jueves, 27 de marzo de 2014

2° Lectura. Números 22

Capítulo 22
El primer llamado de Balac a Balaam
L
uego los israelitas reanudaron la marcha y fueron a acampar en las estepas de Moab, el otro lado del Jordán, a la altura de Jericó. 2 Balac, hijo de Sipor, vio todo lo que los israelitas habían hecho a los amorreos, 3 y los moabitas sintieron un gran temor a la vista de ese pueblo tan numeroso. Atemorizados por la presencia de los israelitas, 4 los moabitas dijeron a los ancianos de Madián: «Ahora esta turba va a devorarlo todo a nuestro alrededor como un buey devora la hierba del campo». Entonces Balac, hijo de Sipor, que era rey de Moab en aquel tiempo, 5 envió unos mensajeros a Balaam, hijo de Beor –que vivía en Petor, junto al Eufrates, en el país en Petor, junto al Eufrates, en el país de los descendientes de Amav– para que le hicieran esta invitación: «Un pueblo que salió de Egipto y cubrió toda la tierra se ha establecido frente a mí. 6 Ven, por favor, y maldíceme a este pueblo, porque es más fuerte que yo. Tal vez así podré derrotarlo y expulsarlo del país. Porque yo sé que el que tú bendices, queda bendecido, y el que maldices, queda maldecido». 7 Los ancianos de Moab y de Madián partieron, llevando la retribución para el adivino. Cuando se presentaron a Balaam y le transmitieron el mensaje de Balac, 8 Balaam les respondió: «Pasen aquí la noche, y yo les daré la respuesta que el Señor me inspire». Entonces los jefes de Moab se quedaron con Balaam. 9 Pero Dios se manifestó a Balaam y le dijo: «¿Quiénes son esos hombres que están contigo?». 10 Balaam respondió a Dios: «Balac, hijo de Sipor, rey de Moab, me envió este mensaje: 11 «Aquí hay un pueblo que salió de Egipto y cubrió toda la tierra. Por eso, ven a maldecírmelo. Tal vez así podré combatir contra él y expulsarlo». 12 Dios dijo a Balaam: «No vayas con ellos ni maldigas a ese pueblo, porque está bendecido». 13 A la mañana siguiente, Balaam se levantó y dijo a los jefes enviados por Balac: «Vuélvanse a su país, porque el Señor me prohíbe acompañarlos». 14 Entonces los jefes de Moab partieron, y cuando estuvieron de regreso dijeron a Balac: «Balaam se niega a venir con nosotros». El segundo llamado a Balaam 15 Entonces Balac envió otros jefes, más numerosos y distinguidos que los primeros. 16 Ellos se presentaron a Balaam y le dijeron: «Así habla Balac, hijo de Sipor: «Por favor, no te niegues a venir en mi ayuda. 17 Yo te colmaré de honores y haré todo lo que me digas. Te ruego que vengas y me maldigas a este pueblo». 18 Pero Balaam respondió a los servidores de Balac: «Aunque Balac me diera su casa llena de planta y oro, yo no podría transgredir, ni siguiera en lo más mínimo, una orden del Señor, mi Dios. 19 Con todo, quédense aquí también ustedes esta noche, y veré qué me dice el Señor esta vez». 20 Durante la noche, Dios se manifestó a Balaam y le dijo: «Si esta gente ha venido a buscarte, puedes ir con ellos. Pero no hagas nada fuera de lo que yo te ordene». 21 Por la mañana, Balaam se levantó, ensilló su asna y partió junto con los jefes de Moab. El encuentro de Balaam con el Ángel del Señor 22 Pero su partida encendió la ira de Dios, y el Angel del Señor se interpuso en el camino para cerrarle el paso. Balaam iba montado en su asna y lo acompañaban dos muchachos. 23 Cuando el asna vio al Angel del Señor parado en el camino, con la espada desenvainada en su mano, se apartó y se fue por el campo. Pero Balaam la castigó para hacerla volver al camino. 24 El Angel del Señor se paró entonces en un sendero angosto, que pasaba por los viñedos y estaba rodeado de los dos lados por un cerco. 25 Al verlo, el asna se fue contra el cerco y apretó el pie de Balaam que la castigó nuevamente. 26 Una vez más, el Angel del Señor se adelantó y fue a colocarse en un lugar tan estrecho, que imposible desviarse a la derecha o a la izquierda. 27 Cuando el asna lo vio, se echó al suelo debajo de Balaam, y este, enfurecido, la golpeó con su bastón. 28 Entonces el Señor abrió la boca del asna, y ella, dijo a Balaam: «¿Qué te hice para que me golpearas así tres veces?». 29 «¡Te estás burlando de mí!, respondió Balaam. Si tuviera una espada en mi mano, te mataría ahora mismo». 30 El asna le respondió: «¿Acaso yo no soy tu asna, la que siempre has montado hasta el día de hoy? ¿Acostumbro yo a tratarte de ese modo?». El respondió: «No». 
31 El Señor abrió los ojos de Balaam, y este vio al Angel del Señor parado en la camino, con la espada desenvainada en su mano; se inclinó y lo adoró con el rostro en tierra. 32 El Angel del Señor le dijo: «¿Por qué le has pegado tres veces a tu asna? Era yo el que te cerraba el paso, porque tu viaje me disgusta. 33 Ella me vio y se apartó de mí tres veces. Hizo muy bien en apartarse, porque de los contrario yo te hubiera matado, mientras que a ella la hubiera dejado con vida». 34 Balaam dijo al Angel del Señor: «He pecado, porque no sabía que tú estabas apostado delante de mí en el camino. Si esto te desagrada, ahora mismo regreso». 35 El Angel del Señor respondió a Balaam: «Ve con estos hombres, pero dirás solamente lo que yo te indique». Y Balaam se fue con los jefes que le había enviado Balac. La llegada de Balaam a Moab 36 Cuando Balac supo que Balaam estaba por llegar, fue a encontrarlo en Ar Moab, sobre la frontera del Arnón, en el límite de su territorio, 37 y le dijo: «Yo te mandé a llamar urgentemente. ¿Por qué no querías venir? ¿Acaso no dispongo de medios para colmarte de honores?». 38 Entonces Balaam respondió a Balac: «Aquí me tienes. Pero, ¿qué puedo decir yo ahora? Sólo diré la palabra que Dios ponga en mi boca». 39 Luego Balaam se fue con Balac. Llegados a Quiriat Jusot, 40 Balac inmoló vacas y ovejas y se las envió a Balaam, 41 y lo hizo subir a Bamot Baal, desde donde pudo ver a una parte del pueblo.

