lunes, 3 de febrero de 2014

4° Lectura 3/02/2014 TOBÍAS 2

1 Durante el reinado de Asaradón regresé a mi casa y me devolvieron a mi mujer Ana y a mi hijo Tobías. En nuestra fiesta de Pentecostés, que es la santa fiesta de las siete Semanas, me prepararon una buena comida y yo me dispuse a comer.
2 Cuando me encontré con la mesa llena de manjares, le dije a mi hijo Tobías: «Hijo mío, ve a buscar entre nuestros hermanos deportados en Nínive a algún pobre que se acuerde de todo corazón del Señor, y tráelo para que comparta mi comida. Yo esperaré hasta que tú vuelvas».
3 Tobías salió a buscar a un pobre entre nuestros hermanos, pero regresó, diciéndome: «¡Padre!». Yo le pregunté: «¿Qué te pasa, hijo?». Y él agregó: «Padre, uno de nuestro pueblo ha sido asesinado: lo acaban de estrangular en la plaza del mercado, y su cadáver está tirado allí».
4 Entonces me levanté rápidamente, y, sin probar la comida, fue a retirar el cadáver de la plaza, y lo deposité en una habitación para enterrarlo al atardecer.
5 Al volver, me lavé y me puse a comer muy apenado,
6 recordando las palabras del profeta Amós contra Betel: «Sus fiestas se convertirán en duelo y todos sus cantos en lamentaciones».
7 Y me puse a llorar. A la caída del sol, cavé una fosa y enterré el cadáver.
8 Mis vecinos se burlaban de mí, diciendo: «¡Todavía no ha escarmentado! Por este mismo motivo ya lo buscaron para matarlo. ¡Apenas pudo escapar, y ahora vuelve a enterrar a los muertos!».
9 Aquella misma noche, después de bañarme, salí al patio y me acosté a dormir junto a la pared, con la cara descubierta a causa del calor.
10 Yo no sabía que arriba, en la pared, había unos gorriones; de pronto, su estiércol caliente cayó sobre mis ojos, produciéndome unas manchas blancas. Me hice atender por los médicos, pero cuantos más remedios me aplicaban, menos veías a causa de las manchas, hasta que me quedé completamente ciego. Así estuve cuatro años privado de la vista, y todos mis parientes estaban afligidos. Ajicar me proveyó de lo necesario durante dos años, hasta que partió para Elimaida.
11 Desde ese momento, mi esposa Ana empezó a trabajar en labores femeninas: hilaba lana,
12 enviaba el tejido a sus clientes y recibía el pago correspondiente. Una vez, el siete del mes de Distros, terminó un tejido y lo entregó a sus clientes. Estos el pagaron lo que correspondía y, además, le regalaron un cabrito para comer.
13 Cuando entró en mi casa, el cabrito comenzó a balar. Yo llamé a mi mujer y le pregunté: «¿De dónde salió este cabrito? ¿No habría sido robado? Devuélvelo a sus dueños, porque no podemos comer nada robado»,
14 Ella me respondió: «¡Pero si es un regalo que me han hecho, además del pago!». Yo no le creí e insistía en que lo devolviera a sus dueños, llegando a enojarme con ella por este asunto. Entonces ella me replicó: «¿Para qué te sirvieron tus limosnas y tus obras de justicia? ¡Ahora se ve bien claro!».

3°Lectura 3/02/2014 SALMO 34


De David. Cuando se fingió demente delante de Abimélec, y tuvo que irse, echado por él.
2 [Alef] Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
3 [Bet] Mi alma se gloría en el Señor;
que lo oigan los humildes y se alegren.
4 [Guímel] Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
5 [Dálet] Busqué al Señor: él me respondió
y me libró de todos mis temores.
6 [He] Miren hacia él y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
7 [Zain] Este pobre hombre invocó al Señor:
él lo escuchó y los salvó de sus angustias.
8 [Jet] El Angel del Señor acampa
en torno de sus fieles, y los libra.
9 [Tet] ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en él se refugian!
10  [Iod] Teman al Señor, todos sus santos,
porque nada faltará a los que lo temen.
11 [Caf] Los ricos se empobrecen y sufren hambre,
pero los que buscan al Señor no carecen de nada.
12 [Lámed] Vengan, hijos, escuchen:
voy a enseñarles el temor del Señor.
13 [Mem] ¿Quién es el hombre que ama la vida
y desea gozar de días felices?
14 [Nun] Guarda tu lengua del mal,
y tus labios de palabras mentirosas.
15 [Sámec] Apártate del mal y practica el bien,
busca la paz y sigue tras ella.
16 [Ain] Los ojos del Señor miran al justo
y sus oídos escuchan su clamor;
17 [Pe] pero el Señor rechaza a los que hacen el mal
para borrar su recuerdo de la tierra.
18 [Sade] Cuando ellos claman, el Señor los escucha
y los libra de todas sus angustias.
19 [Qof] El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos.
20 [Res] El justo padece muchos males,
pero el Señor lo libra de ellos.
21 [Sin] El cuida todos sus huesos,
no se quebrará ni uno solo.
22 [Tau] La maldad hará morir al malvado,
y los que odian al justo serán castigados;
23 [Vau] Pero el Señor rescata a sus servidores,
y los que se refugian en él no serán castigados.

