miércoles, 9 de abril de 2014

3° Lectura. Job 9

Capítulo 9
Job respondió, diciendo: 2 Sí, yo sé muy bien que es así: ¿cómo un mortal podría tener razón contra Dios? 3 Si alguien quisiera disputar con él, no podría responderle ni una vez entre mil. 4 Su corazón es sabio, su fuerza invencible: ¿quién le hizo frente y se puso a salvo? 5 El arranca las montañas sin que ellas lo sepan y las da vuelta con su furor. 6 El remueve la tierra de su sitio y se estremecen sus columnas. 7 El manda al sol que deje de brillar y pone un sello sobre las estrellas. 
 8 El solo extiende los cielos y camina sobre las crestas del mar. 9 El crea la Osa Mayor y el Orión, las Pléyades y las Constelaciones del sur. 10 El hace cosas grandes e inescrutables, maravillas que no se pueden enumerar. 11 El pasa junto a mí, y yo no lo veo; sigue de largo, y no lo percibo. 12 Si arrebata una presa, ¿quién se lo impedirá o quién le preguntará qué es lo que hace? 13 Dios no reprime su furor: los secuaces de Rahab yacen postrados a sus pies. 14 ¡Cuánto menos podría replicarle yo y aducir mis argumentos frente a él! 15 Aún teniendo razón, no podría responder y debería implorar al que me acusa. 16 Aunque lo llamara y él me respondiera, no creo que llegue a escucharme. 17 El me aplasta por una insignificancia y multiplica mis heridas sin razón. 18 No me da tregua ni para tomar aliento, sino que me sacia de amarguras. 19 Si es cuestión de fuerza, él es el más fuerte; si de justicia, ¿quién podría emplazarlo? 20 Si tengo razón, por mi propia boca me condena; si soy íntegro, me declara perverso. 21 ¡Yo soy un hombre íntegro: nada me importa de mí mismo y siento desprecio por mi vida! 22 ¡Todo es igual! Por eso digo: «El extermina al íntegro y al malvado». 23 Si un azote siembra la muerte de improviso, se ríe de la desesperación de los inocentes. 24 Si un país cae en manos de un malvado, pone un velo sobre el rostro de los jueces: si no es él, ¿quién otro puede ser? 25 Mis días pasan más rápido que un corredor, huyen sin ver la felicidad. 26 Se deslizan como barcas de junco, como un águila que se lanza sobre su presa. 27 Si pienso: «Voy a olvidarme de mis quejas, voy a poner buena cara y sonreír». 28 me asalta el terror por todos mis pesares, sabiendo que tú no me absuelves. 29 Seré juzgado culpable, ¿para qué entonces fatigarme en vano? 30 Aunque me lavara con nieve y purificara mis manos con potasa, 31 tú me hundirías en el fango y hasta mi ropa sentiría abominación por mí. 32 ¡No, él no es un hombre como yo, para responderle y comparecer juntos en un juicio! 33 ¡Si hubiera al menos un árbitro entre nosotros, que pusiera su mano sobre los dos, 34 para que Dios aparte su vara de mí y no me atemorice su terror! 35 Entonces le hablaría sin temor, porque estoy convencido de que no soy así.

2° Lectura. Deuteronomio 11-12

Capítulo 11
Acontecimientos aleccionadores para Israel
Amarás al Señor, tu Dios, y observarás siempre sus prescripciones, sus preceptos, sus leyes y sus mandamientos. 2 Ustedes –y no sus hijos, que no han conocido ni experimentado la lección del Señor– son los que conocen hoy su grandeza, el poder de su mano y la fuerza de su brazo; 3 los signos y las obras que realizó en Egipto contra el Faraón, rey de Egipto, y contra todo su país; 4 lo que hizo con el ejército egipcio, con su caballería y sus carros de guerra, cuando se lanzaron en persecución de ustedes y él desencadenó contra ellos las aguas del Mar Rojo, y los hizo desaparecer hasta el día de hoy; 5 lo que hizo por ustedes en el desierto, hasta que llegaron a este lugar; 6 y la manera como trató a Datán a Abirón, los hijos de Eliab, el rubenita, cuando la tierra abrió sus fauces y los devoró junto con sus familias, sus carpas, y todos sus secuaces, en medio de todo Israel. 7 Sí, son ustedes los que han visto, con sus propios ojos, la gran obra que realizó el Señor. 