1° Lectura. Mateo 22:23-46

A
quel mismo día se le acercaron unos saduceos, que son los que niegan la resurrección, y le propusieron este caso: 24 «Maestro, Moisés dijo: "Si alguien muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda". 25 Ahora bien, había entre nosotros siete hermanos. El primero se casó y como murió sin tener hijos, dejó su esposa al hermano. 26 Lo mismo ocurrió con el segundo, después con el tercero, y así sucesivamente hasta el séptimo. 27 Finalmente, murió la mujer. 28 Respóndenos: cuando resuciten los muertos, ¿de cuál de los siete será esposa, ya que lo fue de todos?». 29 Jesús les dijo: «Están equivocados, porque desconocen las Escrituras y el poder de Dios. 30 En la resurrección ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que todos serán como ángeles en el cielo. 31 Y con respecto a la resurrección de los muertos, ¿no han leído la palabra de Dios, que dice: 32 "Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob"? ¡El no es un Dios de muertos, sino de vivientes!». 33 La multitud, que había oído esto, quedó asombrada de su enseñanza. 34 Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar, 35 y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: 36 «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?». 
 37 Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. 38 Este es el más grande y el primer mandamiento. 39 El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas». 41 Mientras los fariseos estaban reunidos, Jesús les hizo esta pregunta: 42 «¿Qué piensan acerca del Mesías? ¿De quién es hijo?». Ellos le respondieron: «De David». 43 Jesús les dijo: «¿Por qué entonces, David, movido por el Espíritu, lo llama "Señor", cuando dice: 44 "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies"? 45 Si David lo llama "Señor", ¿cómo puede ser hijo suyo?». 46 Ninguno fue capaz de responderle una sola palabra, y desde aquel día nadie se atrevió a hacerle más preguntas.


