lunes, 21 de abril de 2014
2° Lectura. Josué 1-2
1° Lectura. Hechos 8:26-40
El Angel del Señor dijo a Felipe: «Levántate y ve hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza: es un camino desierto».
27 El se levantó y partió. Un eunuco etíope, ministro del tesoro y alto funcionario de Candace, la reina de Etiopía, había ido en peregrinación a Jerusalén
28 y se volvía, sentado en su carruaje, leyendo al profeta Isaías.
29 El Espíritu Santo dijo a Felipe: «Acércate y camina junto a su carro».
30 Felipe se acercó y, al oír que leía al profeta Isaías, le preguntó: «¿Comprendes lo que estás leyendo?».
31 El respondió: «¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?». Entonces le pidió a Felipe que subiera y se sentara junto a él.
32 El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era el siguiente: "Como oveja fue llevado al matadero; y como cordero que no se queja ante el que lo esquila, así él no abrió la boca.
33 En su humillación, le fue negada la justicia. ¿Quién podrá hablar de su descendencia, ya que su vida es arrancada de la tierra?"
34 El etíope preguntó a Felipe: «Dime, por favor, ¿de quién dice esto el Profeta? ¿De sí mismo o de algún otro?».
35 Entonces Felipe tomó la palabra y, comenzando por este texto de la Escritura, le anunció la Buena Noticia de Jesús.
36 Siguiendo su camino, llegaron a un lugar donde había agua, y el etíope dijo: «Aquí hay agua, ¿qué me impide ser bautizado?».
37 [Felipe dijo: «Si crees de todo corazón, es posible». «Creo, afirmó, que Jesucristo es el Hijo de Dios».]
38 Y ordenó que detuvieran el carro; ambos descendieron hasta el agua, y Felipe lo bautizó.
39 Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor, arrebató a Felipe, y el etíope no lo vio más, pero seguía gozoso su camino.
40 Felipe se encontró en Azoto, y en todas las ciudades por donde pasaba iba anunciando la Buena Noticia, hasta que llegó a Cesarea.
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domingo, 20 de abril de 2014
4° Lectura. 1° Macabeos 5:37-68
3° Lectura. Job 20
Sofar de Naamá respondió, diciendo:
2 Mis pensamientos me obligan a replicar, porque no puedo dominar mi excitación.
3 Tengo que oír reproches injuriosos, pero mi inteligencia me inspira una respuesta.
4 ¿No sabes acaso que desde siempre, desde que el hombre fue puesto sobre la tierra,
5 el júbilo de los malvados acaba pronto y la alegría del impío dura sólo un instante?
6 Aunque su altura se eleve hasta el cielo y llegue a tocar las nubes con la cabeza,
7 él perece para siempre, como sus excrementos, y sus conocidos preguntan: «¿Dónde está?».
8 Huye como un sueño, y nadie lo encuentra, desechado como una visión nocturna,
9 El ojo que lo miraba no lo ve más, el lugar que ocupaba lo pierde de vista.
10 Sus hijos indemnizan a los que él empobreció y sus propias manos restituyen las riquezas
11 El vigor juvenil que llenaba sus huesos yace con él en el polvo.
12 El mal era dulce a su boca y él lo disimulaba bajo su lengua;
13 lo saboreaba y no lo soltaba, lo retenía en medio de su paladar;
14 pero su comida se corrompe en las entrañas, es un veneno de víboras dentro de él.
15 Tiene que vomitar las riquezas que tragó, Dios se las arranca de su vientre.
16 ¡El mamaba veneno de serpientes y lo mata la lengua de la víbora!
17 Ya no ve más los arroyos de aceite ni los torrentes de miel y leche cuajada.
18 Devuelve las ganancias sin tragarlas, y no disfruta de lo que lucró con sus negocios,
19 porque oprimió y dejó sin amparo a los pobres, y usurpó casas que no había edificado.
20 Su voracidad no conocía descanso y nada escapaba a sus deseos;
21 nadie se libraba de su avidez, por eso no dura su prosperidad.
22 En el colmo de la abundancia, lo asalta la angustia, le sobrevienen toda clase de desgracias.
23 Mientras él llena su vientre, Dios descarga el ardor de su ira y hace llover el fuego de su enojo sobre él.
24 Si escapa del arma de hierro, lo traspasa el arco de bronce:
25 la flecha le sale por la espalda, y la punta fulgurante por el hígado. Lo invaden los terrores,
26 todas las tinieblas están reservadas para él, lo consume un fuego que nadie atiza y que devora lo que aún queda de su carpa.
27 Los cielos revelan su iniquidad y la tierra se levanta contra él.
28 Un diluvio se lleva su casa, una correntada, en el día de la ira.
29 Esta es la porción que Dios asigna al malvado, la herencia que le tiene destinada.
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2° Lectura. Deuteronomio 33-34
1° Lectura. Hechos 8: 1-25
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