 Promesas y amenazas 8 Observen todos los mandamientos que hoy les prescribo. Así tendrán la fuerza necesaria para ir a conquistar el país del que ustedes van a tomar posesión. 9 y podrán vivir largo tiempo en la tierra que el Señor juró dar a sus padres y a su descendencia, tierra que mana leche y miel. 10 Porque la tierra que tú vas a tomar en posesión no es como Egipto, el país de donde ustedes salieron. Allí sembrabas tu semilla, y luego tenías que regar con tu pie, como se riega una huerta. 11 En cambio, la tierra que vas a tomar en posesión es una región de montañas y valles regados por la lluvia del cielo, 12 y está bajo el cuidado constante del Señor, tu Dios. Sobre ella permanecen fijos los ojos del Señor, tu Dios, desde el comienzo hasta el fin del año. 13 Y si ustedes obedecen fielmente los mandamientos que hoy les impongo, amando al Señor, su Dios, y sirviéndolo de todo corazón y con toda el alma, 14 yo enviaré lluvia a la tierra en el momento oportuno –lluvia de otoño y de primavera– y podrás recoger tu trigo, tu vino nuevo y tu aceite. 15 Haré crecer en tus campos pasto para tu ganado, y comerás hasta saciarte. 16 Pero tengan cuidado, no sea que sus corazones se dejen seducir, y ustedes se extravíen, sirviendo a otros dioses y postrándose delante de ellos. 17 Porque entonces la ira del Señor arderá contra ustedes: él cerrará el cielo y ya no habrá más lluvia; el suelo dejará de dar sus frutos, y ustedes no tardarán en desaparecer de esta tierra fértil que les da el Señor. 18 Graben estas palabras en lo más íntimo de su corazón. Atenlas a sus manos como un signo, y que sean como una marca sobre su frente. 19 Enséñalas a tus hijos, inculcándoselas cuando estés en tu casa y cuando vayas de viaje, al acostarte y al levantarte. 20 Escríbelas en las puertas de tu casa y en sus postes. 21 Así, mientras haya cielo sobre la tierra, durarán tus días y los de tus hijos en el suelo que el Señor juró dar a tus padres. 22 Porque si observan realmente todo este mandamiento que yo les doy, amando al Señor, su Dios, siguiendo siempre sus caminos y siendo en todo fieles a él. 23 el Señor desposeerá delante de ustedes a todas esas naciones, y así podrán conquistarlas, aunque sean más grandes y fuertes que ustedes. 24 Todos los lugares donde pongan la planta de sus pies, les pertenecerán. Y estas serán sus fronteras; desde el desierto, el Líbano y el río Eufrates, hasta el mar occidental. 25 Nadie podrá resistirles, porque el Señor, su Dios, sembrará el pánico y el terror en todo el territorio por donde ustedes pasen, como él mismo les ha prometido. 

 La alternativa propuesta por el Señor a Israel 26 Yo pongo hoy delante de ustedes una bendición y una maldición. 27 Bendición, si obedecen los mandamientos del Señor, su Dios, que hoy les impongo. 28 Maldición, si desobedecen esos mandamientos y se apartan del camino que yo les señalo, para ir detrás de dioses extraños, que ustedes no han conocido. 29 Y cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra de la que vas a tomar posesión, pondrás la bendición sobre el monte Ebal. 30 Estas montañas se encuentran, como es sabido, al otro lado del Jordán, detrás del camino del oeste, en el país de los cananeos que habitan en la Arabá, frente a Guilgal, cerca de la encina de Moré. 31 Porque ustedes van a cruzar el Jordán para ir a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, su Dios Cuando la posean y vivan en ella. 32 cumplan fielmente todos los preceptos y leyes que hoy les impongo.


