sábado, 1 de marzo de 2014

Guía Marzo 2014


MARZO 2014



MATEO
LEVÍTICO
PROVERBIOS
JUDIT
1
8:23-34
¨
1-2
¨
19
¨
1
¨
2
9:1-17
¨
3-4
¨
20
¨


3
9:18-38
¨
5-6
¨
21
¨
2
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4
10:1-25
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7-8
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22
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5
10:26-42
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9-10
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23
¨
3
¨
6
11:1-19
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11-12
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24
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7
11:20-30
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13
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25
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4
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8
12: 1-21
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14
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26
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9
12:22-50
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15-16
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27
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5
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10
13:1-23
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17-18
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28
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11
13:24-58
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19
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29
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6
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12
14:1-21
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20-21
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30
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13
14:22-36
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22-23
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31
¨
7
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MATEO
LEVÍTICO
ECLESIASTÉS
JUDIT
14
15:1-20
¨
24-25
¨
1:1-11
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15
15:21-39
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26-27
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1:12-18 – 2
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8
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MATEO
NÚMER0S
ECLESIASTÉS
JUDIT
16
16
¨
1-2
¨
3:1-15
¨


17
17
¨
3-4
¨
3:16-22 – 4
¨
9
¨
18
18:1-17
¨
5-6
¨
5
¨


19
18:18-35
¨
7-8
¨
6
¨
10
¨
20
19:1-15
¨
9-10
¨
7
¨


21
19:16-30
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11-12
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8
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11
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22
20:1-16
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13-14
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9:1-12
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23
20:17-34
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15-16
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9:13-18 – 10
¨
12
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24
21:1-27
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17-18
¨
11:1-8
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25
21:28-46
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19-20
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11:9-10 – 12
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13
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MATEO
NÚMEROS
CANTARES
JUDIT
26
22:1-22
¨
21
¨
1 – 2:1-7
¨


27
22:23-46
¨
22:1-40
¨
2:8-17 – 3:1-5
¨
14
¨
28
23:1-12
¨
22:41 – 23:1-26
¨
3: 6-10 – 5:1
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29
23:13-39
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23:27-30 – 24
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5:2-16 – 6:1-3
¨
15
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30
24:1-31
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25-27
¨
6:4-12 – 8:1-4
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31
24:32-51
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28-29
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8:5-14
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16
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4° Lectura Judit 1


1 Era el año duodécimo del reinado de Nabucodonosor, que gobernó a los asirios en la gran ciudad de Nínive, mientras Arfaxad reinaba sobre los medos en Ecbátana.
2 Este había construido alrededor de Ecbátana una muralla de piedras talladas que medían un metro y medio de ancho y tres de largo. La muralla tenía treinta y cinco metros de altura y veinticinco de espesor.
3 También había erigido junto a sus puertas unas torres de cincuenta metros de alto, sobre cimientos de treinta metros de ancho;
4 y había hecho levantar sus puertas hasta una altura de treinta y cinco metros, por veinte de ancho, para que pudiera pasar su poderoso ejército y desfilar su infantería.
5 En aquellos días, el rey Nabucodonosor declaró la guerra al rey Arfaxad en la gran llanura, la que se extiende sobre el territorio de Ragau.
6 Se unieron a él todos los habitantes de la región montañosa y los que vivían a lo largo del Eufrates, del Tigris y del Hidaspes y en las planicies de Arioc, rey de los elimeos. Y muchos pueblos se reunieron para combatir a los hijos de Jeleúd.
7 Entonces Nabucodonosor, rey de los asirios, envió mensajeros a todos los habitantes de Persia y a todos los que residían en Occidente: a los de Cilicia y Damasco, del Líbano y el Antilíbano, y a todos los que vivían en el litoral;
8 a las poblaciones del Carmelo y Galaad; a la Galilea superior y a la gran llanura de Esdrelón,
9 así como también a todos los que habitaban en la Samaría y sus ciudades; a los del otro lado del Jordán, hasta Jerusalén, Betané, Jelús y Cades; y más allá del Torrente de Egipto, a Tafne y Ramsés, lo mismo que a todo el territorio de Gesén,
10 hasta más arriba de Tanis y Menfis; y a todos los habitantes de Egipto, hasta los confines de Etiopía.
11 Pero los habitantes de todas esas regiones, sin excepción, despreciaron el llamado de Nabucodonosor, rey de los asirios, y no se aliaron con él para la guerra, porque no le tenían, sino que lo consideraban como un hombre falto de apoyo. Por eso despidieron despectivamente a sus emisarios con las manos vacías.
12 Nabucodonosor se enfureció contra todas aquellas regiones y juró por su trono y por su reino vengarse de todo el territorio de Cilicia, la Damascena y Siria y destruir con su espada a todos los habitantes de Moab, a los amonitas y a todas la Judea, así como también, a todos los habitantes de Egipto, hasta la región de los dos mares.
13 El año decimoséptimo, Nabucodonosor atacó con su ejército al rey Arfaxad y, después de derrotarlo, aniquiló todo su ejército, su caballería y sus carros de guerra.
14 Se apoderó de sus ciudades, avanzó hasta Ecbátana, expugnó sus torres, destruyó sus plazas y convirtió su esplendor en ignominia.
15 Además, hizo prisionero a Arfaxad en las montañas de Ragau, lo acribilló con sus jabalinas, y lo aniquiló para siempre.
16 Finalmente, regresó con sus tropas y con la enorme multitud de guerreros que lo habían seguido, y todos se entregaron despreocupadamente a la buena vida durante ciento veinte días.

