco los días de mi vida! ¡Apártate de mí! Así podré sonreír un poco,
21 antes que me vaya, para no volver, a la región de las tinieblas y las sombras,
22 a la tierra de la oscuridad y el desorden, donde la misma claridad es tiniebla.
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2° Lectura. Deuteronomio 13-14
1° Lectura. Hechos 2:1-13
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar.
2 De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban.
3 Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos.
4 Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.
5 Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo.
6 Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.
7 Con gran admiración y estupor decían: «¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos?
8 ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua?
9 Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor,
10 en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma,
11 judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios».
12 Unos a otros se decían con asombro: «¿Qué significa esto?».
13 Algunos, burlándose, comentaban: «Han tomado demasiado vino».
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