Capítulo 12
El Santuario único
Estos son los preceptos y las leyes que ustedes deberán observar y poner en práctica, mientras vivan en la tierra que el Señor, el Dios de tus padres, te da en posesión. 2 Harán desaparecer todos los lugares de culto, donde las naciones que ustedes van a desposeer sirven a sus dioses, en las montañas, sobre las colinas y debajo de todo árbol frondoso. 3 Derriben sus altares, rompan sus piedras conmemorativas, prendan fuego a sus postes sagrados, destruyan las imágenes de sus ídolos y borren hasta sus nombres de aquel lugar. 4 Pero con el Señor, su Dios, ustedes se comportarán de una manera distinta. 5 Irán a buscarlo al lugar que él elija entre todas las tribus, para constituirlo morada de su Nombre. 6 Solamente allí presentarán sus holocaustos y sacrificios, sus diezmos y sus dones, sus ofrendas votivas y voluntarias, y también las primicias de sus ganados y rebaños. 7 Allí, ustedes y sus familias comerán en la presencia del Señor, su Dios, y se alegrarán por todos los beneficios que hayan obtenido de su trabajo, porque el Señor, tu Dios, te bendijo. 8 Entonces no se comportarán como lo hacemos ahora. Aquí cada uno hace lo que mejor le parece, 9 porque todavía no han entrado en el lugar del descanso y en la herencia que el Señor, tu Dios, te dará. 10 Pero cuando pasen el Jordán y se establezcan en la tierra que el Señor, su Dios, les dará como herencia, cuando él les dé el descanso, librándolos de todos los enemigos que estén a su alrededor, y ustedes se sientan seguros, 11 llevarán al lugar que el Señor, su Dios, elija para constituirlo morada de su Nombre, todo lo que yo les ordeno: sus holocaustos y sacrificios, sus diezmos, sus dones y las ofrendas escogidas que le hayan prometido al Señor mediante un voto. 12 Y ustedes se alegrarán en la presencia del Señor, su Dios, junto con sus hijos y sus hijas, sus esclavos y sus esclavas y también con el levita que viva en sus ciudades, ya que él no tendrán posesión ni herencia entre ustedes. 

Indicaciones sobre los sacrificios 13 Ten cuidado, entonces, de no ofrecer tus holocaustos en cualquier santuario que veas. 14 Los ofrecerás únicamente en el lugar elegido por el Señor, tu Dios, en una de tus tribus, y allí harás todo lo que yo te ordeno. 15 Sin embargo, podrás matar animales y comer carne en cualquiera de tus ciudades, siempre que así lo desees y en la medida en que el Señor, tu Dios, te bendiga. Podrán comerla igualmente el impuro y el puro, como si se tratara de un ciervo o de una gacela. 16 Pero no comerán la sangre, sino que la derramarás en la tierra, como si fuera agua. 17 Tampoco comerás en tus ciudades el diezmo de tu trigo, de tu vino y de tu aceite, ni las primicias de tu ganado y tus rebaños, ni lo que hayas prometido al Señor mediante un voto, ni tus ofrendas voluntarias, ni tus dones. 18 Lo harás en presencia del Señor, tu Dios –en el lugar elegido por él– junto con tu hijo y tu hija, tu esclavo y tu esclava, y con el levita que viva en tu ciudad. Y en la presencia del Señor, tu Dios, te alegrarás por todos los beneficios que hayas obtenido de tu trabajo. 19 Ten cuidado de no abandonar nunca al levita. 20 Cuando el Señor, tu Dios, ensanche tus fronteras, como te lo ha prometido, y sientas deseos de comer carne, podrás comer toda la que quieras. 21 Si el lugar que el Señor, tu Dios, elija para constituirlo morada de su Nombre, se encuentra demasiado lejos, tú mismo podrás matar, conforme a mis prescripciones, los animales del ganado mayor o menor que el Señor, tu Dios, te dará. Y comerás en tu ciudad todo lo que quieras, 22 del mismo modo que se come una gacela o un ciervo. Podrán comerla igualmente el puro y el impuro; 23 sólo tendrás que abstenerte de comer la sangre, porque la sangre es la vida, y tú no debes comer la vida junto con la carne. 24 Por eso, derramarás la sangre en la tierra, como si fuera agua. 25 Así serán felices. Tú y tus hijos después de ti, porque habrás realizado lo que es bueno y recto a los ojos del Señor tu Dios. 26 Pero los dones que debas consagrar al Señor y los que ofrezcas en cumplimiento de un voto, irás a llevarlos al lugar que el Señor elija. 27 Allí harás el holocausto de la carne y de la sangre sobre el altar del Señor, tu Dios. En cuanto a tus sacrificios, la sangre será derramada sobre el altar del Señor, tu Dios, y tú comerás la carne. 28 Escucha atentamente todas estas cosas que yo te mando. Así serás feliz, tú y tus hijos después de ti, porque habrás realizado lo que es bueno y recto a los ojos del Señor, tu Dios. 