3° Lectura Proverbios 19


1 Más vale un pobre que camina con integridad que un hombre insensato y de labios tortuosos.
2 Sin la ciencia, ni el mismo celo es bueno, y el que se precipita malogra su intento.
3 La necedad del hombre pervierte su camino, y luego su corazón se irrita contra el Señor.
4 La fortuna multiplica los amigos, pero el pobre se ve separado hasta de su amigo.
5 El testigo falso no quedará impune y el que profiere mentiras no escapará.
6 Son muchos los que adulan al noble y todos son amigos del que hace regalos.
7 Al pobre hasta sus hermanos lo aborrecen, ¡cuánto más se alejarán de él sus amigos!
8 El que adquiere buen juicio se ama a sí mismo, al que es razonable le irá bien.
9 El testigo falso no quedará impune y el que profiere mentiras perecerá.
10 No te sienta bien al insensato una vida confortable, ¡cuánto menos a un esclavo gobernar a los príncipes!
11 El buen juicio de un hombre aplaca su ira, y su gloria es pasar por alto una ofensa.
12 Como rugido de león es la furia del rey, y su favor, como rocío sobre la hierba.
13 Un hijo insensato es una calamidad para su padre, y las rencillas de una mujer son una gotera incesante.
14 Casa y fortuna son herencia de los padres, pero una mujer prudente es un don del Señor.
15 La pereza hace caer en el letargo, y la persona indolente pasará hambre.
16 El que guarda los preceptos se guarda a sí mismo, el que descuida su propia conducta morirá.
17 El que se apiada del pobre presta al Señor, y él le devolverá el bien que hizo.
18 Corrige a tu hijo mientras haya esperanza, pero no te arrebates hasta hacerlo morir.
19 El hombre irascible se expone a las multas, si tratas de ayudarlo, empeoras las cosas.
20 Escucha el consejo y acepta la corrección, y al fin llegarás a ser sabio.
21 Hay muchos proyectos en el corazón del hombre, pero sólo se realiza el designio del Señor.
22 Lo que se espera de un hombre es la fidelidad y más vale ser pobre que mentiroso.
23 El temor del Señor lleva a la vida, el que se sacia de él pasa la noche sin ser visitado por el mal.
24 El perezoso hunde su mano en el plato y ni siquiera es capaz de llevársela a la boca.
25 Golpea al insolente, y el simple se hará precavido, reprende al inteligente, y sabrá entender.
26 El que maltrata a su padre y echa a su madre es un hijo que causa vergüenza y deshonor.
27 Si dejas, hijo mío, de escuchar la instrucción, te extraviarás lejos de las palabras de la sabiduría.
28 El testigo infame se burla del derecho, y la boca de los malvados devora la iniquidad.
29 Hay castigos establecidos para los insolentes y golpes, para las espaldas de los necios.

2° Lectura Levítico 1-2


Capítulo 1
Los holocaustos
1 El Señor llamó a Moisés y le habló desde la Carpa del Encuentro en estos términos:
2 Di a los israelitas: Cuando alguno de ustedes presente al Señor una ofrenda de ganado, podrá ofrecer animales del ganado mayor o menor.
3 Si su ofrenda es un holocausto de ganado mayor, deberá presentar un animal macho y sin ningún defecto. Lo llevará a la entrada de la Carpa del Encuentro, para que sea aceptado por el Señor,
4 e impondrá su mano sobre la cabeza de la víctima. Así esta le será aceptada y le servirá de expiación.
5 Luego inmolará el novillo en la presencia del Señor, y los hijos de Aarón, los sacerdotes, ofrecerán la sangre y la derramarán sobre todos los costados del altar que está a la entrada de la Carpa del Encuentro.
6 El oferente desollará la víctima para el holocausto y la dividirá en pedazos.
7 Entonces los hijos del sacerdote Aarón encenderán fuego en el altar, pondrán leña sobre el fuego y dispondrán los pedazos sobre el fuego y dispondrán los pedazos sobre la leña encendida que está sobre el altar, incluidas la cabeza y la grasa.
8 y dispondrán los pedazos sobre la leña encendida que está sobre el altar, incluidas la cabeza y la grasa.
9 Después el oferente lavará con agua las entrañas y las patas, y por último, el sacerdote hará arder todo sobre el altar: es un holocausto, una ofrenda que se quema con aroma agradable al Señor.
10 Si su ofrenda para el holocausto pertenece al ganado menor –corderos o cabras– deberá ofrecer un animal macho y sin defecto.
11 Lo inmolará en la presencia del Señor, sobre el lado del altar que da hacia el norte, y los hijos de Aarón, los sacerdotes rociarán con su sangre todos los costados del altar.
12 Luego lo cortará en pedazos, y el sacerdote dispondrá esas partes incluidas la cabeza y la grasa, sobre la leña encendida que está sobre el altar.
13 El oferente lavará con agua las entrañas y las patas, y por último, el sacerdote hará arder todo sobre el altar: es un holocausto, una ofrenda que se quema con aroma agradable al Señor.
14 Si lo que ofrece en holocausto al Señor es un pájaro, podrá ofrecer torcazas o pichones de paloma.
15 El sacerdote depositará la ofrenda sobre al altar y le arrancará la cabeza. Luego hará arder la cabeza sobre el altar y escurrirá la sangre de la víctima por la pared del mismo.
16 Después le sacará el buche con sus residuos, y los arrojará al lugar donde se depositan las cenizas, en el lado este del altar.
17 Dividirá el animal en dos mitades, dejando un ala de cada lado, pero sin separarlas. Finalmente, el sacerdote lo hará arder sobre la leña encendida: es un holocausto, una ofrenda que se quema con aroma agradable al Señor.

Capítulo 2
La oblación
1 Cuando un persona ofrezca al Señor una oblación, su ofrenda consistirá en harina de la mejor calidad; sobre ella derramará aceite y pondrá incienso.
2 La llevará a los hijos de Aarón, los sacerdote, y el sacerdote tomará un puñado de la harina con aceite y todo el incienso, y hará arder sobre el altar ese memorial, como una ofrenda que se quema con aroma agradable al Señor.
3 El resto de la oblación será para Aarón y sus hijos, como una porción santísima de las ofrendas que se queman para el Señor.
4 Si presentas una oblación de alimentos cocidos al horno, la ofrenda será de harina de la mejor calidad, preparadas en forma de panes sin levadura amasados con aceite, o de galletas sin levadura untadas con aceite.
5 Si ofreces una oblación de alimentos fritos a la sartén, la harina estará amasada con aceite y no llevará levadura.
6 Deberás cortarla en pedazos y derramar aceite sobre ella: es una oblación.
7 Si ofreces una oblación de alimentos cocidos a la cacerola, la ofrenda deberá estar hecha con harina de la mejor calidad y con aceite.
8 Cuando presentes al Señor una oblación preparada en cualquiera de estas formas, la llevarás al sacerdote, y él la acercará al altar,
9 luego apartará de ella el memorial y lo hará arder sobre al altar: es una ofrenda que se quema con aroma agradable al Señor.
10 El resto de la oblación será para Aarón y sus hijos, como un porción santísima de las ofrendas que se queman para el Señor.
11 Ninguna de las oblaciones que ustedes ofrecerán al Señor estará hecha con materia fermentadas, porque ni la levadura ni la miel deben arder como ofrenda que se quema para el Señor.
12 Podrán presentarlas al Señor como ofrendas de primicias, pero no serán ofrecidas sobre el altar como sacrificio de aroma agradable.
13 En cambio, sazonarás con sal todas las oblaciones que ofrezcas. Nunca dejarás que falte a tu oblación la sal de la alianza de tu Dios: sobre todas tus oblaciones deberás ofrecer sal.
14 Si presentas al Señor una oblación de primicias, ofrecerás espigas tostadas al fuego o granos molidos de cereales recién maduros.
15 Sobre ella derramarás aceite y le añadirás incienso: es una oblación.
16 Luego el sacerdote hará arder como memorial una parte del grano molido y del aceite, con todos el incienso» es una ofrenda que se quema para el Señor.

1° Lectura Mateo 8:23-34


23 Después Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron.
24 De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía.
25 Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: «¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!».
26 El les respondió: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma.
27 Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?».
28 Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino.
29 Y comenzaron a gritar: «¿Que quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?»
30 A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo.
31 Los demonios suplicaron a Jesús: «Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara».
32 El les dijo: «Vayan». Ellos salieron y entraron en los cerdos: estos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado, y se ahogaron.
33 Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados.
34 Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.