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domingo, 20 de abril de 2014

2° Lectura. Deuteronomio 33-34

Capítulo 33
Las bendiciones de Moisés
Esta es la bendición con que Moisés, el hombre de Dios, bendijo a los israelitas antes de morir. 2 El dijo: «El Señor vino del Sinaí, brilló para ellos desde Seír; resplandeció desde el monte Parán y llegó a Meribá de Cades, desde el sur hasta las pendientes. 3 El ama de veras a los pueblos; ¡todos sus santos están en tus manos! Ellos se postran a tus pies, cada uno recibe tus palabras. 4 Moisés nos prescribió una Ley, que es la posesión de la asamblea de Jacob. 5 Y hubo un rey en lesurún, cuando se reunieron los jefes del pueblo, junto con las tribus de Israel. 6 Que viva Rubén y no muera, aunque sus hombres sean pocos». 7 De Judá dijo lo siguiente: «Escucha, Señor, la voz de Judá, y reintégralo a su pueblo; él se defenderá con su mano y tú serás una ayuda contra sus adversarios». 8 Dijo acerca de Leví: «Que tu Tumim y tu Urim estén con tu hombre de confianza: el que pusiste a prueba en Masá y por quien litigaste junto a las aguas de Meribá; 9 el que dijo de su padre y de su madre: «No los he visto»; el que no reconoció a sus hermanos e ignoró hasta a sus propios hijos. Porque ellos observaron tu palabra y mantuvieron tu alianza. 10 Ellos enseñan tus normas a Jacob y tu Ley a Israel; hacen subir hasta ti el incienso y ofrecen el holocausto en tu altar. 11 Bendice, Señor, su valor y acepta la obra de sus manos. Castiga las espaldas de su agresores y que sus enemigos no se levanten más». 12 Dijo acerca de Benjamín: «El amado del Señor habita seguro junto a aquel que lo protege constantemente; y habita entre los flancos de sus colinas». 13 Dijo acerca de José: «Que el Señor bendiga su tierra con el más excelente don del cielo –el rocío– y con el océano que se extiende por debajo; 14 con los mejores productos del sol y los brotes más escogidos de cada lunación; 15 con las primicias de las montañas seculares y la riqueza de las colinas eternas; 16 con la fecundidad de la tierra y con su plenitud. y con el favor del que mora en la Zarza. Que todo esto descienda sobre la cabeza de José, sobre la frente del consagrado entre sus hermanos. 17 El es un toro primogénito: a él, la gloria; sus cuernos son cuernos de búfalo: con ellos embiste a los pueblos hasta los confines de la tierra. Así son las decenas de miles de Efraím, así son los millares de Manasés». 18 Dijo acerca de Zabulón: «Alégrate, Zabulón, de tus salidas, y tú, Isacar, en tus carpas. 19 Ellos convocan a los pueblos en la montaña. donde ofrecen sacrificios legítimos, porque disfrutan de la abundancia de los mares y de los tesoros ocultos en la arena». 20 Dijo acerca de Gad: «¡Bendito sea el que abre campo libre a Gad! Tendido como una leona, despedaza el brazo y también la cabeza. 21 El se atribuyó las primicias, porque allí estaba reservada la porción de un jefe. El vino con los jefes del pueblo, ejecutó la justicia del Señor y sus juicios en favor de Israel». 22 Dijo acerca de Dan: «Dan es un cachorro de león, que se abalanza desde Basán». 23 Dijo acerca de Neftalí: «Neftalí, saciado de favor y colmado de la bendición del Señor, toma posesión del oeste y del sur». 24 Y dijo acerca de Aser: «¡Bendito sea Aser entre todos los hijos! Que sea el favorito de sus hermanos y que bañe sus pies en aceite. 25 Que tus cerrojos sean de hierro y de bronce, y tu poder dure tanto como tus días. 26 lesurún, no hay nadie como Dios, que cabalga por los cielos para venir en tu ayuda. y por las nubes, lleno de majestad. 27 El Dios de los tiempos antiguos es un refugio, y sus brazos obran desde siempre aquí abajo. El expulsó a tus enemigos delante de ti y ordenó ¡Extermina! 28 Así Israel habita seguro, la fuente de Jacob, en un lugar apartado, en una tierra de trigo y de vino, cuyo cielo destila rocío. 29 ¡Dichoso tú, Israel! ¿Quién es como tú, pueblo salvado por el Señor? El es tu escudo protector, tu espada victoriosa. Tus enemigos te adularán, pero tú pisotearás sus espaldas».


Capítulo 34
La muerte y la sepultura de Moisés
Moisés subió de las estepas de Moab al monte Nebo, a la cima del Pisgá, frente a Jericó, y el Señor le mostró todo el país: Galaad hasta Dan, 2 todo Neftalí, el territorio de Efraím y Manasés, todo el territorio de Judá hasta el mar Occidental, 3 el Négueb, el Distrito y el valle de Jericó –la Ciudad de las Palmeras– hasta Soar. 4 Y el Señor le dijo: «Esta es la tierra que prometí con juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob, cuando les dije: «Yo se la daré a tus descendientes». Te he dejado verla con tus propios ojos, pero tú no entrarás en ella». 5 Allí murió Moisés, el servidor del Señor, en territorio de Moab, como el Señor lo había dispuesto. 6 El mismo lo enterró en el Valle, en el país de Moab, frente a Bet Peor, y nadie, hasta el día de hoy, conoce el lugar donde fue enterrado. 7 Cuando murió, Moisés tenía ciento veinte años, pero sus ojos no se habían debilitado, ni había disminuido su vigor. 8 Los israelitas lloraron a Moisés durante treinta días en las estepas de Moab. Así se cumplió el período de llanto y de duelo por la muerte de Moisés. Josué, sucesor de Moisés 9 Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había impuesto sus manos sobre él; y los israelitas le obedecieron, obrando de acuerdo con la orden que el Señor había dado a Moisés. El elogio de Moisés 10 Nunca más surgió en Israel un profeta igual a Moisés –con quien el Señor departía cara a cara– 11 ya sea por todas las señalas y prodigios que el Señor le mandó realizar en Egipto contra el Faraón, contra todos sus servidores y contra todo su país, 12 ya sea por la gran fuerza y el terrible poder que él manifestó en presencia de todo Israel.

sábado, 19 de abril de 2014

2° Lectura. Deuteronomio 31-32

Capítulo 31
Las últimas instrucciones de Moisés
L1 Moisés fue a decir estas palabras a todo Israel: 2 «Ya tengo ciento veinte años. En adelante no podré ejercer ninguna actividad: además, el Señor me dijo: «Tú no pasarás el Jordán». 3 El Señor, tu Dios, es el que cruzará delante de ti; él eliminará de tu presencia a todas esas naciones, y tú las desposeerás de sus dominios. Será Josué el que cruzará al frente de ti, como el Señor lo ha ordenado. 4 El Señor tratará a esas naciones como trató a Sijón y a Og –los reyes amorreos– y a sus países, cuando los destruyó por completo. 5 El las pondrá en tus manos, y entonces ustedes deberán comportarse con ellas conforme a la orden que les di. 6 ¡Sean fuertes y valientes! No tengan miedo ni tiemblen ante ellas. Porque el Señor, tu Dios, te acompaña, y él no te abandonará ni te dejará desamparado». 7 Después Moisés llamó a Josué y le dijo en presencia de todo Israel: «Sé fuerte y valiente. Tú irás con este pueblo hasta la tierra que el Señor les dará porque así lo juró a sus padres, y tú los pondrás en posesión de ella. 8 El Señor irá delante de ti, él estará contigo y no te abandonará ni te dejará desamparado. No temas ni te acobardes». La lectura ritual de la Ley 9 Moisés escribió esta Ley y la entregó a los sacerdotes levitas –los encargados de transportar el Arca de la Alianza del Señor– y a todos los ancianos de Israel. 10 Después les dio las siguientes instrucciones: Cada siete años, en el tiempo fijado para el año de la remisión durante la fiesta de las Chozas. 11 cuando todo Israel se presente delante del Señor en el lugar que el haya elegido, leerás en voz alta esta Ley, en presencia de todo Israel. 12 Reúne al pueblo –hombres, mujeres y niños y también a los extranjeros que vivan en tus ciudades– para que la oigan y así aprendan a temer al Señor. su Dios, y a practicar cuidadosamente todas las apalabras de esta Ley. 13 También deberán oírla sus hijos, los que todavía no la conocen, para que aprendan a temer al Señor mientras ustedes vivan en la tierra que van a poseer después de cruzar al Jordán. Instrucciones del Señor a Moisés y a Josué 14 Entonces el Señor dijo a Moisés: «Ya se acerca el día de tu muerte. Llama a Josué y preséntense en la Carpa del Encuentro para que les dé mis instrucciones». Moisés y Josué se presentaron, 15 y el Señor se apareció en la Carpa, en sus columna de nube, la cual se detuvo a la entrada de la Carpa. 16 El Señor dijo a Moisés: «Pronto irás a descansar junto con tus padres, y este pueblo se prostituirá yendo detrás de dioses extraños, los dioses de la tierra donde está por entrar; me abandonará y quebrantará la alianza que hice con él. 17 Entonces arderá mi enojo, y yo los abandonaré y les ocultaré mi rostro. Se convertirán en una presa pronta para ser devorada, muchos males y desgracias se abatirán sobre ellos, le dirán. «Estas desgracias me suceden porque mi Dios no está conmigo». 18 Pero aquel día yo mantendré oculto mi rostro, por todo el mal que ellos hicieron yendo detrás de otros dioses. 19 Por eso, escribe este poema y enséñalo a los israelitas. Ordénales que lo reciten, para que me sirva de testigo contra ellos. 20 Porque cuando yo los introduzca en la tierra que prometí a sus padres con un juramento –esa tierra que mana leche y miel– ellos comerán hasta saciarse y engordarán. Entonces se volverán hacia otros dioses y los servirán, despreciándome a mí y quebrantando mi alianza. 21 Pero muchos males y desgracias se abatirán sobre ellos, y este poema dará testimonio contra ellos, porque sus descendientes no lo habrán olvidado. Yo conozco los planes que hoy están tramando, son antes de introducirlos en la tierra que juré darles». 22 Aquel día, Moisés escribió este poema y se lo hizo aprender a los israelitas. 23 Luego el Señor dio esta orden a Josué. Hijo de Nun: «Sé fuerte y valiente, porque tú conducirás a los israelitas hasta la tierra que juré darles, y yo estaré contigo». La Ley junto al Arca de la Alianza 24 Cuando Moisés terminó de fijar por escrito las palabras de esta Ley. 25 ordenó a los levitas encargados de transportar el Arca de la Alianza del Señor: 26 «Tomen este Libro y pónganlo junto al Arca de la Alianza del Señor, su Dios. Que esté presente allí como un testigo contra ti. 27 Porque yo conozco muy bien tu rebeldía y tu obstinación. Y si ahora que estoy todavía con ustedes, son tan rebeldes al Señor, ¡cuánto más lo serán después de mi muerte! 28 Reúneme aquí a todos los ancianos de sus tribus y a sus escribas, para que pueda transmitirles todas estas palabras y para poner el cielo y al tierra como testigos contra ellos. 29 Porque estoy seguro de que cuando yo muera, ustedes se van a pervertir y se van a desviar del camino que les he trazado. Y en el futuro les van a suceder muchas desgracias por haber obrado mal a los ojos del Señor, su Dios, y por haberlo irritado con sus malas obras». 30 Entonces Moisés recitó hasta el final las palabras de este poema, en presencia de toda la comunidad de Israel.