miércoles, 26 de marzo de 2014

3° Lectura. Cantares 1 - 2: 1-7

E
l Canto más hermoso, de Salomón. 

 [La Amada] 
2 ¡Que me bese ardientemente con su boca! Porque tus amores son más deliciosos que el vino; 3 sí, el aroma de tus perfumes es exquisito, tu nombre es un perfume que se derrama: por eso las jóvenes se enamoran de ti. 4 Llévame contigo: ¡corramos! El rey me introdujo en sus habitaciones: ¡gocemos y alegrémonos contigo, celebremos tus amores más que el vino! ¡Cuánta razón tienen para amarte! 5 Soy morena, pero hermosa, hijas de Jerusalén, como los campamentos de Quedar, como las carpas de Salmá. 6 ¡No se fijen en mi tez morena: he sido tostada por el sol. Los hijos de mi madre se irritaron contra mí, me pusieron a cuidar las viñas, ¡y a mi propia viña no la pude cuidad! 7 Dime, amado de mi alma, dónde llevas a pastar el rebaño, dónde lo haces descansar al mediodía, para que yo no ande vagando junto a los rebaños de tus compañeros. 

 [Coro] 
 8 Si tú no lo sabes, ¡la más bella de las mujeres! sigue las huellas del rebaño y lleva a pastar tus cabritos junto a las cabañas de los pastores. 

[El Amado]
 9 Yo te comparo, amada mía, a una yegua uncida al carro del Faraón. 10 ¡qué hermosa son tus mejillas entre los aros y tu cuello entre los collares! 11 Te haremos pendientes de oro, con incrustaciones de plata.

 [La Amada]
 12 Mientras el rey está en su diván, mi nardo exhala su perfume. 13 Mi amado es para mí una bolsita de mirra que descansa entre mis pechos. 14 Mi amado es para mí un racimo de alheña en las viñas de Engadí. 

 [El Amado] 
 15 ¡Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa eres! ¡Tus ojos son palomas! 

[La Amada]
 16 ¡Qué hermoso eres, amado mío, eres realmente encantador! ¡Qué frondoso es nuestro lecho! 17 Las vigas de nuestra casa son los cedros y nuestro artesonado, los cipreses.

Capítulo 2

Y


o soy el narciso de Sarón, el lirio de los valles.

[El Amado]
2 Como un lirio entre los cardos es mi amada entre las jóvenes.

[La Amada]
3 Como un manzano entre los árboles silvestres, es mi amado entre los jóvenes: yo me senté a su sombra tan deseada y su fruto es dulce a mi paladar.
4 El me hizo entrar en la bodega y enarboló sobre mí la insignia del Amor.
5 Reconfórtenme con pasteles de pasa, reanímenme con manzanas, porque estoy enferma de amor.
6 Su izquierda sostiene mi cabeza y con su derecha me abraza.

[El Amado]
7 ¡Júrenme, hijas de Jerusalén, por las gacelas y las ciervas del campo, que no despertarán ni desvelarán a mi amor, hasta que ella quiera!

2° Lectura. Números 21

Capítulo 21
La conquista de Jormá

C
uando el cananeo, rey de Arad, que habitaba en el Négueb, supo que Israel llegaba por el camino de Atarím, lo atacó y se llevó algunos prisioneros. 2 Entonces Israel hizo este voto al Señor: «Si pones a este pueblo en nuestra manos, consagraremos sus ciudades al exterminio total». 3 El Señor oyó la súplica de Israel y les entregó a los cananeos, que fueron consagrados al exterminio, junto con sus ciudades. Por eso aquel lugar se llamó Jormá.

