domingo, 6 de abril de 2014
3° Lectura. Job 6
Job respondió, diciendo:
2 ¡Ah, si pudiera pesarse mi dolor y se pusiera en la balanza toda mi desgracia!
3 Ahora pesarían más que la arena del mar, ¡por eso digo tantos desatinos!
4 Las flechas del Todopoderoso están clavadas en mí y mi espíritu absorbe su veneno; los terrores de Dios están enfilados contra mí.
5 ¿Rebuzna el asno salvaje sobre la hierba verde o muge el toro junto a su forraje?
6 ¿Se come sin sal un alimento insípido o tiene sabor la clara de huevo?
7 Lo que yo me resistía incluso a tocar es mi alimento en la enfermedad.
8 ¡Si al menor se cumpliera mi pedido y Dios me concediera lo que espero!
9 ¡Si Dios se decidiera a aplastarme, si soltara su mano y me partiera en dos!
10 Entonces tendría de qué consolarme y saltaría de gozo en mi implacable tormento, por no haber renegado de las palabras del Santo.
11 ¿Qué fuerza tengo para poder esperar? ¿Cuál es mi fin para soportar con paciencia?
12 ¿Tengo acaso la resistencia de las piedras o es de bronce mi carne?
13 No, no encuentro ninguna ayuda dentro de mí mismo y se me han agotado los recursos.
14 Bien merece la lealtad de su amigo el hombre deshecho que ha perdido el temor a Dios.
15 Pero mis hermanos me han traicionado como un torrente, como el cauce de los torrentes pasajeros,
16 que corren turbios durante el deshielo, arrastrando la nieve derretida.
17 Al llegar el verano, se evaporan; con el calor, se extinguen en su propio lecho.
18 Las caravanas desvían su trayecto, se internan en el desierto y perecen.
19 Las caravanas de Temá vuelven los ojos hacia ellos, los viajantes de Sabá esperan encontrarlos.
20 Pero se avergüenzan de haber esperado, llegan hasta allí, y quedan defraudados.
21 Así son ahora ustedes para mí: ven algo horrible, y se llenan de espanto.
22 Yo nunca les dije: «Denme algo, regálenme una parte de sus bienes,
23 líbrenme del poder del enemigo, rescátenme de las manos de los violentos».
24 Instrúyanme, y yo me callaré; háganme entender dónde está mi error,
25 ¿Acaso son hirientes las palabras rectas? Pero ¿qué se arregla con los reproches de ustedes?
26 ¿O pretenden arreglarlo todo con reproches, mientras echan al viento las palabras de un desesperado?
27 ¡Ustedes echarían suertes sobre un huérfano y traficarían con su propio amigo!
28 ¡Decídanse de una vez, vuélvanse hacia mí! ¿Acaso les voy a mentir en la cara?
29 Vuelvan, les ruego, y que no haya falsedad; vuelvan, está en juego mi justicia.
30 ¿Acaso hay falsedad en mi lengua o mi paladar no sabe discernir la desgracia?
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2° Lectura. Deuteronomio 5-6
1° Lectura. Mateo 27:1-31
sábado, 5 de abril de 2014
3° Lectura. Job 5
¡C
lama, a ver si alguien te responde! ¿A cuál de los santos te volverás?
2 Porque la exasperación mata al insensato y la pasión hace morir al necio.
3 Yo he visto al insensato echar raíces, pero al instante maldije su morada.
4 Sus hijos estarán lejos de toda ayuda, aplastados en la Puerta, sin que nadie los libre.
5 Lo que ellos cosechen se lo comerá el hambriento, y el sediento suspirará por sus riquezas.
6 No, el mal no sale del suelo ni la miseria brota de la tierra:
7 es el hombre el que engendra la miseria, como las águilas levantan vuelo hacia lo alto.