Capítulo 32
El canto de Moisés
L1 «Escucha, cielo, y hablaré. oiga la tierra las palabras de mi boca. 2 Que mi enseñanza descienda como lluvia y mi palabra caiga como rocío como aguacero sobre la hierva como chaparrones sobre el pasto 3 Yo voy a proclamar el nombre del Señor: ¡den gloria a nuestro Dios! 4 El es la Roca: su obra es perfecta, todos sus caminos son justos; es un Dios fiel y sin falsedad, justiciero y recto. 5 Pero se comportaron mal con él los que ya no son sus hijos, a causa de su depravación. esa generación tortuosa y perversa. 6 ¿Así le pagas al Señor, pueblo necio e insensato? ¿Acaso él no es tu padre y tu creador, el que te hizo y te afianzó? 7 Acuérdate de los días lejanos, considera las épocas pasadas; pregúntale a tu padre, y él te informará, a los ancianos, y ellos te lo dirán: 8 Cuando el Altísimo dio una herencia a cada nación, cuando distribuyó a los hombres, él fijó las fronteras de los pueblos según el número de los hijos de Dios. 9 Pero la parte del Señor es su pueblo. la porción de su herencia es Jacob. 10 Lo encontró en una tierra desierta. en la soledad rugiente de la estepa: lo rodeó y lo cuidó. lo protegió como a la pupila de sus ojos. 11 Como el águila que impulsa a su nidada. revoloteando sobre sus pichones. así extendió sus alas, lo tomó y lo llevó sobre sus plumas. 12 El Señor solo lo condujo, no había a su lado ningún dios extranjero. 13 Lo puso encima de las alturas del país, para que comiera los frutos de los campos; lo alimentó con miel de los peñascos, con aceite de la roca dura; 14 con cuajada de vaca y leche de oveja, con la gordura de corderos y cameros; con toros de Basán y con cabritos, y con la mejor harina de trigo; y le dio como bebida, la sangre espumante de la uva. 15 Así engordó lesurún y dio patadas –¡sí, engordaste, te pusiste obeso y corpulento!–. El rechazó al Dios que lo creó, despreció a su Roca salvadora. 16 Provocaron sus celos con dioses extraños, lo irritaron con abominaciones. 17 Ofrecieron sacrificios a demonios que no son Dios. a dioses que no conocían, a dioses nuevos, recién llegados, que sus padres no habían venerado. 18 Así despreciaste a la Roca que te engendró. olvidaste al Dios que te hizo nacer. 19 Al ver esto, el Señor se indignó y desechó a sus hijos y a sus hijas. 20 Entonces dijo: Les ocultaré mi rostro, para ver en qué terminan. Porque son una generación perversa, hijos faltos de lealtad. 21 Provocaron mis celos con algo que no es Dios. me irritaron con sus ídolos vanos; yo provocaré sus celos con algo que no es un pueblo, los irritaré con una nación insensata 22 Porque se ha encendido el fuego de mi ira y arderá hasta el fondo del abismo; consumirá la tierra y sus cosechas y abrasará los cimientos de las montañas. 23 Amontonaré desastres sobre ellos, lanzaré contra ellos todas mis flechas. 24 Quedarán extenuados por el hambre, consumidos por la fiebre y la peste maligna; enviaré contra ellos los dientes de las fieras y el veneno de reptiles que se arrastran sobre el polvo. 25 Afuera los diezmará la espada. y adentro, el terror. tanto al joven como a la muchacha, al niño de pecho como al anciano. 26 Yo me propuse reducirlos a polvo y borrar su recuerdo de entre los hombres, 27 pero temí que sus enemigos se jactaran, que cayeran en el error y dijeran: «Nuestra mano ha prevalecido, no es el Señor el que hizo todo esto». 28 Porque esa gente ha perdido el juicio y carece de inteligencia. 29 Si fueran sensatos entenderían estas cosas. comprenderán la suerte que les espera 30 ¿Cómo podría uno solo desbandar a mil y dos, poner en fuga a diez mil, si su Roca no los hubiera vendido y el Señor no los hubiera entregado? 31 Porque la roca de ellos no es como nuestra Roca: nuestros mismos enemigos lo confirman. 32 Su viña es un retoño de la viña de Sodoma. de las plantaciones de Gomorra. Sus uvas son uvas venenosas. sus racimos tienen un sabor amargo. 33 Su vino es veneno de serpientes, un terrible veneno de víboras. 34 ¿Acaso no está esto registrado y sellado en mis archivos? 35 Mía será la venganza y la retribución en el momento que vacilen sus pies, porque está cerca el día de su ruina y ya se precipita el desenlace. 36 Sí, el Señor hará justicia con su pueblo y tendrá compasión de sus servidores. Cuando vea que sus manos flaquean y ya no quedan esclavos ni hombres libres, 37 él dirá: ¿Dónde están sus dioses, la roca donde buscaron un refugio 38 los que comían la grasa de sus sacrificios y bebían el vino de sus libaciones? Que se levanten y vengan en su ayuda, que sean para ustedes un refugio. 39 Miren bien que yo, sólo yo soy, y no hay otro dios junto a mí. Yo doy la muerte y la vida. yo hiero y doy la salud. y no hay nadie que libre de mi mano 40 Yo levanto mi mano hacia el cielo y juro: Tan cierto como que vivo eternamente, 41 cuando afile mi espada fulgurante y mi mano empuñe la justicia, me vengaré de mis enemigos y daré su merecido a mis adversarios. 42 Embriagaré mis flechas con sangre mi espada devorará carne: sangre de muertos y cautivos, cabezas de jefes enemigos. 43 Naciones, aclamen a su pueblo, porque él vengará la sangre de sus servidores, se vengará de sus enemigos y purificará su tierra y su pueblo». 44 Moisés fue con Josué, hijo de Nun, y recitó delante del pueblo todas las palabras de este poema. La Ley, fuente de vida 45 Cuando Moisés terminó de recitar estas palabras a todo Israel, 46 les dijo: «Presten atención a todas las palabras de esta Ley, con las que hoy atestiguo contra ustedes. Prescríbanselas a sus hijos, para que ellos practiquen cuidadosamente todas las palabras de esta Ley. 47 Porque esta no es una palabra vana, sino que es la vida de ustedes, y por ella vivirán muchos años en la tierra que van a poseer después que crucen el Jordán». El anuncio de la muerte de Moisés 48 Aquel mismo día, el Señor dijo a Moisés: 49 «Sube a esa montaña de los Abarím, al monte Nebo que está en el país de Moab, frente a Jericó, y contempla la tierra de Canaán que yo doy en propiedad a los israelitas. 50 Tú morirás en la montaña a la que vas a subir e irás a reunirte con los tuyos, como tu hermano Aarón murió en el monte Hor y fue a reunirse con los suyos. 51 Porque ustedes fueron infieles a mí junto a las aguas de Meribá de Cades, en el desierto de Sin, y no manifestaron mi santidad en medio de los israelitas. 52 Por eso no entrarás en la tierra que yo daré a los israelitas, sino que solamente la verás de lejos».