2° Lectura 3/02/2014 Génesis 43



1 El hambre continuaba asolando el país.

2 Y cuando se agotaron los víveres que habían traído de Egipto, su padre les dijo: «Regresen a Egipto a comprarnos un poco de comida».
3 Pero Judá le respondió: «Aquel hombre nos advirtió expresamente que no nos presentáramos delante de él, si nuestro hermano no nos acompañaba.
4 Si tú dejas partir a nuestro hermano con nosotros, bajaremos a comprarte comida;
5 pero si no lo dejas, no podremos ir, porque el hombre nos dijo: «No vengan a verme si su hermano no los acompaña».
6 Entonces Israel dijo: «¿Por qué me han causado este dolor, diciendo a este hombre que tenían otro hermano?».
7 Ellos respondieron: «El comenzó a hacernos preguntas sobre nosotros y sobre nuestra familia. «El padre de ustedes ¿vive todavía? ¿Tienen otro hermano?». Nosotros nos limitamos a responder a sus preguntas. ¿Cómo nos íbamos a imaginar que él nos diría: «Traigan aquí a su hermano»?».
8 Entonces Judá dijo a su padre Israel: «Envía al muchacho bajo mi responsabilidad, y ahora mismo nos pondremos en camino para poder sobrevivir. De lo contrario moriremos nosotros, tú y nuestros niños.
9 Yo respondo por él, y tendrás que pedirme cuentas a mí. Si no te lo traigo y lo pongo delante de tus ojos, seré culpable ante ti todo el resto de mi vida.
10 Ya estaríamos de vuelta dos veces, si no nos hubiéramos entretenido tanto».
11 Ya que tiene que ser así, continuó diciendo Israel, hagan lo siguiente: Pongan en sus equipajes los mejores productos del país, y regalen a aquel hombre un poco de bálsamo y un poco de miel, goma tragacanto, mirra, nueces y almendras.
12 Tomen además una doble cantidad de dinero, porque ustedes tendrán que restituir la suma que les pusieron junto a la abertura de la bolsa. Tal vez se trate de una equivocación.
13 Lleven también a su hermano, y vuelvan cuanto antes a ver a ese hombre.
14 Que el Dios Todopoderoso lo mueva a compadecerse de ustedes, y él les permita traer a su hermano, lo mismo que a Benjamín. Yo, por mi parte, si tengo que verme privado de mis hijos, estoy dispuesto a soportarlo».
15 Ellos recogieron los regalos, tomaron una doble cantidad de dinero, y bajaron a Egipto llevándose a Benjamín. En seguida fueron a presentarse delante de José,
16 y cuando este vio que venían con Benjamín, dijo a su mayordomo: «Lleva a estos hombres a casa. Mata un animal y prepáralo, porque hoy al mediodía comerán conmigo».
17 El mayordomo hizo lo que José le había ordenado y los condujo hasta la casa.
18 Pero ellos, al ser llevados a la casa de José, se llenaron de temor y dijeron: «Nos traen aquí a causa del dinero que fue puesto en nuestras bolsas la vez anterior. No es más que un pretexto para atacarnos y convertirnos en esclavos, junto con nuestros animales».
19 Entonces se acercaron al mayordomo de José y le hablaron a la entrada de la casa,
20 diciéndole: «Perdón, señor, nosotros ya estuvimos aquí una vez para abastecernos de víveres.
21 Pero cuando acampamos para pasar la noche, abrimos nuestras bolsas y resultó que el dinero de cada uno estaba junto a la abertura de su bolsa. Era exactamente la misma cantidad que habíamos pagado. Ahora tenemos esa suma aquí con nosotros,
22 y además hemos traído dinero para adquirir nuevas provisiones. No sabemos quién puso el dinero en nuestras bolsas».
23 Pero él respondió: «Quédense tranquilos, no teman. Su Dios y el Dios de su padre les puso ese dinero en las bolsas. La suma que ustedes pagaron está en mi poder». Y en seguida les presentó a Simeón.
24 El mayordomo introdujo a los hombres en la casa de José, les trajo agua para que se lavaran los pies y les dio pasto para los animales.
25 Ellos prepararon los regalos, esperando la llegada de José al mediodía, porque ya les había avisado que comería allí.
26 Cuando José entró en la casa, le presentaron los regalos que traían y se postraron ante él con el rostro en tierra.
27 José los saludó y les dijo: «El anciano padre de que me hablaron, ¿vive todavía? ¿Cómo está?».
28 «Nuestro padre, tu servidor, vive todavía y goza de buena salud», le respondieron; e inclinándose, se postraron.
29 Al levantar los ojos, José vio a Benjamín, el hijo de su misma madre, y preguntó: «¿Es este el hermano menor de que me habían hablado?». Y añadió: «Que Dios te favorezca, hijo mío».
30 José salió precipitadamente porque se conmovió a la vista de su hermano y no podía contener las lágrimas. Entró en una habitación y lloró.
31 Después se lavó la cara, volvió y, tratando de dominarse, ordenó que sirvieran la comida.
32 Sirvieron en mesas separadas a José, a sus hermanos, y a los egipcios que comían con él, porque los egipcios no pueden comer con los hebreos: es una abominación para ellos.
33 Cuando se sentaron frente a José, por orden de edad, de mayor a menor, sus hermanos se miraron con asombro unos a otros.
34 El les hizo servir de su misma mesa, y la porción de Benjamín era varias veces mayor que la de los demás. Todos bebieron y se alegraron con él.