 Advertencia contra los cultos cananeos 29 Y cuando el Señor, tu Dios, extirpe a las naciones que tú vas a desposeer, cuando las desalojes y te instales en su territorio, 30 ten cuidado, no sea que caigas en una trampa. No sigas su ejemplo después que hayan desaparecido de tu presencia, ni hagas averiguaciones respecto de sus dioses, diciendo: «¿Cómo servían a sus dioses estas naciones para que yo pueda hacer lo mismo?». 31 No obres de esa manera con el Señor, tu Dios. Porque él considera abominable y detesta todo lo que ellas hacen para honrar a sus dioses, ya que llegan incluso a quemar a sus hijos y a sus hijas en homenaje a esos dioses.

1° Lectura. Hechos 1

Capítulo 1
En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo, 2 hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido. 3 Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se le apareció y les habló del Reino de Dios. 4 En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: «La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. 5 Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días». 6 Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?». 7 El les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad.

 8 Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra». 9 Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. 10 Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, 11 que les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir». 12 Los Apóstoles regresaron entonces del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está permitida recorrer en día sábado. 13 Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago. 14 Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos. 15 Uno de esos días, Pedro se puso de pie en medio de los hermanos –los que estaban reunidos eran alrededor de ciento veinte personas– y dijo: 16 «Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de David, habla de Judas, que fue el jefe de los que apresaron a Jesús. 17 El era uno de los nuestros y había recibido su parte en nuestro ministerio. 18 Pero después de haber comprado un campo con el precio de su crimen, cayó de cabeza, y su cuerpo se abrió, dispersándose sus entrañas. 19 El hecho fue tan conocido por todos los habitantes de Jerusalén, que ese campo fue llamado en su idioma Hacéldama, que quiere decir: «Campo de sangre». 20 En el libro de los Salmos está escrito: Que su casa quede desierta y nadie la habite. Y más adelante: Que otro ocupe su cargo. 21 Es necesario que uno de los que han estado en nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor Jesús permaneció con nosotros, 22 desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión, sea constituido junto con nosotros testigo de su resurrección». 23 Se propusieron dos: José, llamado Barsabás, de sobrenombre el Justo, y Matías. 24 Y oraron así: «Señor, tú que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de los dos elegiste 25 para desempeñar el ministerio del apostolado, dejado por Judas al irse al lugar que le correspondía». 26 Echaron suertes, y la elección cayó sobre Matías, que fue agregado a los once Apóstoles.

martes, 8 de abril de 2014

4° Lectura. 1° Macabeos 2:42-70

Entonces se les unió el grupo de los asideos, hombres valientes en Israel, todos ellos sinceramente fieles a la Ley. 43 También se les unieron y les prestaron su ayuda todos los que querían escapar de la opresión. 44 Así formaron una fuerza armada que comenzó a descargar su ira contra los pecadores y su furor contra los impíos. Los demás tuvieron que salvarse, huyendo a las naciones extranjeras. 45 Matatías y sus adeptos recorrieron el país, destruyendo altares, 46 y circuncidando por la fuerza a los niños incircuncisos que hallaron en el territorio de Israel. 47 Persiguieron a los arrogantes, y la campaña dio buenos resultados. 