8 Yo, por mi parte, buscaría a Dios, a él le expondría mi causa.
9 El realiza obras grandes e inescrutables, maravillas que no se pueden enumerar.
10 Derrama la lluvia sobre la tierra y hace correr el agua por los campos.
11 Pone a los humildes en las alturas y los afligidos alcanzan la salvación.
12 Hace fracasar los proyectos de los astutos para que no prospere el trabajo de sus manos.
13 Sorprende a los sabios en su propia astucia y el plan de los malvados se deshace rápidamente.
14 En pleno día, chocan contra las tinieblas, y andan a tientas al mediodía, como si fuera de noche.
15 El salva al huérfano de la espada, y al indigente, de la mano del poderoso.
16 Así, el débil recupera la esperanza y los malvados cierran la boca.
17 ¡Feliz el hombre a quien Dios reprende y que no desdeña la lección del Todopoderoso!
18 Porque él hiere, pero venda la herida; golpea, pero sana con sus manos.
19 Seis veces te librará de la angustia, y la séptima, el mal no te alcanzará.
20 En tiempo de hambre, te librará de la muerte, y en la guerra, del filo de la espada.
21 Estarás protegido contra el azote de las malas lenguas y no temerás cuando llegue la devastación.
22 Te reirás de la devastación y del hambre y no temerás a las fieras de la tierra.
23 Sí, tendrás una alianza con las piedras del campo y las fieras estarán en paz contigo.
24 Sabrás que en tu carpa hay prosperidad, y cuando revises tu morada, nada faltará.
25 Verás que se multiplica tu descendencia y que tus retoños son como la hierba de la tierra.
26 Llegarás a la tumba lleno de vigor como se levanta una parva a su debido tiempo.
27 Esto es lo que hemos comprobado, y es así: escúchalo bien, y saca provecho.
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2° Lectura. Deuteronomio 3-4
1° Lectura. Mateo 26:47-75
Jesús estaba hablando todavía, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de una multitud con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo.
48 El traidor les había dado la señal: «Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo».
49 Inmediatamente se acercó a Jesús, diciéndole: «Salud, Maestro», y lo besó.
50 Jesús le dijo: «Amigo, ¡cumple tu cometido!». Entonces se abalanzaron sobre él y lo detuvieron.
51 Uno de los que estaban con Jesús sacó su espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja.
52 Jesús le dijo: «Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere.
53 ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre? El pondría inmediatamente a mi disposición más de doce legiones de ángeles.
54 Pero entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales debe suceder así?».
55 Y en ese momento dijo Jesús a la multitud: «¿Soy acaso un ladrón, para que salgan a arrestarme con espadas y palos? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y ustedes no me detuvieron».
56 Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
57 Los que habían arrestado a Jesús lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos.
58 Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; entró y se sentó con los servidores, para ver cómo terminaba todo.
59 Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús para poder condenarlo a muerte;
60 pero no lo encontraron, a pesar de haberse presentado numerosos testigos falsos. Finalmente, se presentaron dos
61 que declararon: «Este hombre dijo: "Yo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en tres días"».
62 El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie, dijo a Jesús: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos declaran contra ti?».
63 Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote insistió: «Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios».
64 Jesús le respondió: «Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo».
65 Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oír la blasfemia.
66 ¿Qué les parece?». Ellos respondieron: «Merece la muerte».
67 Luego lo escupieron en la cara y lo abofetearon. Otros lo golpeaban, 68 diciéndole: «Tú, que eres el Mesías, profetiza, dinos quién te golpeó». 69 Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio. Una sirvienta se acercó y le dijo: «Tú también estabas con Jesús, el Galileo». 70 Pero él lo negó delante de todos, diciendo: «No sé lo que quieres decir». 71 Al retirarse hacia la puerta, lo vio otra sirvienta y dijo a los que estaban allí: «Este es uno de los que acompañaban a Jesús, el Nazareno». 72 Y nuevamente Pedro negó con juramento: «Yo no conozco a ese hombre». 73 Un poco más tarde, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron: «Seguro que tú también eres uno de ellos; hasta tu acento te traiciona». 74 Entonces Pedro se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre. En seguida cantó el gallo, 75 y Pedro recordó las palabras que Jesús había dicho: «Antes que cante el gallo, me negarás tres veces». Y saliendo, lloró amargamente. |
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