1° Lectura 3/02/2014 LUCAS 24:1-12

1 El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado.
2 Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro
3 y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
4 Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes.
5 Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?
6 No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea:
7 «Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día».
8 Y las mujeres recordaron sus palabras.
9 Cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a los Once y a todos los demás.
10 Eran María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que las acompañaban. Ellas contaron todo a los Apóstoles,
11 pero a ellos les pareció que deliraban y no les creyeron.
12 Pedro, sin embargo, se levantó y corrió hacia el sepulcro, y al asomarse, no vio más que las sábanas. Entonces regresó lleno de admiración por que había sucedido.

Lecturas del 3 de Febrero


domingo, 2 de febrero de 2014

3° Lectura 2/02/2014 SALMO 33

1 Aclamen, justos, al Señor;
es propio de los buenos alabarlo.

2 Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas;
3 entonen para él un canto nuevo,
toquen con arte, profiriendo aclamaciones.
4 Porque la palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
5 él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor.
6 La palabra del Señor hizo el cielo,
y el aliento de su boca, los ejércitos celestiales;
7 él encierra en un cántaro las aguas del mar
y pone en un depósito las olas del océano.
8 Que toda la tierra tema al Señor,
y tiemblen ante él los habitantes del mundo;
9 porque él lo dijo, y el mundo existió,
él dio una orden, y todo subsiste.
10 El Señor frustra el designio de las naciones
y deshace los planes de los pueblos,
11 pero el designio del Señor permanece para siempre,
y sus planes, a lo largo de las generaciones.
12 ¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se eligió como herencia!
13 El Señor observa desde el cielo
y contempla a todos los hombres;
14 él mira desde su trono
a todos los habitantes de la tierra;
15 modela el corazón de cada uno
y conoce a fondo todas sus acciones.
16 El rey no vence por su mucha fuerza
ni se libra el guerrero por su gran vigor;
17 de nada sirven los caballos para la victoria:
a pesar de su fuerza no pueden salvar.
18 Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
19 para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia.
20 Nuestra alma espera en el Señor;
él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
21 Nuestro corazón se regocija en él:
nosotros confiamos en su santo Nombre.
22 Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,
conforme a la esperanza que tenemos en ti.