viernes, 18 de abril de 2014

2° Lectura. Deuteronomio 29-30

Capítulo 29
Evocación de las acciones divinas
Moisés convocó a todo Israel, y le dijo: Ustedes han visto con sus propios ojos lo que el Señor hizo en Egipto al Faraón, a sus servidores y a todo su país: 2 Las grandes hazañas que ustedes mismos han presenciado, y aquellos signos y prodigios admirables. 3 Pero hasta el día de hoy, el Señor no les había dado inteligencia para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír. 4 Yo los hice caminar por el desierto durante cuarenta años, sin que se les gastara la ropa que llevaban puesta ni las sandalias que tenían en los pies. 5 No fue pan lo que comieron, ni vino u otro licor lo que bebieron, para que ustedes supieran que yo soy el Señor, su Dios. 6 Al llegar a este lugar, Sijón, rey de Jesbón, y Og, rey de Basán, nos salieron al encuentro para combatir, pero nosotros los derrotamos. 7 Así conquistamos sus territorios y se los dimos en herencia a las tribus de Rubén y de Gad, y a la mitad de la tribus de Rubén y de Gad, a la mitad de la tribu de Manasés. 8 Por eso, observen fielmente las cláusulas de esta alianza y pónganlas en práctica, para prosperar en todas sus empresas. La Alianza, sus exigencias y sanciones 9 Hoy todos ustedes han comparecido ante el Señor, su Dios: los jefes con sus tribus, sus ancianos y sus escribas, todos los hombres de Israel 10 con sus mujeres y sus hijos, y también los extranjeros que se han incorporado a sus campamentos, desde el leñador hasta el aguatero. 11 Todos están aquí para entrar en la alianza del Señor, tu Dios, esa alianza corroborada con una imprecación, que el Señor, tu Dios, hoy hace contigo, 12 a fin de convertirte en su pueblo y ser tu Dios, como te lo ha prometido y como lo juró a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob. 13 Esta alianza, corroborada con una imprecación, no la hago sólo con ustedes. 14 La hago con aquel que hoy está aquí con nosotros delante del Señor nuestro Dios, y con aquel que no está. 15 Ustedes saben muy bien que nosotros estuvimos en Egipto, y que luego pasamos por varias otras naciones. 16 Allí vieron los ídolos abominables y los fetiches que ellas tienen, y que no son más que madera y piedra, plata y otro. 17 ¡Que no haya entre ustedes ni hombres ni mujer, ni clan ni tribu, cuyo corazón se aparte hoy del Señor, nuestro Dios, para ir a servir a los dioses de esas naciones! ¡Que no haya entre ustedes una raíz que produzca hierbas venenosas o ajenjo! 18 Porque si alguien, al oír los términos de esa imprecación, se congratula diciendo: «Todo me irá bien aunque persista en mi obstinación, ya que el terreno regado no tiene más sed», 19 el Señor no lo perdonará. Al contrario, la ira y los celos del Señor se encenderán contra ese hombre, hasta que cada una de las sanciones enumeradas en este Libro caigan sobre él, y el Señor borre su nombre de la tierra. 20 El Señor lo apartará, para su desgracia, de todas las tribus de Israel, conforme a las sanciones de la alianza consignadas en el libro de esta Ley. 21 Y las generaciones futuras –los niños que nacerán después de ustedes y los extranjeros que vendrán de tierras lejanas– verán las calamidades y las enfermedades que el Señor habrá infligido a ese país. 22 Y al ver todo su suelo devastado por el azufre y la sal, donde no se siembra ni crece nada ni brota ninguna hierba –como sucedió en la catástrofe de Sodoma y Gomorra, de Admá y Seboím, a las que él Señor destruyó en su ira y su furor– 23 Todas las naciones preguntarán: «¿Por qué el Señor trató así a esta tierra? ¿De dónde procede este enojo tan tremendo?» 24 Y las mismas naciones responderán: «Porque abandonaron la alianza que el Señor, el Dios de sus padres, hizo con ellos cuando los hizo salir de Egipto. 25 Fueron a servir a otros dioses y a postrarse delante de ellos, a dioses que no conocían y que él no les había dado en suerte. 26 Por eso el Señor se irritó contra este país y atrajo sobre él todas las maldiciones consignadas en este Libro. 27 El Señor los arrancó de su suelo, con enojo, furia y gran indignación, y los deportó a otra tierra, como sucede todavía hoy. 28 Las cosas ocultas conciernen al Señor, nuestro Dios pero las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos, para que practiquemos siempre todas las palabras de esta Ley.


Capítulo 30
La conversión y el regreso a la patria
Cuando te sucedan todas estas cosas –la bendición y la maldición que he puesto delante de ti– si las meditas en tu corazón en medio de las naciones donde el Señor, tu Dios, y tú te habrá arrojado, 2 si te conviertes al Señor, tu Dios, y tus hijos le obedecen con todo su corazón y con toda su alma, exactamente como hoy te lo ordeno, 3 entonces el Señor, tu Dios, cambiará tu suerte y tendrá misericordia de ti. El te volverá a reunir de entre todos los pueblos por donde te había dispersado. 4 Aunque tus desterrados se encuentren en los confines del cielo, de allí el Señor, tu Dios, te volverá a reunir, de allí te tomará. 5 El te hará entrar en la tierra que poseyeron tus padres, y tú también la poseerás; y hará que seas más feliz y numeroso que tus padres. 6 El Señor, tu Dios, circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes, para que lo ames con todo tu corazón y con toda tu alma, y así tengas vida. 7 Y él hará caer todas estas maldiciones sobre tus enemigos y sobre los adversarios que te hayan perseguido. 8 Entonces tú escucharás de nuevo la voz del Señor y pondrás en práctica todos sus mandamientos, tal como hoy te los prescribo. 9 El Señor, tu Dios, te dará abundante prosperidad en todas tus empresas, en el fruto de tus entrarás, en las crías de tu ganado y en los productos de tu suelo. Porque el Señor volverá a complacerse en tu prosperidad, como antes se había complacido en la prosperidad de tus padres. 10 Todo esto te sucederá porque habrás escuchado la voz del Señor, tu Dios, y observado sus mandamientos y sus leyes, que están escritas en este libro de la Ley, después de haberte convertido al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma. 11 Este mandamiento que hoy te prescribo no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance. 12 No está en el cielo, para que digas: «¿Quién subirá por nosotros al cielo y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica? 13 Ni tampoco está más allá del mar, para que digas: «¿Quién cruzará por nosotros a la otra orilla y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica?» 14 No, la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la practiques. Israel ante la vida y la muerte 15 Hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la desdicha. 16 Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que hoy te prescribo, si amas al Señor, tu Dios, y cumples sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, entonces vivirás, te multiplicarás, y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde ahora vas a entrar para tomar posesión de ella. 17 Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar y vas a postrarte ante otros dioses para servirlo. 18 yo les anuncio hoy que ustedes se perderán irremediablemente, y no vivirán mucho tiempo en la tierra que vas a poseer después de cruzar el Jordán. 19 Hoy tomo por testigos contra ustedes al cielo y a la tierra; yo he puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, y vivirás, tú y tus descendientes, 20 con tal que ames al Señor, tu Dios, escuches su voz y le seas fiel. Porque de ello depende tu vida y tu larga permanencia en la tierra que el Señor juró dar a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob.