 La serpiente de bronce 4 Los israelitas partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para bordear el territorio de Edom. Pero en el camino, el pueblo perdió la paciencia 5 y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!». 6 Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas. 7 El pueblo acudió a Moisés y le dijo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes». Moisés intercedió por el pueblo, 8 y el Señor le dijo: «Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado». 9 Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado. 

 Las etapas hacia la Transjordania 10 Los israelitas partieron y acamparon en Obot. 11 Luego siguieron avanzando y acamparon en Iyé Ha Abarím, en el desierto que está en el límite con Moab, hacia oriente. 12 Partiendo de allí, acamparon junto al torrente Zéred. 13 Después continuaron avanzando y acamparon más allá del Arnón, en el desierto que se extiende desde el territorio de los amorreos, porque el Arnón sirve de frontera entre Moab y los amorreos. 14 Por eso, el Libro de las Guerras del Señor habla de «...Vaheb en Sufá, y los torrentes; el Arnón, 15 con sus afluentes, que se extiende hasta el territorio de Moab...». 16 De allí partieron para Beer, el pozo donde el Señor dijo a Moisés: «Reúne al pueblo y le daré agua». 17 Entonces Israel entonó este canto: «¡Surge, Pozo! ¡Entónenle un canto! 18 Pozo que cavaron los jefes, que perforaron los nobles del pueblo, con sus cetros, con sus bastones». De Mibdar fueron a Mataná, 19 de Mataná a Najaliel, de Najaliel a Bamot, 20 y de Bamot al valle que está en el campo de Moab, hacia la cima del Pisgá, dominando el desierto. La derrota de Sijón, rey de los amorreos 21 Israel envió unos mensajeros a Sijón, rey de los amorreos, con esta propuesta: 22 «Déjame pasar por tu país. No nos desviaremos hacia los campos o los viñedos, ni beberemos agua de los pozos. Iremos por el camino principal, hasta que hayamos atravesado tu territorio». 23 Sijón no permitió que Israel pasara por su territorio, sino que reunió todas sus fuerzas y fue a combatir contra Israel en el desierto. Cuando llegó a Iahás, presentó batalla a Israel, 24 pero Israel lo pasó al filo de la espada y se apoderó de su territorio, desde el Arnón hasta el Iaboc, y hasta Az de los amonitas, porque Az servía de frontera con los amonitas. 25 Israel se apoderó de todas esas ciudades, y se estableció en las ciudades de los amorreos, en Jesbón y en sus ciudades dependientes. 26 Jesbón era la ciudad de Sijón, el rey de los amorreos que había luchado contra un rey anterior de Moab y le había arrebatado su territorio hasta el Arnón. 27 Por eso los poetas recitan: «¡Vengan a Jesbón! Que sea reconstruida, que sea restaurada la ciudad de Sijón. 28 Porque ha salido fuego de Jesbón, una llamarada de la ciudad de Sijón, que consumió a Ar de Moab y a los jefes de las alturas del Arnón. 29 ¡Ay de ti, Moab! ¡Estás perdido, pueblo de Quemós! El puso en fuga a sus hijos, e hizo prisioneras a sus hijas en manos de Sijón, un rey amorreo. 30 Los hemos traspasado a flechazos, está en ruinas Jesbón hasta Dibón; hemos arrasado hasta Nofaj, que está junto a Mádaba». 31 De esta manera, Israel ocupó el país de los amorreos. 32 Luego Moisés mandó a explorar Iázer, y los israelitas conquistaron las ciudades dependientes de ella, y despojaron a los amorreos que estaban allí. La derrota de Og, rey de Basán 33 Cuando reanudaron la marcha y avanzaron en dirección a Basán, Og, rey de Basán, les salió al encuentro con todas sus tropas, para presentarles batalla en Edrei. 34 Entonces el Señor dijo a Moisés: «No le tengas miedo, porque yo lo puse en tus manos con todo su pueblo y todo su territorio. Harás con él lo mismo que hiciste con Sijón, el rey de los amorreos que habitaba en Jesbón». 35 Los israelitas lo derrotaron, a él a sus hijos y a todo su pueblo, sin dejar ningún sobreviviente. Así se apoderaron de su territorio.