48 De esa manera defendieron la Ley contra los paganos y sus reyes, y no permitieron que prevalecieran los malvados. 49 Cuando la vida de Matatías llegaba a su fin, este dijo a sus hijos: «Ahora reinan la insolencia y el ultraje, es tiempo de perturbación y de furor desencadenado. 50 Por lo tanto, hijos míos, ardan de celo por la Ley, dando la vida por al Alianza de nuestros padres 51 Recuerden las obras que realizaron nuestros padres en su tiempo: así alcanzarán una inmensa gloria y una ama imperecedera. 52 ¿Acaso Abraham no fue hallado fiel en la prueba y por eso Dios lo contó entre los justos? 53 José, en el momento de la angustia, observó la Ley, y así llegó a ser señor de Egipto. 54 Pinjás, nuestro padre, por su ardiente celo, recibió la alianza de un sacerdocio eterno. 55 Josué, por haber cumplido la palabra de Dios, llegó a ser juez en Israel. 56 Caleb, por haber dado testimonio ante la asamblea, recibió una herencia en el país. 57 David, por su piedad, heredó un trono real para siempre 58 Elías, por su ardiente celo por la Ley, fue arrebatado al cielo. 59 Ananías, Azarías y Misael, por haber confiado en Dios, fueron salvados de la llama. 60 Daniel, por su integridad, fue librado de las fauces de los leones. 61 Adviertan, entonces, que a lo largo de las generaciones los que esperan en él no sucumben jamás. 62 No teman las amenazas de un hombre pecador, porque su gloria acabará en podredumbre y gusanos. 63 hoy es exaltado y mañana desaparece, porque habrá vuelto al polvo de donde vino y sus proyectos quedarán frustrados. 64 Por eso, hijos míos, sean valientes, y manténganse firmes en el cumplimiento de la Ley, ya que gracias a ella serán colmados de gloria. 65 Ahí tienen a Simeón, su hermano. Yo sé que es hombre sensato: escúchenlo siempre, y hará las veces de padre. 66 Judas Macabeo ha sido valiente desde su juventud: que él sea el jefe del ejército y dirija la guerra contra los extranjeros. 67 Ustedes, por su parte, reúnan a todos los que practican la Ley y reivindiquen a nuestro pueblo. 68 Devuelvan a los paganos el mal que ellos les han hecho y observen los preceptos de la Ley». 69 Después los bendijo y fue a reunirse con sus padres. 70 Matatías murió el año ciento cuarenta y seis y fue sepultado en Modín, en el sepulcro de sus padres. Todo Israel hizo un gran duelo por él.

3° Lectura. Job 8

Capítulo 8
Bildad de Súaj replicó, diciendo: 2 ¿Hasta cuándo hablarás de esta manera y tus palabras serán un viento impetuoso? 3 ¿Acaso Dios distorsiona el derecho y el Todopoderoso tergiversa la justicia? 4 Si tus hijos pecaron contra él, él los dejó librados a sus propios delitos. 5 En cambio, si tú recurres a Dios e imploras al Todopoderoso, 6 si te mantienes puro y recto, seguramente, él pronto velará por ti y restablecerá tu morada de hombre justo. 7 Tus comienzos habrán sido poca cosa, frente a la grandeza de tu porvenir. 8 Interroga, si no, a las generaciones pasadas, considera lo que experimentaron sus padres. 9 Nosotros somos de ayer y no sabemos nada, nuestros días sobre la tierra son una sombra. 10 Ellos te instruirán y te hablarán, sacarán de su corazón estas palabras. 11 ¿Brota el papiro fuera de los pantanos? ¿Crece el junto donde no hay agua? 12 Tierno aún, y sin que nadie lo corte, se seca más pronto que cualquier otra hierba. 13 Tal es la suerte de los que olvidan a Dios, así perece la esperanza del impío. 14 Su confianza es apenas un hilo, su seguridad, una tela de araña. 15 Se apoya sobre su casa, y ella no resiste, se aferra a ella, y no queda en pie. 
 16 Ahí está lleno de savia ante los rayos del sol, sus retoños se extienden sobre su jardín; 17 sus raíces se entrelazan en el pedregal, se prenden al terreno rocoso. 18 Pero apenas lo arrancan de su sitio, este reniega de él, diciendo: «Nunca te vi». 19 ¡Esa es la buena suerte que le toca, mientras otro brota del polvo! 20 No, Dios no desdeña al hombre íntegro, ni toma de la mano a los malvados. 21 El llenará otra vez tu boca de risas y tus labios de aclamaciones jubilosas. 22 Los que te odian se cubrirán de vergüenza, y la carpa de los malvados no existirá más