jueves, 17 de abril de 2014

2° Lectura. Deuteronomio 28

Capítulo 28
Promesas de bendición
L1 Si escuchas la voz del Señor, tu Dios, y te empeñas en practicar todos los mandamientos que hoy te prescribo, él te pondrá muy por encima de todas las naciones de la tierra. 2 Y por haber escuchado la voz del Señor, tu Dios, vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas bendiciones: 3 Bendito serás en la ciudad y bendito en el campo. 4 Benditos serán el fruto de tus entrarás y el fruto de tu suelo, los partos de tu ganado y las crías de tus vacas y tus ovejas. 5 Bendita será tu canasta y bendito el recipiente donde amasas tu pan. 6 Bendito serás al salir y bendito al entrar. 7 El Señor hará que caigan derrotados todos los enemigos que se alcen contra ti vendrán a atacarte por un camino y por siete caminos huirán de ti. 8 El Señor ordenará que la bendición esté contigo en tus graneros y en todas tus empresas, y te bendecirá en la tierra que él te da. 9 El Señor hará de ti su pueblo santo, como te lo juró, si cumples sus mandamientos y sigues sus caminos. 10 Entonces todos los pueblos de la tierra verán que tú eres llamado con el nombre del Señor, tu Dios, y te temerán. 
 11 El Señor te dará sobreabundancia de bienes en el fruto de tus entrañas, en las crías de tu ganado y en los productos de tu suelo, de la tierra que él te da, porque así lo juro a tus padres. 12 El te abrirá el cielo –su rico tesoro– para proveer de lluvia a tu tierra en el momento oportuno, y para bendecir todos tus trabajos. Serás acreedor de muchas naciones y deudor de ninguna. 13 El Señor te podrá al frente, no detrás. Siempre estarás arriba, nunca abajo, con tal que obedezcas los mandamientos del Señor, tu Dios, que hoy te ordenó practicar cuidadosamente, 14 sin apartarte, ni a la derecha ni a la izquierda. de las palabras que hoy te prescribo, y sin ir detrás de otos dioses para servirlo. Amenazas de maldición 15 Pero si no escuchas la voz del Señor, tu Dios y no te empeñas en practicar todos los mandamientos y preceptos que hoy te prescribo, caerán sobre ti y te alcanzarán todas estas maldiciones: 16 Maldito serás en la ciudad y maldito en el campo. 17 Maldita será tu canasta y maldito el recipiente donde amasas tu pan. 18 Malditos serán el fruto de tus entrañas y el fruto de tu suelo, las crías de tus vacas y los partos de tus ovejas. 19 Maldito serás al entrar y maldito al salir. 20 El Señor enviará contra ti la maldición, el pánico y el fracaso sobre todas tus empresas, hasta que seas exterminado y desaparezca rápidamente, a causa de tu mal proceder, por haberme abandonado. 21 El Señor hará que se te contagie la peste, hasta que seas eliminado de la tierra que vas a tomar en posesión. 22 El Señor te castigará con tisis, fiebre, inflamación, ardores, aridez, quemadura y pulgón que te hostigarán hasta que desaparezca. 23 El cielo sobre tu cabeza será de bronce, y la tierra bajo tus pies será de hierro. 24 En lugar de lluvia, el Señor enviará polvo a tu tierra, y sobre ti caerá arena desde el cielo, hasta que seas exterminado. 25 El Señor te hará caer derrotado ante tus enemigos: saldrás a atacarlo por un camino y por siete caminos huirás de ellos; y todos los reinos de la tierra sentirán horror de ti, 26 Tus cadáveres serán pasto de todas las aves del cielo y de todos los animales de la tierra, y no habrá nadie que los espante. 27 El Señor te herirá con forúnculos de Egipto, con tumores, sarna y tiña, de los que no podrás curarte. 28 El Señor te castigará con locura, ceguera y delirio, 29 y andarás a tientas en pleno día, como anda a tientas un ciego, envuelto en la oscuridad. Nunca verás realizados tus proyectos: serás oprimido y despojado constantemente y nadie saldrá en tu defensa. 30 Te casarás con una mujer y otro gozará de ella. Construirás una casa y no la habitarás. Plantarás una viña y no recogerás sus frutos. 31 Tu buey será degollado delante de tus ojos y no lo podrás comer. Tu asno será arrebatado de tu misma presencia y no te lo devolverán. Tus ovejas serán entregadas a tus enemigos y nadie saldrá en tu defensa. 32 Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo; y tu vista se consumirá de tanto mirar hacia ellos, pero no podrás hacer nada. 33 Un pueblo que no conoces comerá el fruto de tu suelo y todo el producto de tus fatigas. Serás oprimido y explotado constantemente, 34 hasta volverte loco a causa de lo que verán tus ojos. 35 El Señor te herirá con forúnculos malignos e incurables en las rodillas y en las piernas, desde la planta de los pies hasta la cabeza. 36 El Señor los deportará, a ti y al rey que hayas puesto para que te gobierne, a una nación que ni tú ni tus padres conocían, y allí servirás a otros dioses, dioses de maderas y de piedra. 37 Entonces serás motivo de consternación y de burla en todos los pueblos adonde el Señor te conduzca. 38 Sembrarás en tus campos mucha semilla, pero cosecharás muy poco, porque la devorará la langosta. 39 Plantarás viñas y las cultivarás, pero no podrás beber ni almacenar el vino, porque se las comerá el gusano. 40 Tendrás olivares en todo tu territorio, pero no podrás ungirte con aceite, porque se caerán las aceitunas. 41 Tendrás hijos e hijas, pero no te pertenecerán, porque serán llevados cautivos. 42 Los insectos arrasarán con todos tus árboles y con todos los frutos de tu suelo. 43 El extranjero que viva en tu país subirá cada vez más alto mientras que tú caerás cada vez más bajo. 44 El será tu acreedor, y tú, su deudor; él estará al frente, y tú detrás. 45 Todas estas maldiciones caerán sobre ti, te perseguirán y te alcanzarán hasta exterminarte, por no haber escuchado la voz del Señor, tu Dios, observando los mandamientos y los preceptos que él te prescribió. 46 Ellas estarán siempre sobre ti y sobre tus descendientes, como una señal y una advertencia. 47 Por no haber servido al Señor, tu Dios con alegría y de todo corazón, mientras lo tenías todo en abundancia, 48 servirás a los enemigos que el Señor enviará contra ti, en medio del hambre y la sed, de la desnudez y de toda clase de privaciones. Y él pondrá en tu cuello un yuyo de hierro, hasta destruirte. 49 El Señor alzará contra ti a una nación lejana, que avanzará desde los extremos de la tierra con la velocidad del águila. Será una nación cuya lengua no entiendes, 50 un pueblo de aspecto feroz, que no sentirá compasión del anciano ni se apiadará del niño. 51 Ella se comerá los productos de tu ganado y los frutos de tu suelo, hasta que quedes exterminado, porque te dejará totalmente desprovisto de trigo, de vino y de aceite, de las crías de tus vacas y tus ovejas, hasta hacerte desaparecer. 52 Sitiará a todas tus ciudades, hasta que se derrumben esas murallas altas e inaccesibles en que habías depositado tu confianza, Sí, él te sitiará en todas las ciudades que estén dentro de la tierra que el Señor, tu Dios, te da. 53 Y durante el asedio, será tal la penuria a que te reducirá tu enemigo, que te comerás hasta el fruto de tus entrañas, la carne de tus hijos y de tus hijas, los mismos que el Señor, tu Dios, te había dado. 54 El más fino y delicado entre los hombres de tu pueblo mirará con odio a su hermano, a la esposa que dormía en sus brazos y a los hijos que todavía le queden, 55 para no compartir con ellos la carne de sus hijos: se la comerá él solo, porque ya no le quedará nada, en medio del asedio y la penuria a que te reducirá tu enemigo en todas tus ciudades. 56 La más fina y delicada entre las mujeres de tu pueblo –tan fina y delicada que ni siquiera se hubiera atrevido a pisar el suelo con la planta de sus pies– mirará con odio al esposo de su corazón, a su hijo a a su hija, 57 y se ocultará para comer la placenta salida de su seno a los hijos que dé a luz, porque estará privada de todo, en medio del asedio y la penuria a que te reducirá tu enemigo. 58 Si no te empeñas en practicar todas las palabras de esta Ley, como están escritas en este Libro, temiendo el Nombre glorioso y terrible del Señor, tu Dios, 59 él te castigará, a ti y a tu descendencia, con calamidades extraordinarias. Serán calamidades grades y persistentes, enfermedades malignas e incurables. 60 El hará recaer sobre ti todas las plagas de Egipto, esas que tanto te horrorizaron. 61 Además, el Señor te enviará todas las enfermedades y todas las desgracias que no están escritas en el libro de esta Ley, hasta que seas exterminado. 62 Después de haber sido numeroso, como las estrellas del cielo, quedarás reducido a un pequeño número, por no haber escuchado la voz del Señor, tu Dios. 63 Y así como antes él complacía en hacerlos felices y numerosos, luego se complacerá en destruirlos y exterminarlos. Y ustedes serán arrancados de la tierra, donde vas a entrar para tomar posesión de ella. 64 El Señor te dispersará entre todos los pueblos, de un extremo al otro de la tierra, y allí servirás a otos dioses que ni tú ni tus padres conocían, dioses de madera y de piedra. 65 No tendrás paz en medio de aquellas naciones y tu pie no encontrará descanso. El Señor llenará de angustia tu corazón, nublará tus ojos y abatirá tu ánimo. 66 Tu vida estará pendiente de un hijo, día y noche sentirás temor y no tendrás ninguna seguridad de sobrevivir. 67 Por la mañana dirás» «¡Ojalá fuera de tarde!», a causa del temor que sentirás y de lo que verán tus ojos. 68 El Señor te hará volver en barcos a Egipto, por eses camino del que yo te venderán a sus enemigos como esclavos y esclavas, pero nadie querrá comprarlos. 

Último discurso de Moisés 
 Introducción 
 69 Estas son las palabras de la alianza que el Señor ordenó a Moisés hacer con los israelitas en territorio de Moab, además de la alianza que había hecho con ellos en el Horeb.

miércoles, 16 de abril de 2014

2° Lectura. Deuteronomio 25-27

Capítulo 25
Si entre dos hombres se produce un litigio y ellos acuden a la justicia, se los juzgará, y se absolverá al inocente y se condenará al culpable. 2 Si este último merece ser apaleado, el juez lo obligará a tenderse en el suelo y lo hará castigar en su presencia, con un número de golpes proporcionados a su culpa. 3 Podrá infligirle hasta cuarenta golpes, pero no más, no sea que castigándolo más de la cuenta, el castigo resulte excesivo y tu hermano quede envilecido a tus ojos. 4 No pondrás bozal al buey que trilla. Obligaciones matrimoniales de los cuñados 5 Si varios hermanos viven juntos y uno de ellos muere sin tener hijos, la mujer del difunto no se casará con un extraño. El hermano del difunto se unirá con ella y cumplirá con su deber de cuñado. 6 El primogénito que de ella nazca perpetuará el nombre del hermano difunto, y así su nombre no se borrará de Israel. 7 Pero si el cuñado se niega a tomarla por esposa, ella subirá a la puerta de la ciudad donde están los ancianos, y dirá: «Mi cuñado se niega a perpetuar en Israel el nombre de su hermano; y no está dispuesto a cumplir en mi favor sus deberes de cuñado». 8 Entonces los ancianos de su ciudad llamarán a ese hombre y le pedirán una explicación. Si él persiste en su negativa, diciendo: «No quiero casarme con ella», 9 su cuñada se acercará a él en presencia de los ancianos, le quitará la sandalia del pie, lo escupirá en la cara y le dirá: «Así se debe obrar con el hombre que no edifica la casa de su hermano». 10 Y en adelante, se lo apodará en Israel: «Casa del descalzo». El pudor en las peleas 11 Si unos hombres se pelean, y la mujer de uno de ellos, para librar a su marido de los golpes del otro, extiende la mano y lo toma por las partes genitales, 12 deberás cortarle la mano sin tenerle compasión. Deberes de justicia 13 No tendrás en tu bolsa dos pesas, una liviana y otra pesada. 14 No tendrás en tu casa dos medidas, una grande y otra pequeña. 15 Deberás tener una pesa exacta y justa, y también una medida exacta y justa, para gozar de una larga vida en el suelo que El Señor, tu Dios, te da. 16 Porque él considera abominable a que procede de esa manera, a cualquiera que comete una injusticia. El castigo de Amalec 17 Recuerda lo que te hizo Amalec cuando ustedes iban por el camino, después que salieron de Egipto: 18 cómo te salió el paso y atacó por la espalda a todos los que se habían quedado a la retaguardia, agotados por el cansancio. Entonces tú estabas fatigado y sin fuerzas, pero él no tuvo temor de Dios. 19 Por eso, cuando el Señor, tu Dios, te libre definitivamente de todos los enemigos que están a tu alrededor, en la tierra que él te dará en herencia, borrarás de todas partes el recuerdo de Amalec. ¡No lo olvides!


Capítulo 26

La entrega de las primicias
Cuando entres en la tierra que el Señor, tu Dios, te da en herencia, cuando tomes posesión de ella y te establezcas allí, 2 recogerás las primicias de todos los frutos que extraigas de la tierra que te da el Señor, tu Dios, las pondrás en una canasta, y las llevarás al lugar elegido por el Señor, tu Dios, para constituirlo morada de su Nombre. 3 Entonces te presentarás al sacerdote que esté en funciones en aquellos días, y le dirás: «Yo declaro hoy ante el Señor, tu Dios, que he llegado a la tierra que él nos dio, porque así lo había jurado a nuestros padres». 4 El sacerdote tomará la canasta que tú le entregues, la depositará ante el altar, 5 y tú pronunciarás estas palabras en presencia del Señor, tu Dios. «Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y se refugió allí con unos pocos hombres, pero luego se convirtió en una nación grande, fuerte y numerosa. 6 Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una dura servidumbre. 7 Entonces pedimos auxilio al Señor, el Dios de nuestros padres, y él escuchó nuestra voz. El vio nuestra miseria. nuestro cansancio y nuestra opresión. 8 y nos hizo salir de Egipto con el poder de su mano y la fuerza de su brazo, en medio de un gran terror, de signos y prodigios. 9 El nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra que mana leche y miel. 













10 Por eso ofrezco ahora las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me diste». Tú depositarás las primicias ante el Señor, tu Dios, y te postrarás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás delante de él. 11 Luego te regocijarás por todos los bienes que él te concede, a ti y a tu casa, y también se alegrarán el levita y el extranjero que viven contigo. Prescripciones sobre el diezmo trienal 12 El tercer año, el año del diezmo, cuando tomes la décima parte de tus cosechas y se la des al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, a fin de que ellos puedan comer en tus ciudades hasta saciarse. 13 dirás en presencia del Señor, tu Dios: «Yo saqué de mi casa lo que debía ser consagrado, y se lo di al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme al mandamiento que tú me diste, sin quebrantar ni olvidar ninguno de tus preceptos. 14 No comí nada de eso estando de duelo, no consumí nada en estado de impureza, ni lo ofrecí como alimento a un muerto. Obedecí la voz del Señor, mi Dios, y obre en todo según lo que tú me ordenaste. 15 Inclínate desde tu santa morada, desde lo alto del cielo, y bendice a tu pueblo Israel y a la tierra que nos diste –esa tierra que mana leche y miel– como lo habías jurado a nuestros padres». Israel, Pueblo de Dios 

 16 Hoy el Señor, tu Dios, te ordena practicar estos preceptos y estas leyes. Obsérvalas y practícalas y estas leyes. Obsérvalas y practícalas con todo tu corazón y con toda tu alma. 17 Hoy tú le has hecho declarar al Señor que él será tu Dios, y que tú, por tu parte, seguirás sus caminos, observarás sus preceptos, sus mandamientos y sus leyes, y escucharás su voz. 18 Y el Señor hoy te ha hecho declarar que tú serás el pueblo de su propiedad exclusiva, como él te lo ha prometido, y que tú observarás todos sus mandamientos; 19 que te hará superior –en estima, en renombre y en gloria– a todas las naciones que hizo; y que serás un pueblo consagrado al Señor, como él te lo ha prometido.


Capítulo 27
Promulgación pública de la Ley
Moisés y los ancianos de Israel dieron esta orden al pueblo: Observa integramente el mandamiento que hoy les prescribo. 2 El día en que crucen el Jordán para ir a la tierra que el Señor, tu Dios, te da, erigirás unas piedras, bien grandes, las blanquearás con cal, 3 y escribirás en ellas todas las palabras de esta Ley. Harás esto cuando cruces el Jordán para entrar en el país que te da el Señor, tu Dios –esa tierra que mana leche y miel– como el Señor, el Dios de tus padres te lo ha prometido. 4 Después de cruzar el Jordán, pondrán esas piedras en el monte Ebal, según instrucciones que hoy les doy, y las blanquearán con cal. 5 Allí erguirás también un altar de piedra en honor del Señor, tu Dios. No usarás ningún instrumento de hierro para trabajar las piedras, 6 porque el altar del Señor deberá estar construido con piedras intactas. Ofrecerás en él holocaustos al Señor, tu Dios, 7 e inmolarás sacrificios de comunión. Allí comerás y te alegrarás en la presencia del Señor, tu Dios, 8 y escribirás en las piedras, con rasgos bien claros, todas las palabras de esta Ley. 9 Después, Moisés y los sacerdotes levitas se dirigieron a todo Israel en estos términos: «Calla, Israel, y escucha. Hoy te has convertido en el pueblo del Señor, tu Dios. 10 Escucha la voz del Señor, tu Dios, y practica los mandamientos y las leyes que hoy te prescribo». 11 Aquel día, Moisés dio esta orden al pueblo: 12 Después de cruzar el Jordán, las tribus de Simeón, Leví y Judá, Isacar, José y Benjamín, estarán en el monte Garizim, para proclamar la bendición al pueblo; 13 y las tribus de Rubén, Gad y Aser, Zabulón, Dan y Neftalí estarán en el monte Ebal, para proclamar la maldición. Las doce maldiciones 14 Los levitas tomarán la palabra y dirán en alta voz a todos los hombres de Israel: 15 Maldito sea el hombre que hace un ídolo tallado o de metal fundido –abominación para el Señor, obra de un artesano– y lo guarda en un lugar oculto. Y todo el pueblo responderá: Amén. 16 Maldito sea el que menosprecia a su padre o a su madre. Y todo el pueblo responderá: Amén. 17 Maldito sea el que desplaza los límites de la propiedad de su vecino. Y todo el pueblo responderá: Amén. 18 Maldito sea el que aparta a un ciego del camino. Y todo el pueblo responderá: Amén. 19 Maldito sea el que conculca el derecho del extranjero, del huérfano o de la viuda. Y todo el pueblo responderá. Amén. 20 Maldito sea el que se acuesta con la mujer de su padre, porque de esa manera descubre el borde de la manta de su padre. Y todo el pueblo responderá: Amén. 21 Maldito sea el que se acuesta con un animal. Y todo el pueblo responderá: Amén. 22 Maldito sea el que se acuesta con su hermana, la hija de su padre o de su madre. Y todo el pueblo responderá: Amén. Maldito sea el que se acuesta con su suegra. Y todo el pueblo responderá: Amén. 23 Maldito sea el que mata ocultamente a su prójimo. Y todo el pueblo responderá: Amén. 24 Maldito sea el que mata ocultamente a su prójimo. Y todo el pueblo responderá: Amén. 25 Maldito sea el que se deja sobornar para quitar la vida a un inocente: Y todo el pueblo responderá: Amén. 26 Maldito sea el que no respeta ni cumple las palabras de esta Ley. Y todo el pueblo responderá: Amén.

martes, 15 de abril de 2014

2° Lectura. Deuteronomio 23-24

Capítulo 23
Ningún hombre tomará como esposa a una mujer de su padre, ni descubrirá el borde de la manta de su padre. Las personas excluidas de la comunidad de Israel 2 El que tenga los testículos mutilados o el pene cortado no será admitido en la asamblea del Señor. 3 El bastardo no será admitido no la asamblea del Señor, ni siquiera en la décima generación. 4 El amonita y el moabita no serán jamás admitidos en la asamblea del Señor, ni siquiera en la décima generación. 5 Porque ellos no se adelantaron para ofrecerles agua y alimento, cuando ustedes iban por el camino, a la salida de Egipto; y porque Moab contrató a Balaam, hijo de Beor, que era de Petor en Aram Naharaim, a fin de que te maldijera. 6 Pero el Señor, tu Dios, no quiso escuchar a Balaam, sino que cambió la maldición en bendición, sino que cambió la maldición en bendición, porque él te ama. 7 Por eso, mientras vivas, nunca busques su prosperidad y su bienestar. 8 En cambio, no consideres abominable al edomita, porque es tu hermano, ni tampoco al egipcio, porque tú fuiste huésped en su país. 9 A partir de la tercera generación, sus descendientes podrán ser admitidos en la asamblea del Señor. La higiene en los campamentos 10 Cuando emprendas una campaña contra tus enemigos, evita cuidadosamente toda acción indecente. 11 Si alguno de ustedes ha caído en estado de impureza a causa de una polución nocturna, saldrá fuera del campamento y no volverá a entrar en él. 12 Pero al llegar la tarde se levará, y al ponerse el sol entrará de nuevo en el campamento. 13 Tendrás, asimismo, un lugar fuera del campamento para hacer allí tus necesidades. 14 También llevarás una estaca en tu equipaje, y cuando salgas afuera para hacer tus necesidades, cavarás un hoyo con la estaca y luego lo volverás a tapar para cubrir tus excrementos. 15 Porque el Señor, tu Dios, recorrerá el campamento para protegerte y para poner a tus enemigos en tus manos. Por eso tu campamento será un lugar santo, y el Señor no debe ver en él nada indecente. De lo contrario se aparta de ti. 

 La protección del esclavo fugitivo 16 No entregarás al esclavo que acuda a ti huyendo de su dueño. 17 Se quedará contigo, entre los tuyos, en el lugar que él elija, en la ciudad que más le agrade; y no lo molestarás. La prostitución sagrada 18 Ningún hombre o mujer israelita practicará la prostitución sagrada. 19 No llevarás a la Casa del Señor, tu Dios, la paga de una prostituta ni el salario de un perro, cualquiera sea el voto que hayas hecho: porque ambos son una abominación para el Señor, tu Dios. 

El préstamo a interés 20 No obligues a tu hermano a pagar interés, ya se trate de un préstamo de dinero, de víveres, o de cualquier otra cosa que pueda producir interés. 21 Podrás prestar a interés al extranjero, pero no a tu compatriota, para que el Señor, tu Dios, te bendiga en todas tus empresas, en la tierra de la que vas a tomar posesión. El cumplimiento de los votos 22 Si hacer un voto al Señor, tu Dios, no tardes en cumplirlo, porque él no dejará de pedirte cuenta, y si no lo cumples, cometerás un pecado. 23 Si te abstienes de hacer votos, no cometes ningún pecado. 24 Sé un hombre de palabra, y cumple el voto que hagas espontáneamente al Señor, tu Dios, expresándolo con tus propios labios. 

 Concesiones en favor de los pobres 25 Si entras en la viña de tu prójimo, podrás comer todas las uvas que quieras, hasta quedar saciado, pero no guardarás nada en tu bolsa. 26 Si pasas por los sembrados maduros de tu prójimo, podrás arrancar espigas con la mano, pero no aplicarás la hoz.


Capítulo 24
El divorcio
L1 Si un hombre se casa con una mujer, pero después le toma aversión porque descubre en ella algo que le desagrada, y por eso escribe un acta de divorcio, se la entregará y la despedirá de su casa. 2 Una vez que esté fuera de su casa, si la mujer se desposa con otro 3 y este último también la rechaza, escribe un acta de divorcio y la despide, o bien muere. 4 su primer marido no podrá volver a tomarla por esposa, puesto que ella ha sido mancillada. Esto sería abominable a los ojos del Señor, y tú no puedes manchar con un pecado la tierra que el Señor, tu Dios, te da en herencia. Leyes humanitarias 5 Si un hombre acaba de casarse, no saldrá a combatir ni se le impondrá ninguna obra obligación. quedará libre por un año para ocuparse de su casa y contentar a la mujer que tomó por esposa. 6 Nadie tomará en prenda un molino de mano y ni siquiera la piedra movible del molino, porque ello sería tomar en prenda la vida de una persona. 7 Si se descubre que alguien ha raptado a uno de sus hermanos israelitas –sea que lo haya maltratado o que lo haya vendido– el ladrón morirá. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes. 8 Cuando se produzcan casos de lepra, cuida muy bien de hacer exactamente lo que les indiquen los sacerdotes levitas. Pongan cuidado en practicar lo que yo les he mandado. 9 Acuérdate de lo que el Señor, tu Dios, hizo con Miriam durante el viaje, después que ustedes salieron de Egipto. 10 Si prestas algo a tu prójimo, no entres en su casa a retirar la prenda. 11 Quédate afuera, mientras el hombre a quien concediste el préstamo te trae la prenda. 12 Y si es una persona de condición humilde, no vayas a dormir con su prenda. 13 Se la entregarás al ponerse el sol, para que pueda acostarse con su ropa. Así él te bendecirá, y tú habrás realizado una obra de justicia a los ojos del Señor, tu Dios. 14 No explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus compatriotas, o un extranjero que vive en alguna de las ciudades de tu país. 15 Págale su jornal ese mismo día, antes que se ponga el sol, porque él está necesitado, y su vida depende de su jornal. Así no invocará al Señor contra ti, y tú no te harás responsable de un pecado. 16 Los padres no morirán por culpa de los hijos ni los hijos por culpa de los padres. Cada cual morirá por su propio pecado. 17 No conculcarás el derecho del extranjero o del huérfano, ni tomarás en prenda el vestido de la viuda. 18 Recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que el Señor tu Dios, te rescató de allí. Por eso te ordeno obrar de esta manera. 19 Cuando recojas la cosecha en tu campo, si olvidas en él una gavilla, no vuelvas a buscarla. Será para el extranjero, el huérfano y la viuda, a fin de que el Señor, tu Dios, te bendiga en todas tus empresas. 20 Cuando sacudas tus olivos, no revistes después las ramas. El resto será para el extranjero, el huérfano y la viuda. 21 Cuando recojas los racimos de tu viña, no vuelvas a buscar lo que haya quedado. Eso será para el extranjero, el huérfano y la viuda. 22 Acuérdate siempre que fuiste esclavo en Egipto, Por eso te ordeno obrar de esta manera.

lunes, 14 de abril de 2014

2° Lectura. Deuteronomio 21-22

Capítulo 21
Expiación del homicidio cometido por un desconocido

Si en la tierra que el Señor, tu Dios, te da en posesión, alguien encuentra un hombre muerto, tendido en medio del campo, y no se sabe quién lo mató, 2 tus ancianos y tus jueces irán a medir las distancias que hay entre la víctima y las ciudades de alrededor. 3 Luego los ancianos de la ciudad más cercana tomarán una ternera que no haya sido sometida a ningún trabajo ni haya estado bajo el yugo; 4 la llevarán hasta un arroyo de agua perenne, a un lugar donde no se cultiva ni se siembra, y la desnucarán junto al arroyo. 5 También se harán presentes los sacerdotes levitas, porque el Señor los eligió para que estuvieran a su servicio y para que estuvieran a su servicio y para que bendijeran en su Nombre. y a ellos les corresponde resolver los litigios y los casos de agresión. 6 Luego los ancianos de la ciudad más cercana a la víctima se levarán las manos en el arroyo, sobre la ternera desnucada. 7 y pronunciarán éstas palabras: «Nuestras manos no han derramado esa sangre y nuestros ojos no han visto nada. 8 Perdona, Señor, a tu pueblo Israel, ese pueblo que tú rescataste, y no dejes recaer sangre inocente sobre tu pueblo Israel». Así quedarán absueltos del delito de sangre. 9 De esta manera harás desaparecer de entre ustedes la sangre inocente. haciendo lo que es recto a los ojos del Señor. El matrimonio con una prisionera de guerra 10 Cuando salgas a combatir contra tus enemigos, y el Señor, tu Dios, los ponga en tus manos, si tomas algunos prisioneros 11 y entre ellos ves una mujer hermosa que te resulta atrayente, y por eso la quieres tomar por esposa, 12 deberás llevarla a tu casa. Entonces ella se rapará la cabeza, se cortará las uñas, 13 se quitará su ropa de cautiva y permanecerá en tu casa durante un mes entero, llorando a su padre y a su madre. Sólo después de esto podrás unirte a ella para ser su esposo, y ella será tu mujer. 14 Pero si más tarde dejas de quererla, le permitirás disponer de sí misma, y no podrás venderla por dinero ni maltratarla, porque la has violentado. El derecho de primogenitura 15 Si un hombre que tiene dos mujeres, ama a una y a la otra no, a las dos le dan hijos, pero el primogénito es hijo de la mujer que no ama, 16 Cuando reparta la herencia entre sus hijos, no podrá considerar como primogénito al hijo de la mujer que ama, en perjuicio del verdadero primogénito. 17 El deberá reconocer como primogénito al hijo de la mujer que no ama, dándole dos partes de todo lo que posee, porque este hijo es el primer fruto de su vigor, y por eso le corresponde el derecho de primogenitura. 

 El hijo rebelde 18 Si un hombre tiene un hijo indócil y rebelde, que desobedece a su padre y a su madre, y no les hace caso cuando ellos lo reprenden, 19 su padre y su madre lo presentarán ante los ancianos del lugar, en la puerta de la ciudad, 20 y dirán a los ancianos: «Este hijo nuestro es indócil y rebelde; no quiere obedecernos, y es un libertino y un borracho». 21 Entonces todos los habitantes de su ciudad lo matarán a pedradas. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes, y todo Israel, cuando se entere, sentirá temor. El cadáver expuesto 22 Si un hombre, culpable de un crimen que merece la pena de muerte, es ejecutado y colgado de un árbol, 23 su cadáver no quedará en el árbol durante la noche, sino que lo enterrarás ese mismo día, porque el que está colgado de un árbol es una maldición de Dios. Y tú no mancharás el suelo que el Señor, tu Dios, te da como herencia.

Capítulo 22
Prescripciones diversas
L1 Si ves extraviados al buey o a la oveja de tu hermano, no te despreocupes de ellos y vé a devolvérselos cuanto antes. 2 Si ese hermano no es tu vecino o no sabes quién es, encierra al animal en tu casa y cuídalo hasta que él lo venga a reclamar. Entonces se lo devolverás. 3 Lo mismo harás con su asno, con su ropa y con cualquier otro objeto que pierdas tu hermano y que tú encuentres: no podrás despreocuparte de ellos 4 Si ves caídos en el camino al asno o al buey de tu hermano, no te despreocupes de ellos y ayúdalo a levantarlos. 5 La mujer no se pondrá ropa de hombre, ni el hombre un vestido de mujer: el que lo hace resulta abominable a los ojos del Señor, tu Dios. 6 Si mientras vas caminando, encuentras en un árbol o en el suelo un nido de pájaros con pichones o con huevos, y la madre está echada encima de ellos, no tomes a la madre con su cría. 7 Deja en libertad a la madre y toma para ti los pichones. Así serás feliz y tendrás una larga vida. 8 Cuando construyas una casa nueva, pondrás una baranda alrededor de la terraza. Así no harás a tu casa responsable de derramamiento de sangre, en el caso de que alguien se caiga de allí. 9 No sembrarás en tu viña otra clase de plantas, porque de lo contrario toda la cosecha será sagrada: tanto el producto de lo que siembres como el fruto de la viña. 10 No ares con un buey y un asno juntos. 11 No vestirás ropa tejida de lana mezclada con lino. 12 Coloca unos flecos en las cuatro puntas del manto con que te cubres. Las acusaciones contra una joven esposa 13 Si un hombre se casa con una mujer y se une a ella, pero después le toma aversión, 14 la acusa falsamente y la difama, diciendo: «Yo me casé con esta mujer, y cuando me uní a ella comprobé que no era virgen», 15 entonces el padre y la madre de la joven tomarán las pruebas de su virginidad, y las exhibirán ante los ancianos, en la puerta de la ciudad. 16 El padre de la joven dirá a los ancianos: «Yo entregué mi hija a este hombre para que fuera su esposa, pero él le ha tomado aversión 17 y ahora la acusa falsamente, declarando que no encontró en ella las señales de la virginidad. Aquí están las pruebas de que mi hija era realmente virgen». Y en seguida extenderán la sábana nupcial ante los ancianos de la ciudad. 18 Entonces estos tomarán al hombre y lo castigarán 19 por haber difamado a una virgen israelita, condenándolo, además, a pagar cien siclos de plata, que entregarán al padre de la joven. Ella seguirá siendo su mujer, y el hombre no podrá repudiarla nunca más. 20 Pero si la acusación resulta verdadera y no aparecen las pruebas de la virginidad de la joven, 21 la sacarán a la puerta de la casa de su padre, y la gente de esa ciudad la matará a pedradas, por haber cometido una acción infame en Israel, prostituyéndose en la casa de su padre. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes. El adulterio, la violación y el incesto 22 Si se sorprende a un hombre acostado con una mujer casada, morirán los dos; el hombre que estaba acostado con la mujer, y también ella. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes. 23 Si una joven virgen está comprometida con un hombre, y otro la encuentra en la ciudad y se acuesta con ella, 24 se hará salir a los dos a la puerta de esa ciudad y los matarán a pedradas; a la joven por no haber pedido auxilio, a pesar de que estaba en la ciudad; y al hombre por haber violado a la mujer de su prójimo. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes. 25 Pero si el hombre encuentra en el campo a la joven comprometida y se acuesta con ella por la fuerza, sólo morirá el hombre que se acostó con ella. 26 A la joven, no le harás nada, porque no ha cometido un pecado que merezca la muerte. Es un caso semejante al de un hombre que ataca a otro y lo mata: 27 como el encuentro se produjo en el campo, tal vez la joven pidió auxilio, pero no había nadie que la socorriera. 28 Si un hombre encuentra a una joven virgen que no está comprometida, la toma por la fuerza y se acuesta con ella, y son sorprendidos, 29 el hombre que se acostó con ella deberá pagar al padre de la joven cincuenta siclos de plata y ella será su mujer. Nunca podrá repudiarla, porque él la violó.

domingo, 13 de abril de 2014

2° Lectura. Deuteronomio 19-20

Capítulo 19
Las ciudades de refugio y el derecho de asilo
L1 cuando el Señor, tu Dios, haya extirpado a las naciones cuyo territorio te entrega, y cuando tú las hayas desposeido y vivas en sus ciudades y en sus casas, 2 deberás poner aparte tres ciudades en medio del territorio que el Señor, tu Dios. te dará en posesión. 3 Medirás convenientemente las distancias y dividirás en tres partes el país que el Señor, tu Dios te dará como herencia, para que allí pueda refugiarse el que haya cometido un homicidio. 4 Pero sólo en el caso siguiente: el homicida podrá salvarse huyendo a una de esas ciudades si mató a su prójimo involuntariamente, sin haberlo odiado antes. 5 Por ejemplo, si un hombre va a cortar leña al bosque en compañía de otro, y al empuñar el hacha para cortar un árbol, el hierro se suelta del mango y golpea a su acompañante, provocándole la muerte, el homicida irá a refugiarse en una de esas ciudades y así pondrá a salvo su vida. 6 Es preciso evitar que el vengador del homicidio persiga lleno de furor al homicida, lo alcance –ya que el camino es muy largo– y le quite la vida, siendo así que no es reo de muerte, porque nunca fue enemigo de su víctima. 7 Por eso te ordeno que pongas aparte esas tres ciudades. 8 Si el Señor, tu Dios, extiende tus fronteras como lo juró a tus padres, y te da toda la tierra que les prometió 9 –siempre que te empeñes en cumplir integramente el mandamiento que hoy te prescribo de amar al Señor, tu Dios, y seguir sus caminos– entonces, a esas tres ciudades les añadirás otras tres. 10 Así no se derramará sangre inocente en medio del país que el Señor, tu Dios, te da como herencia, y tú no te harás culpable de un derramamiento de sangre. 11 Pero si alguien, impulsado por el odio, tiende a su prójimo una emboscada, y arrojándose sobre él, lo hiere mortalmente, y luego va a refugiarse en una de esas ciudades, 12 los ancianos de su ciudad lo harán apresar y lo pondrán en manos del vengador del homicidio, para que muera. 13 No le tendrás compasión, sino que harás desaparecer de Israel todo derramamiento de sangre inocente. Así serás feliz. Los límites de la propiedad 14 No desplazarás los límites de la propiedad de tu vecino, los que han establecido los predecesores, en la herencia que recibirás cuando tomes posesión de la tierra que te da el Señor, tu Dios. 

 Los testigos 15 No basta un solo testigo para declarar a un hombre culpable de crimen o delito; cualquiera sea la índole del delito, la sentencia deberá fundarse en la declaración de dos o más testigos. 16 Si un falso testigo se levanta contra un hombre y lo acusa de rebeldía, 17 las dos partes en litigio comparecerán delante del Señor, en presencia de los sacerdotes y de los jueces en ejercicio. 18 Los jueces investigarán el caso cuidadosamente, y si se pone de manifiesto que el acusador es un testigo falso y a atestiguado falsamente contra su hermano. 19 le harán a él lo mismo que él había proyectado hacer contra su hermano. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes. 20 Y cuando se enteren los otros, sentirán temor y no volverá a cometerse esta infamia entre ustedes. 21 No tendrás compasión: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.