2° Lectura 2/02/2014 GÉNESIS 42



El primer viaje de los hermanos de José a Egipto
1 Cuando Jacob se enteró de que en Egipto vendían cereales, preguntó a sus hijos: «¿Por qué se quedan ahí, mirándose unos a otros?».
2 Luego añadió: «He oído que en Egipto venden cereales. Vayan allí y compren algo para nosotros. Así podremos sobrevivir y no moriremos».
3 Entonces, diez de los hermanos de José bajaron a Egipto para abastecerse de cereales;
4 pero Jacob no dejó que Benjamín, el hermano de José fuera con ellos, por temor a que le sucediera una desgracia.
5 Así llegaron los hijos de Israel en medio de otra gente que también iba a procurarse víveres, porque en Canaán se pasaba hambre.
El primer encuentro de José con sus hermanos
6 José tenía plenos poderes sobre el país y distribuía raciones a toda la población. Sus hermanos se presentaron ante él y se postraron con el rostro en tierra.
7 Al verlos, él los reconoció en seguida, pero los trató como si fueran extraños y les habló duramente. «¿De dónde vienen?», les preguntó. Ellos respondieron: «Venimos de Canaán para abastecernos de víveres».
8 Y al reconocer a sus hermanos, sin que ellos lo reconocieran a él,
9 José se acordó de los sueños que había tenido acerca de ellos. Entonces les dijo: «Ustedes son espías, y han venido a observar las zonas desguarnecidas del país».
10 «No, señor», le respondieron. «Es verdad que tus servidores han venido a comprar víveres.
11 Todos nosotros somos hijos de un mismo padre, y además, personas honradas. No somos espías».
12 Pero él insistió: «No, ustedes han venido a observar las zonas desguarnecidas del país».
13 Ellos continuaron diciendo: «Nosotros, tus servidores, somos doce hermanos, hijos de un hombre que reside en Canaán. El menor está ahora con nuestro padre, y otro ya no vive».
14 Pero él volvió a insistir: «Ya les he dicho que ustedes son espías.
15 Por eso van a ser sometidos a una prueba: juro por el Faraón que ustedes no quedarán en libertad, mientras no venga aquí su hermano menor.
16 Envíen a uno de ustedes a buscar a su hermano, los demás quedarán prisioneros. Así será puesto a prueba lo que ustedes han afirmado, para comprobar si dicen la verdad. De lo contrario, no habrá ninguna duda de que ustedes son espías».
17 E inmediatamente, los puso bajo custodia durante tres días.
18 Al tercer día, José les dijo: «Si quieren salvar la vida, hagan lo que les digo, porque yo soy un hombre temeroso de Dios.
19 Para probar que ustedes son sinceros, uno de sus hermanos quedará como rehén en la prisión donde están bajo custodia, mientras el resto llevará los víveres, para aliviar el hambre de sus familias.
20 Después me traerán a su hermano menor. Así se pondrá de manifiesto que ustedes han dicho la verdad y no morirán». Ellos estuvieron de acuerdo.
21 Pero en seguida comenzaron a decirse unos a otros: «¡Verdaderamente estamos expiando lo que hicimos contra nuestro hermano! Porque nosotros vimos su angustia cuando nos pedía que tuviéramos compasión, y no quisimos escucharlo. Por eso nos sucede esta desgracia».
22 Rubén les respondió: «¿Acaso no les advertí que no cometieran ese delito contra el muchacho? Pero ustedes no quisieron hacer caso, y ahora se nos pide cuenta de su sangre».
23 Ellos ignoraban que José los entendía, porque antes habían hablado por medio de un intérprete.
24 José se alejó de ellos para llorar; y cuando estuvo en condiciones de hablarles nuevamente, separó a Simeón y ordenó que lo ataran a la vista de todos.
25 Después José mandó que les llenaran las bolsas con trigo y que repusieran el dinero en la bolsa de cada uno. También ordenó que les entregaran provisiones para el camino. Así se hizo.
26 Ellos cargaron sus asnos con los víveres y partieron.
La vuelta de los hermanos de José a Canaán
27 Cuando acamparon para pasar la noche, uno de los abrió la bolsa para dar de comer a su asno, y encontró el dinero junto a la abertura de la bolsa.
28 Entonces dijo a sus hermanos: «Me han devuelto el dinero. Está aquí, en mi bolsa». Ellos se quedaron pasmados y, temblando, se preguntaban unos a otros: «¿Por qué Dios nos habrá hecho esto?».
29 Al llegar a Canaán, relataron a su padre Jacob la aventura que habían tenido.
30 «El hombre que gobierna aquel país, le dijeron, nos habló duramente y nos acusó de haber entrado allí como espías.
31 Nosotros le aseguramos que éramos personas honradas y no espías.
32 También le dijimos que éramos doce hermanos, pero que uno ya no vivía, y que nuestro hermano menor estaba en ese momento en Canaán, al lado de nuestro padre.
33 El hombre que gobierna el país nos respondió: «Para demostrarme que ustedes son sinceros, dejen conmigo a uno de sus hermanos, mientras los demás llevan algo para aliviar el hambre de sus familias.
34 Luego tráiganme a su hermano menor, y así sabré que ustedes no son espías sino personas honradas. Entonces les devolveré a su hermano y podrán recorrer libremente el país».
35 Cuando vaciaron las bolsas, cada uno encontró su dinero y, al verlo, ellos y su padre se llenaron de temor.
36 Entonces Jacob les dijo: «Ustedes me van a dejar sin hijos. Primero, perdí a José, después, a Simeón; y ahora quieren quitarme a Benjamín. ¡A mí tenían que pasarme todas estas cosas!».
37 Pero Rubén le respondió: «Podrás matar a mis dos hijos si no te lo traigo de vuelta. Déjalo bajo mi cuidado, y yo te lo devolveré sano y salvo».
38 Jacob insistió: «Mi hijo no irá con ustedes, porque su hermano ya murió y ahora queda él solo. Si le sucede una desgracia durante el viaje que van a realizar, ustedes me harán bajar a la tumba lleno de aflicción».