2° Lectura. Deuteronomio 9-10

Capítulo 9
La victoria, obra del Señor
Escucha, Israel. Hoy vas a cruzar el Jordán, para desposeer a naciones más numerosas y fuertes que tú, y a grandes ciudades defendidas por murallas que se alzan hasta el cielo. 2 Son los anaquitas, un pueblo numeroso y de elevada estatura. Tú ya los conoces y has oído decir de ellos: «¿Quién es capaz de enfrentar a los anaquitas?». 3 Pero ten presente que desde hoy el Señor irá delante de ti como un fuego devorador, y los destruirá. El los someterá a ti para que puedas desposeerlos y hacerlos desaparecer rápidamente, como el Señor te lo ha prometido. 4 Y cuando el Señor, tu Dios, los arroje lejos de ti, no digas en tu corazón: «A causa de mi justicia, el Señor me ha puesto en posesión de esta tierra». Porque sólo por la perversidad de esas naciones, el Señor, tu Dios, las despoja ante ti. 5 No son ni tu justicia ni la rectitud de tu corazón las que te harán tomar posesión de esa tierra. todo lo contrario: es a causa de la maldad de esas naciones que el Señor las despoja ante ti, para cumplir la promesa que él juró a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob. 6 Reconoce, entonces, que el Señor no te da la posesión de esa hermosa tierra a causa de tu justicia, porque tú eres un pueblo obstinado. 


 Recuerdo de las rebeldías pasadas 7 Acuérdate de esto, no lo olvides: has irritado en el desierto al Señor, tu Dios. Desde el día en que salieron de Egipto hasta que llegaron a este lugar, ustedes han sido rebeldes al Señor. 8 Ya en el Horeb lo irritaron, y él se indignó tanto que estuvo a punto de destruirlos. 9 Eso sucedió cuando yo subí a la montaña para recibir las tablas de piedra, las tablas de la alianza que el Señor hizo con ustedes. Yo estuve arriba, en la montaña cuarenta días y cuarenta noches, sin comer ni beber. 10 Entonces el Señor me entregó las dos tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios, donde estaban todas las palabras que él les dirigió en la montaña, desde el fuego, el día de la asamblea. 11 Al cabo de esos cuarenta días, cuando el Señor me entregó las dos tablas de piedras, las tablas de la alianza. 12 me dijo: «Baja de la montaña ahora mismo, porque tu pueblo, ese que sacaste de Egipto, se ha pervertido. Ellos se apartaron rápidamente del camino que yo les había trazado y se han fabricado una estatua de metal fundido». 13 Después agregó» «Ya veo que este es un pueblo obstinado. 14 Por eso, déjame que los destruya y que borre de la tierra hasta su nombre. De ti, en cambio, suscitaré una nación más numerosa y fuerte que ellos». 15 Yo me di vuelta y bajé de la montaña, que ardía envuelta en llamas, llevando en mis manos las tablas de la alianza. 16 Entonces vi que ustedes habían pecado contra el Señor, su Dios, haciéndose un ternero de metal fundido y apartándose rápidamente del camino que él les había trazado. 17 Por eso tomé las dos tablas de piedras, las arrojé violentamente, y las hice añicos en presencia de todos. 

 La intercesión de Moisés 18 Luego me postré delante del Señor, y permanecí cuarenta días y cuarenta noches sin comer ni beber, como lo había hecho la vez anterior. Lo hice a causa de todos los pecados que ustedes habían cometido, haciendo lo que es malo a los ojos del Señor y provocando su enojo. 19 Porque yo sentía un gran temor ante la ira y la indignación del Señor que se había desatado contra ustedes, hasta el punto de querer aniquilarlos. Pero él me escuchó una vez más. 20 El Señor estaba tan irritado contra Aarón que quería destruirlo, y en aquella oportunidad también intercedí por él. 21 Y a esa obra del pecado, a ese ternero que ustedes habían fabricado, lo tomé, lo quemé y lo molí, hasta convertirlo en polvo muy fino, y después lo arrojé en el torrente que baja de la montaña. 

 Nuevas infidelidades de Israel 22 Además, ustedes irritaron al Señor en Taberá, en Masá y en Quibrot Hataavá. 23 Y cuando el Señor les ordenó que salieran de Cades Barné, diciéndoles. «Suban a tomar posesión de la tierra que yo les he dado», ustedes se rebelaron contra la orden del Señor, su Dios; no le tuvieron confianza ni le obedecieron. 24 Rebeldes! Eso es lo que ustedes han sido para con el Señor, su Dios, desde el día en que los conocí. 