Capítulo 20
Las instrucciones a los combatientes
Cuando salgas a combatir contra tus enemigos y veas caballos, carros de guerra y un ejército más numeroso que tú, no les tengas miedo; el Señor, tu Dios el mismo que te hizo salir de Egipto, está contigo. 2 Y cuando ya estén prontos para entrar en combate, el sacerdote se adelantará y arengará a la tropa 3 en estos términos: «Escucha, Israel. Ahora ustedes están próximos a entrar en batalla contra sus enemigos. ¡Tengan valor! No teman, ni se angustien, ni tiemblen ante ellos, 4 porque el Señor, su Dios, los acompaña, y él combatirá en favor de ustedes para darles la victoria sobre sus enemigos». 5 Los escribas, por su parte, dirán a la tropa: «¿Alguien construyó una casa nueva y todavía no la estrenó? Que se retire y vuelva a su casa, no sea que muera en el combate y otro hombre la estrene. 6 ¿Alguien plantó una viña y todavía no recogió los primeros frutos? Que se retire y vuelva a su casa, no sea que muera en el combate y otro hombre los recoja. 7 ¿Alguien está comprometido con una mujer y todavía no se unió a ella? Que se retire y vuelva a su casa, no sea que muera en el combate y otro hombre se case con ella». 8 Además, los escribas harán esta advertencia a la tropa: «¿Alguien tiene miedo y le falta valor? Que se retire y vuelva a su casa, no sea que transmita a sus hermanos su propia cobardía». 9 Y cuando los escribas hayan terminado de instruir a la tropa, los jefes de batallones se pondrán al frente de ella. 

 El asedio de las ciudades enemigas 10 Cuando te acerques a una ciudad para atacarla, primero le ofrecerás la paz. 11 Si ella la acepta y te abre sus puertas, toda la población te pagará tributo y te servirá. 12 Pero si rehúsa el ofrecimiento de paz y te opone resistencia, deberás sitiarla. 13 Cuando el Señor, tu Dios, la ponga en tus manos, tú pasarás al filo de la espada a todos sus varones. 14 En cuanto a las mujeres, los niños, el ganado y cualquier otra cosa que haya en la ciudad, podrás retenerlos como botín, y disfrutar de los despojos de los enemigos que el Señor, tu Dios, te entrega. 15 Así tratarás a todas las ciudades que estén muy alejadas de ti y que no pertenezcan a las naciones vecinas. 16 Pero en las ciudades de esos pueblos que el Señor, tu Dios, te dará como herencia, no deberás dejar ningún sobreviviente. 17 Consagrarás al exterminio total a los hititas, a los amorreos, a los cananeos, a los perizitas, a los jivitas y a los jebuseos, como te lo ordena el Señor, tu Dios, 18 para que ellos no les enseñen a imitar todas las abominaciones que cometen en honor de sus dioses. Así ustedes no pecarán contra el Señor, su Dios. 19 Si para conquistar una ciudad tienes que asediarla mucho tiempo, no destruirás sus árboles a golpes de hacha. Come de sus frutos, pero no los cortes. ¿Acaso los árboles del campo son hombres, para que los hagas también a ellos víctimas del asedio? 20 Podrás destruir y cortar, en cambio, los árboles que sepas que no dan ningún fruto, a fin de construir máquinas de asedio contra la ciudad que te oponga resistencia, hasta que logres someterla.

sábado, 12 de abril de 2014

2° Lectura. Deuteronomio 17-18

Capítulo 17
No sacrificarás al Señor, tu Dios, ningún animal del ganado mayor o menor que tenga un defecto o cualquier clase de imperfección, porque eso es una abominación para el Señor, tu Dios. 2 Si en medio de ustedes, en una de las ciudades que el Señor, tu Dios, te dará, hay un hombre o una mujer que hace lo que es malo a los ojos del Señor, tu Dios, y quebranta su alianza. 3 porque va a servir a otros y a postrarse delante de ellos –delante del sol, la luna o todo el Ejército del cielo– contrariamente a lo que yo te he mandado. 4 y el hecho llega a tu conocimiento, realiza una minuciosa investigación. Y si es verdad que la cosa es así, que se ha cometido semejante abominación en Israel. 5 saca a las puertas de tu ciudad al hombre o a la mujer que hayan cometido ese delito, y apedréalos hasta que mueran. 6 Para que alguien sea condenado a muerte se requiere el testimonio de dos o más testigos. Nadie será condenado a muerte en base al testimonio de uno solo. 7 Los testigos serán los primeros en levantar la mano contra él para hacerlo morir, y después todo el pueblo hará lo mismo. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes. 

 Los jueces levitas 8 Si te resulta demasiado difícil juzgar un pleito por homicidio, por reclamación de derechos, por lesiones. o cualquier otra causa que se haya suscitado en tu ciudad, subirás hasta el lugar que el Señor, tu Dios, elija, 9 y te presentarás a los sacerdotes levitas y al juez en ejercicio. Tú les expondrás el caso, y ellos te harán conocer la sentencia. 10 Deberás ajustarte a lo que ellos te digan en el lugar que elija el Señor, tu Dios, procediendo en todo conforme a sus instrucciones. 11 Procedentes de acuerdo con la decisión que ellos tomen y con la sentencia que pronuncien, sin apartarse de lo que ellos te indiquen ni a la derecha ni a la izquierda. 12 El que abre presuntuosamente, desoyendo al sacerdote que está allí para servir al Señor, tu Dios, o al juez, ese hombre morirá. Así harás desaparecer el mal de Israel. 13 Y cuando el pueblo se entere, sentirá temor y dejará de obrar con presunción. 

 Los reyes 14 Cuando entres en el país que el Señor, tu Dios, te dará, cuando lo tomes en posesión y vivas en él, si alguna vez dices: «Voy a poner un rey para que me gobierne, como todas las naciones que están a mi alrededor», 15 pondrás un rey elegido por el Señor, tu Dios, que pertenezca a tu mismo pueblo. No podrás someterte a la autoridad de un extranjero, de alguien que no pertenezca a tu pueblo. 16 El rey no deberá tener muchos caballos ni hacer que el pueblo regrese a Egipto, con el pretexto de aumentar su caballería; porque el Señor, tu Dios, ha dicho: «No regresen nunca más por ese camino». 17 Tampoco tendrá muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe, ni acumulará oro y plata en cantidad excesiva. 18 Cuando tome posesión del trono real, hará escribir en un libro, para su uso personal, una copia de esta Ley, conforme al texto que conservan los sacerdotes levitas. 19 La tendrá a su lado y la leerá todos los días de su vida, para que aprenda a temer al Señor, su Dios, observando todas las palabras de esta Ley y poniendo en práctica estos preceptos. 20 De esa manera, no se sentirá superior a sus hermanos, y no se apartará de estos mandamientos, ni a la derecha ni a la izquierda. Así prolongarán los días de su reinado, él y sus hijos, en medio de Israel.


Capítulo 18

El sacerdocio levítico
Los sacerdotes levitas –o sea, toda la tribu de Levi– no tendrán parte ni herencia con los israelitas: ellos se alimentarán de las ofrendas destinadas a los sacrificios y de la herencia del Señor. 2 Por lo tanto, esta tribu no poseerá una herencia en medio de sus hermanos: su herencia es el Señor, como él mismo se lo ha declarado. 3 Los derechos de los sacerdotes sobre las personas que ofrecen en sacrificio un animal del ganado mayor o menor son los siguientes: se dará al sacerdote la espalda, las quijadas y el estómago. 4 También le darás las primicias de tu trigo, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de la esquila de tu ganado menor. 5 Porque el Señor, tu Dios, eligió al sacerdote y a sus hijos, entre todas tus tribus, para que siempre estuviera en su presencia y oficiara en nombre del Señor. 6 Si un levita que reside en cualquier parte del Israel, se traslada por voluntad propia de una de tus ciudades al lugar que elija el Señor, su Dios, 7 podrá oficiar allí en nombre del Señor como todos sus hermanos levitas que están en la presencia del Señor. 8 Y comerá una porción igual a la de ellos además de lo que obtenga por la venta de sus bienes patrimoniales. Los profetas 9 Cuando entre en la tierra que el Señor, tu Dios, te dará, no aprendas a practicar las abominaciones que cometen esas naciones. 10 Que no haya entre ustedes nadie que inmole en el fuego a su hijo o a su hija, ni practique la adivinación, la astrología, la magia o la hechicería. 11 Tampoco hará ningún encantador, ni consultor de espectros o de espíritus, ni evocador de muertos. 12 Porque todo el que practica estas cosas es abominable al Señor, tu Dios, y por causa de estas abominaciones. él desposeerá a esos pueblos delante de ti. 13 Tú serás irreprochable en tu trato con el Señor, tu Dios. 14 Porque las naciones que vas a desposeer escuchan a los astrólogos y adivinos, pero a ti el Señor no te permite semejante cosa. 15 El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo; lo harás surgir de entre ustedes, de entre tus hermanos, y es a él a quien escucharán. 16 Esto es precisamente lo que pediste al Señor. Tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea, cuando dijiste: «No quiero seguir escuchando la voz del Señor, mi Dios, ni miraré más este gran fuego, porque de lo contrario moriré». 17 Entonces el Señor me dijo: «Lo que acaban de decir está muy bien. 18 Por eso, suscitaré entre sus hermanos un profeta semejante a ti, pondré mis palabras en su boca, y él dirá todo lo que yo le ordene. 19 Al que no escuche mis palabras, las que este profeta pronuncie en mi Nombre, yo mismo le pediré cuenta. 20 Y si un profeta se atreve a pronunciar en mi Nombre una palabra que yo no le he ordenado decir, o si habla en nombre de otros dioses, ese profeta morirá». 21 Tal vez te preguntes: «¿Cómo sabremos que tal palabra no la ha pronunciado el Señor?». 22 Si lo que el profeta decide en nombre del Señor no se cumple y queda sin efecto, quiere decir que el Señor no ha dicho esa palabra. El profeta ha hablado temerariamente: no le temas.