1° Lectura. Mateo 22:1-22

J
esús les habló otra vez en parábolas, diciendo: 2 «El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. 3 Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. 4 De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: "Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas". 5 Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; 6 y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. 7 Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. 8 Luego dijo a sus servidores: "El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. 
 9 Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren". 10 Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. 11 Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. 12 "Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?". El otro permaneció en silencio. 13 Entonces el rey dijo a los guardias: "Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes". 14 Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos». 15 Los fariseos se reunieron entonces para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones. 16 Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque tú no te fijas en la categoría de nadie. 17 Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?». 18 Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa? 19 Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto». Ellos le presentaron un denario. 20 Y él les preguntó: «¿De quién es esta figura y esta inscripción?». 21 Le respondieron: «Del César». Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios». 22 Al oír esto, quedaron admirados y, dejando a Jesús, se fueron.


martes, 25 de marzo de 2014

4° Lectura. Judit 13

C
uando se hizo tarde, sus ayudantes se retiraron inmediatamente, Bagoas cerró la carpa por fuera, después de hacer salir a los que estaban con su señor, y todos se fueron a dormir, rendidos porque habían bebido demasiado. 2 Sólo Judit quedó en la carpa, mientras Holofernes, completamente ebrio, yacía tendido en su lecho. 3 Judit mandó a su servidora que se quedara fuera de su dormitorio y que la esperara a la salida como todos los días, porque había dicho que saldría para hacer oración y había hablado en el mismo sentido a Bagoas. 4 Cuando todos ya se habían retirado de la carpa, y no quedaba nadie dentro de ella, ni grande ni pequeño, Judit, de pie junto al lecho de Holofernes, dijo en su corazón: «Señor, Dios todopoderoso, mira favorablemente en esta hora lo que voy a hacer para la exaltación de Jerusalén. 5 Ha llegado el momento de acudir en ayuda de tu herencia, y de realizar lo que me había propuesto para aplastar a los enemigos que se alzaron contra nosotros». 6 Judit se aproximó entonces a la barra del lecho que estaba junto a la cabeza de Holofernes, descolgó de allí su espada, 
 7 y acercándose al lecho, lo tomó por la cabellera y exclamó: «¡Fortaléceme en esta hora, Dios de Israel!». 8 Luego le asestó dos golpes en el cuello con todas sus fuerzas y le cortó la cabeza. 9 Hizo rodar el cuerpo desde el lecho y arrancó el cortinado de las columnas. Poco después, salió y entregó a su servidora la cabeza de Holofernes. 10 Esta la metió en la bolsa de las provisiones, y las dos salieron juntas, como lo hacían habitualmente para la oración. Atravesaron el campamento y, bordeando el barranco, subieron la pendiente de Betulia hasta llegar a sus puertas. 11 Judit gritó desde lejos a los guardias de las puertas: «¡Abran, abran las puertas! Dios, nuestro Dios, está con nosotros para manifestar todavía su fuerza en Israel y su poder contra nuestros enemigos, como lo ha hecho hoy». 12 Apenas escucharon su voz, la gente de la ciudad se apresuró a bajar a las puertas, y convocaron a los ancianos de la ciudad . 13 Todos acudieron rápidamente, desde el más pequeño hasta el más grande, porque les parecía increíble que hubiera vuelto. Abrieron las puertas para recibirlas, encendieron una hoguera para poder ver y se agolparon alrededor de ellas. 14 Judit les dijo en voz alta: «¡Alaben, alaben a Dios! Alaben a Dios, que no ha retirado su fidelidad del pueblo de Israel, sino que, por mi intermedio, ha destrozado esta noche a sus enemigos». 15 Entonces sacó la cabeza de la bolsa y la mostró, diciendo: «Aquí está la cabeza de Holofernes, el general en jefe de los ejércitos asirios, y este es el cortinado bajo el cual estaba tendido completamente ebrio. ¡El Señor lo ha matado por la mano de una mujer! 16 ¡Por la vida del Señor, que me protegió en el camino que recorrí! Mi rostro lo sedujo para su perdición, pero él no cometió conmigo ningún pecado que me manchara o me deshonrara». 17 Todo el pueblo quedó fuera de sí y, postrándose, adoraron a Dios y exclamaron unánimemente: «Bendito eres, Dios nuestro, porque hoy has aniquilado a los enemigos de tu pueblo». 18 Ozías, por su parte, dijo a Judit: «Que el Dios Altísimo te bendiga, hija mía, más que a todas las mujeres de la tierra; y bendito sea el Señor Dios, creador del cielo y de la tierra, que te ha guiado para cortar la cabeza del jefe de nuestros enemigos. 19 Nunca olvidarán los hombres la confianza que has demostrado y siempre recordarán el poder de Dios. 20 Que Dios te exalte para siempre, favoreciéndote con sus bienes. Porque no vacilaste en exponer tu vida, al ver la humillación de nuestro pueblo, sino que has conjurado nuestra ruina, procediendo resueltamente delante de nuestro Dios». Y todo el pueblo añadió: «¡Amén! ¡Amén!».


3° Lectura. Eclesiastés 11:9-10 - 12

A
légrate, muchacho, mientras eres joven, y que tu corazón sea feliz en tus años juveniles. Sigue los impulsos de tu corazón y lo que es un incentivo para tus ojos; pero ten presente que por todo eso Dios te llamará a juicio. 10 Aparta de tu corazón la tristeza y aleja de tu carne el dolor, porque la juventud y la aurora de la vida pasan fugazmente.

Capítulo 12


A
cuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los días penosos y vengan los años en los que dirás: «No encuentro en ellos ningún placer»; 2 antes que se oscurezcan el sol y la luz, la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes cargadas de lluvia. 3 En aquel día temblarán los guardianes de la casa y se encorvarán los hombres vigorosos; se detendrán las moledoras, que ya serán pocas, y se oscurecerán las que miran por las ventanas; 4 se cerrarán las puertas de la calle, mientras declina el ruido del molino; cesará el canto de los pájaros y enmudecerán las que entonan canciones. 5 Entonces se temerán las cuestas empinadas y los terrores acecharán por el camino. El almendro estará florecido, se pondrá pesada la langosta y la alcaparra perderá su eficacia. Porque el hombre se va a su morada eterna, mientras las plañideras rondan por la calle. 6 Sí, acuérdate de él antes que se corte la hebra de plata y se quiebre la ampolla de oro, antes que se haga pedazos el cántaro en la fuente y se rompa la cuerda del aljibe; 7 antes que el polvo vuelva a la tierra, como lo que es, y el aliento vuelva a Dios, porque es él quien lo dio. 8 ¡Vanidad, pura vanidad!, dice Cohélet. ¡Nada más que vanidad! 9 Cohélet, además de ser sabio, también enseñó la ciencia al pueblo; él pesó, examinó y ajustó numerosos proverbios. 10 Cohélet trató de encontrar sentencias agradables y escribió exactamente palabras verdaderas 11 Los dichos de los sabios son como aguijones y las colecciones de sentencias, como mojones bien plantados, dones de un solo pastor. 12 Una advertencia más, hijo mío: multiplicar los libros es una cosa interminable y estudiar demasiado deja el cuerpo exhausto. 13 En conclusión: una vez oído todo esto, teme al Señor y observa sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre. 14 Dios llevará a juicio todas las obras, aun loa que está escondido, sea bueno o malo.