 Nueva intercesión de Moisés 25 A pesar de todo, yo me postré delante del Señor y así estuve cuarenta días y cuarenta noches, porque el Señor amenazaba con destruirlos. 26 Entonces intercedí ante el Señor con estas palabras: «Señor, no destruyas al pueblo que es tu herencia, ese pueblo que tú has rescatado por tu grandeza, y que hiciste salir de Egipto con mano poderosa. 27 Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, tus servidores, y no tengas en cuenta la obstinación de este pueblo, ni su maldad, ni su pecado. 28 De lo contrario, se dirá en el país de donde nos hiciste salir: «El Señor es impotente para introducirlos en la tierra que les había prometido, y por el odio que les tiene, los sacó para hacerlos morir en el desierto». 29 Después de todo, ellos son tu pueblo y tu herencia, y tú los libraste con tu gran fuerza y tu brazo poderoso».

Capítulo 10
Las tablas de la Ley depositadas en el Arca
En aquel tiempo, el Señor me dijo: «Talla dos tablas de piedra iguales a las primeras y sube a la montaña para encontrarte conmigo. Construye también un arca de madera. 2 Yo escribiré en esas tablas las mismas palabras que estaban escritas en las que tú rompiste. Después las depositarás en el arca». 3 Hice un arca de madera de acacia, tallé dos tablas de piedra iguales a las primeras y subí a la montaña con las dos tablas en la mano. 4 Entonces el Señor escribió en ellas lo mismo que había escrito antes: las diez Palabras que había promulgado en la montaña, desde el fuego, el día de la asamblea. Cuando me las entregó, 5 yo me di vuelta, bajé de la montaña y deposité las tablas en el arca que había construido. Allí están todavía, como el Señor me lo ordenó. 

 La elección de los levitas 6 Los israelitas partieron de los pozos de Bené Iaacán y se dirigieron hacia Moserá. Allí murió y fue enterrado Aarón, y su hijo Eleazar lo sucedió en el ejercicio del sacerdocio. 7 Luego siguieron avanzando hasta Gudgodá, y de allí fueron a Jotbá, una región donde abundan los torrentes. 8 Entonces el Señor puso aparte a la tribu de Leví para que transportaba al Arca de la Alianza del Señor, para que estuviera en su presencia y lo sirviera, y para que bendijera en su Nombre, como lo ha venido haciendo hasta ahora. 9 Por eso Leví no tiene parte ni herencia entre sus hermanos: el Señor es su herencia, como él mismo se lo ha declarado. Moisés, intercesor y guía del pueblo 10 Yo estuve en la montaña cuarenta días y cuarenta noches, como lo había estado la vez anterior, y también esa vez me escuchó el Señor. El no quiso destruirte, 11 sino que me dijo: «Ve ahora mismo a ponerte al frente del pueblo, para que entren a tomar posesión de la tierra que juré dar a sus padres». 

 La fidelidad al Señor 12 Y ahora, Israel, esto es lo único que te pide el Señor, tu Dios: que lo temas y sigas todos sus caminos, que ames y sirvas al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma. 13 observando sus mandamientos y sus preceptos, que hoy te prescribo para tu bien. 14 Al Señor, tu Dios, pertenecen el cielo y lo más alto del cielo, la tierra y todo lo que hay en ella. 15 Sin embargo, sólo con tus padres se unió con lazos de amor, y después de ellos los eligió a ustedes, que son su descendencia, prefiriéndolos a todos los demás pueblos. 16 Por eso, circunciden sus corazones y no persistan en su obstinación, 17 Porque el Señor, su Dios, es el Dios de los dioses y el Señor de los señores, el Dios grande, valeroso y temible, que no hace acepción de personas ni se deja sobornar. 18 El hace justicia al huérfano y a la viuda, ama al extranjero y le da ropa y alimento. 19 También ustedes amarán al extranjero, ya que han sido extranjeros en Egipto. 20 Teme al Señor, tu Dios, y sírvelo; vive unido a él y jura por su Nombre. 21 El es tu gloria y tu Dios, y él realizó en tu favor esas tremendas hazañas de que fuiste testigo. 22 Porque cuando tus padres bajaron a Egipto, eran apenas setenta personas, y ahora el Señor te ha hecho numeroso como las estrellas del cielo.

1° Lectura. Mateo 28

Capítulo 28
Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. 2 De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Angel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. 4 Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos. 5 El Angel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. 6 No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, 7 y vayan en seguida a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán». Esto es lo que tenía que decirles». 8 Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos. 9 De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. 10 Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán». 11 Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. 12 Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, 13 con esta consigna: «Digan así: «Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos». 14 Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo». 
 15 Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy. 16 Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. 17 Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron. 18 Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. 19 Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo».