lunes, 9 de junio de 2014

1° Lectura. Romanos 14

Capítulo 14
Sean comprensivos con el que es débil en la fe, sin entrar en discusiones. 2 Mientras algunos creen que les está permitido comer de todo, los débiles sólo comen verduras. 3 Aquel que come de todo no debe despreciar al que se abstiene, y este a su vez, no debe criticar al que come de todo, porque Dios ha recibido también a este. 4 ¿Quién eres tú para criticar al servidor de otro? Si él se mantiene firme o cae, es cosa que incumbe a su dueño, pero se mantendrá firme porque el Señor es poderoso para sostenerlo. 5 Unos tienen preferencia por algunos días, mientras que para otros, todos los días son iguales. Que cada uno se atenga a su propio juicio. 6 El que distingue un día de otro lo hace en honor del Señor; y el que come, también lo hace en honor del Señor, puesto que da gracias a Dios; del mismo modo, el que se abstiene lo hace en honor del Señor, y también da gracias a Dios. 7 Ninguno de nosotros vive para sí, ni tampoco muere para sí. 8 Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor. 9 Porque Cristo murió y volvió a la vida para ser Señor de los vivos y de los muertos. 10 Entonces, ¿Con qué derecho juzgas a tu hermano? ¿Por qué lo desprecias? Todos, en efecto, tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios, 11 porque está escrito: "Juro que toda rodilla se doblará ante mí y toda lengua dará gloria a Dios", dice el Señor. 12 Por lo tanto, cada uno de nosotros tendrá que rendir cuenta de sí mismo a Dios. 13 Dejemos entonces de juzgarnos mutuamente; traten más bien de no poner delante de su hermano nada que lo haga tropezar o caer. 14 Estoy plenamente convencido en el Señor Jesús de que nada es impuro por sí mismo; pero si alguien estima que una cosa es impura, para él sí es impura. 15 Si por un alimento, afliges a tu hermano, ya no obras de acuerdo con el amor. ¡No permitas que por una cuestión de alimentos se pierda aquel por quien murió Cristo! 16 No expongan a la maledicencia el buen uso de la libertad. 17 Después de todo el Reino de Dios no es cuestión de comida o de bebida, sino de justicia, de paz y de gozo en el Espíritu Santo. 18 El que sirve a Cristo de esta manera es agradable a Dios y goza de la aprobación de los hombres. 19 Busquemos, por lo tanto, lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. 20 No arruines la obra de Dios por un alimento. En realidad, todo es puro, pero se hace malo para el que come provocando escándalo. 21 Lo mejor es no comer carne ni beber vino ni hacer nada que pueda escandalizar a su hermano. 22 Guarda para ti, delante de Dios, lo que te dicta tu propia convicción. ¡Feliz el que no tiene nada que reprocharse por aquello que elige! 23 Pero el que come a pesar de sus dudas, es culpable porque obra de mala fe. Y todo lo que no se hace de buena fe es pecado.

domingo, 8 de junio de 2014

3° Lectura. Salmos 68

Capítulo 68
D
el maestro de coro. De David. Salmo. Canto.
2 ¡Se alza Dios!
Sus enemigos se dispersan
y sus adversarios huyen delante de él.
3 Tú los disipas como se disipa el humo;
como se derrite la cera ante el fuego,
así desaparecen los impíos ante Dios.
4 Pero los justos se regocijan,
gritan de gozo delante de Dios
y se llenan de alegría.
5 ¡Canten a Dios,
entonen un himno a su Nombre!
¡Abranle paso al que cabalga sobre las nubes!
Su Nombre es «el Señor»:
¡griten de alegría en su presencia!
6 Dios en su santa Morada
es padre de los huérfanos y defensor de las viudas:
7 él instala en un hogar a los solitarios
y hace salir con felicidad a los cautivos,
mientras los rebeldes habitan en un lugar desolado.
8 Oh Dios, cuando saliste al frente de tu pueblo,
cuando avanzabas por el desierto,
9 tembló la tierra y el cielo dejó caer su lluvia,
delante de Dios –el del Sinaí–,
delante de Dios, el Dios de Israel.
10 Tú derramaste una lluvia generosa, Señor:
tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste;
11 allí es estableció tu familia,
y tú, Señor, la afianzarás
por tu bondad para con el pobre.
12 El Señor pronuncia una palabra
y una legión de mensajeros anuncia la noticia:
13 «Huyen los reyes, huyen con sus ejércitos,
y te repartes como botín los adornos de un palacio.
14 ¡No se queden recostados entre los rebaños!
Las alas de la Paloma están recubiertas de plata,
y su plumaje, de oro resplandeciente»
15 Cuando el Todopoderoso dispersó a los reyes,
caía la nieve sobre el Monte Umbrío.
16 ¡Montañas divinas, montañas de Basán,
montañas escarpadas, montañas de Basán!
17 ¿Por qué miran con envidia, montañas escarpadas,
a la Montaña que Dios prefirió como Morada?
¡Allí el Señor habitará para siempre!
18 Los carros de guerra de Dios
son dos miríadas de escuadrones relucientes;
¡el Señor está en medio de ellos,
el Sinaí está en el Santuario!
19 Subiste a la altura llevando cautivos,
recogiste dones entre los hombres
–incluso entre los rebeldes–
cuando te estableciste allí, Señor Dios.
20 ¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación!
El carga con nosotros día tras día;
21 él es el Dios que nos salva
y nos hace escapar de la muerte.
22 Sí, Dios aplastará la cabeza de sus enemigos,
el cráneo de los que se obstinan en sus delitos.
23 Dice el Señor: «Los traeré de Basan,
los traeré desde los abismos del mar,
24 para que hundas tus pies en la sangre del enemigo
y la lengua de tus perros también tenga su parte».
25 Ya apareció tu cortejo, Señor,
el cortejo de mi Rey y mi Dios hacia el Santuario:
26 los cantores van al frente, los músicos, detrás;
las jóvenes, en medio, van tocando el tamboril.
27 ¡Bendigan al Señor en medio de la asamblea!
¡Bendigan al Señor desde la fuente de Israel!
28 Allí Benjamín, el más pequeño, abre la marcha
con los príncipes de Judá, vestidos de brocado,
y con los príncipes de Zabulón
y los príncipes de Neftalí.
29 Tu Dios ha desplegado tu poder:
¡sé fuerte, Dios, tú que has actuado por nosotros!
30 A causa de tu Templo, que está en Jerusalén,
los reyes te presentarán tributo.
31 Reprime a la Fiera de los juncos,
al tropel de los toros y terneros:
que esos pueblos se rindan a tus pies,
trayendo lingotes de oro.
El Señor dispersó a los pueblos guerreros;
32 telas preciosas llegan de Egipto
y Etiopía, con sus propias manos,
presenta sus dones a Dios.
33 ¡Canten al Señor, reinos de la tierra,
entonen un himno a Dios,
34 al que cabalga por el cielo,
por el cielo antiquísimo!
El hace oír su voz poderosa,
35 ¡reconozcan el poder de Dios!
Su majestad brilla sobre Israel
y su poder, sobre las nubes.
36 Tú eres temible, oh Dios, desde tus santuarios.
El Dios de Israel concede a su pueblo
el poder y la fuerza.
¡Bendito sea Dios!

2° Lectura. 1° Samuel 25

Capítulo 25
La muerte de Samuel
Mientras tanto, murió Samuel. Todo Israel se reunió y estuvo de duelo por él, y lo sepultaron en su casa, en Ramá, David, por su parte, bajó al desierto de Parán. El pedido de David a Nabal 2 Había en Maón un hombre que tenía su hacienda en Carmel. Era un hombre muy rico; tenía tres mil ovejas y mil cabras, y estaba esquilando su rebaño en Carmel. 3 Su nombre era Nabal, del clan de Caleb, y su mujer se llamaba Abigail. La mujer era inteligente y atractiva, pero él era rudo y de mal carácter. 4 David oyó en el desierto que Nabal estaba esquilando su rebaño, 5 y envió a diez jóvenes con este encargo: «Suban a Carmel, preséntense a Nabal, y salúdenlo de mi parte. 6 Díganle: «¡Salud! ¡Paz para ti, paz para tu casa y para todos tus bienes! 7 Acabo de oír que te están esquilando el rebaño. Ahora bien, cuando tus pastores estuvieron con nosotros, nunca los hemos molestado, ni se les perdió nada durante todo el tiempo que estuvieron en Carmel. 8 Pregunta a tus servidores y ellos te informarán. Que estos muchachos reciban de ti una buena acogida, ya que llegamos en un día de fiesta. Dales, te lo ruego, lo que tengas a mano, para tus servidores y para tu hijo David». 9 Los jóvenes fueron a decir a Nabal todas estas cosas de parte de David, y se quedaron esperando. 10 Pero Nabal respondió a los servidores de David: «¿Quién es David y quién es el hijo de Jesé? Hoy en día hay muchos esclavos que se evaden de su dueño. 11 ¿Voy a tomar mi pan, mi agua y los animales que maté para mis esquiladores, y se los voy a dar a gente que ni siquiera sé de dónde viene?». 12 Los jóvenes de David reanudaron la marcha y se fueron de vuelta. Al llegar, transmitieron a David todas estas palabras. 13 Entonces David dijo a sus hombres: «Que cada uno se ciña su espada». Ellos se ciñeron cada uno su espada, y también David se ciñó la suya. Luego, unos cuatrocientos hombres subieron detrás de David, y los otros doscientos se quedaron con el equipaje. 

 La actitud de Abigail con respecto a David 14 Uno de sus servidores le avisó a Abigail, la esposa de Nabal: «Mira que David envió a unos emisarios desde el desierto, para saludar a nuestro patrón, y él se abalanzó sobre ellos. 15 Sin embargo, esos hombres han sido muy buenos con nosotros. Nunca nos molestaron, ni perdimos nada durante todo el tiempo que anduvimos con ellos, cuando estábamos en campo abierto. 16 Ellos fueron para nosotros una muralla, de día y de noche, mientras estuvimos con ellos apacentando el rebaño. 17 Ahora piensa bien lo que debes hacer, porque es cosa decidida la ruina de nuestro patrón y de toda su casa. En cuanto a él, ¡no es más que un miserable, al que ni siquiera se le puede hablar!». 18 Sin pérdida de tiempo, Abigail tomó doscientos panes, dos odres de vino, cinco carneros adobados, cinco bolsas de grano tostado, cien racimos de pasas de uva y doscientas tortas de higo, y los cargó sobre unos asnos. 19 Luego dijo a sus servidores; «Adelántense ustedes, y yo iré detrás». Pero no le avisó nada a su esposo Nabal. 20 Mientras Abigail, montada en su asno, bajaba por un recodo de la montaña, David y sus hombres bajaban en dirección a ella. 21 Entre tanto, David pensaba: «En vano he protegido todo lo que este tenía en el desierto, sin que se le perdiera ninguno de sus bienes. El me ha devuelto mal por bien. 22 ¡Que Dios castigue a David una y otra vez, si dejo con vida hasta el alba a uno solo de sus hombres!». 23 Apenas vio a David, Abigail bajó inmediatamente del asno, y cayó ante él con el rostro en tierra. 24 Y postrada a sus pies, exclamó: «¡Que la falta recaiga sobre mí, señor! ¡Pero permite que tu servidora hable en tu presencia! ¡Escucha sus palabras! 25 Que mi señor no le haga caso a ese miserable de Nabal, porque su nombre dice lo que él es: él se llama Nabal, que significa "insensato", y la insensatez lo acompaña. Pero yo, tu servidora, no había visto a los jóvenes que había enviado mi señor. 26 Y ahora, ¡por la vida del Señor y por tu propia vida! es el mismo Señor el que te impide derramar sangre y hacerte justicia por tu mano. ¡Que tus enemigos y todos los que tratan de hacerte mal corran la misma suerte que Nabal! 27 Con respecto a este obsequio que le he traído a mi señor, que lo repartan entre tus seguidores. 28 Perdona, te lo ruego, la falta de tu servidora. Porque el Señor te hará seguramente una casa perdurable, ya que tú has combatido en las guerras del Señor y en toda tu vida no se encuentra en ti nada malo. 29 Y si un hombre se alza para perseguirte y atentar contra tu vida, la vida de mi señor estará bien guardada en la bolsa de los vivientes, junto al Señor, tu Dios, mientras que él revoleará con su honda la vida de tus enemigos. 30 Cuando el Señor te haga todo el bien que te ha prometido y te ponga como jefe en Israel, 31 que no tengas que sentir turbación ni remordimiento de conciencia, por haber derramado sangre sin motivo y por haberte hecho justicia por ti mismo. Y cuando el Señor te colme de bienes, acuérdate de tu servidora». 32 Entonces David dijo a Abigail: «¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, que hoy te envía a mi encuentro! 33 ¡Bendito sea tu buen tino, y bendiga también tú, que hoy me has impedido derramar sangre y hacerme justicia por mí mismo! 34 ¡Por la vida del Señor, el Dios de Israel, que me ha impedido hacerte daño, si no te hubieras apresurado a venir a mi encuentro, juro que antes de brillar el alba no le habría quedado vivo a Nabal ni un solo hombre!». 35 Luego David tomó lo que la mujer le había traído y le dijo: «Sube a tu casa en paz. He escuchado tu demanda y la tendré en cuenta». La muerte de Nabal 36 Cuando Abigail llegó a su casa, Nabal estaba celebrando un regio banquete. Nabal desbordaba de alegría; y como estaba completamente borracho, ella no le dijo ni una sola palabra antes del alba. 37 Pero a la mañana, cuando a Nabal ya se le había pasado la embriaguez, su mujer lo puso al tanto de lo sucedido. Entonces él tuvo un ataque al corazón y quedó paralizado. 38 Al cabo de unos diez días, el Señor hizo morir a Nabal. 39 Cuando David supo que Nabal había muerto, exclamó: «¡Bendito sea el Señor, que ha defendido mi causa contra la afrenta que recibí de Nabal y ha preservado del mal a su servidor! ¡El Señor hizo que la maldad de Nabal recayera sobre él mismo!». El matrimonio de David con Abigail Luego David mandó decir a Abigail que quería tomarla por esposa. 40 Los servidores de David se presentaron a Abigail en Carmel y le dijeron: «David nos ha mandado a verte para tomarte por esposa». 41 Ella se puso de pie, se postró con el rostro en tierra, y respondió: «Aquí está tu esclava dispuesta a lavar los pies de los servidores de mi señor». 42 Abigail se levantó rápidamente y montó en un asno, seguida de cinco de sus esclavas. Luego partió detrás de los enviados de David y él la tomó por esposa. 43 David también se había casado con Ajinóam de Izreel, y tuvo a las dos por esposas. 44 Saúl, por su parte, había dado a su hija Mical, la esposa de David, a Paltí, hijo de Lais, que era de Galím.

1° Lectura. Romanos 13

Capítulo 13
Todos deben someterse a las autoridades constituidas, porque no hay autoridad que no provenga de Dios y las que existen han sido establecidas por él. 2 En consecuencia, el que resiste a la autoridad se opone al orden establecido por Dios, atrayendo sobre sí la condenación. 3 Los que hacen el bien no tienen nada que temer de los gobernantes, pero sí los que obran mal. Si no quieres sentir temor de la autoridad, obra bien y recibirás su elogio. 4 Porque la autoridad es un instrumento de Dios para tu bien. Pero teme si haces el mal, porque ella no ejerce en vano su poder, sino que está al servicio de Dios para hacer justicia y castigar al que obra mal. 5 Por eso es necesario someterse a la autoridad, no sólo por temor al castigo sino por deber de conciencia. 6 Y por eso también, ustedes deben pagar los impuestos: los gobernantes, en efecto, son funcionarios al servicio de Dios encargados de cumplir este oficio. 7 Den a cada uno lo que le corresponde: al que se debe impuesto, impuesto; al que se debe contribución, contribución; al que se debe respeto, respeto; y honor, a quien le es debido. 8 Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió toda la Ley. 9 Porque los mandamientos: No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro, se resumen en este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 10 El amor no hace más al prójimo. Por lo tanto, el amor es la plenitud de la Ley. 11 Ustedes saben en qué tiempo vivimos y que ya es hora de despertarse, porque la salvación está ahora más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. 12 La noche está muy avanzada y se acerca el día. Abandonemos las obras propias de la noche y vistámonos con la armadura de la luz. 13 Como en pleno día, procedamos dignamente: basta de excesos en la comida y en la bebida, basta de lujuria y libertinaje, no más peleas ni envidias. 14 Por el contrario, revístanse del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer los deseos de la carne.

viernes, 6 de junio de 2014

3° Lectura. Salmos 66

Capítulo 66
D
el maestro de coro. Canto. Salmo.
¡Aclame a Dios toda la tierra!
2 ¡Canten la gloria de su Nombre!
Tribútenle una alabanza gloriosa,
3 digan a Dios: «¡Qué admirables son tus obras!».
Por la inmensidad de tu poder,
tus enemigos te rinden pleitesía;
4 toda la tierra se postra ante ti,
y canta en tu honor, en honor de tu Nombre.
5 Vengan a ver las obras de Dios,
las cosas admirables que hizo por los hombres:
6 él convirtió el Mar en tierra firme,
a pie atravesaron el Río.
Por eso, alegrémonos en él,
7 que gobierna eternamente con su fuerza;
sus ojos vigilan a las naciones,
y los rebeldes no pueden sublevarse.
8 Bendigan, pueblos, a nuestro Dios,
hagan oír bien alto su alabanza:
9 él nos concedió la vida
y no dejó que vacilaran nuestros pies.
10 Porque tú nos probaste, oh Dios,
nos purificaste como se purifica la plata;
11 nos hiciste caer en una red,
cargaste un fardo sobre nuestras espaldas.
12 Dejaste que cabalgaran sobre nuestras cabezas,
pasamos por el fuego y por el agua,
¡hasta que al fin nos diste un respiro!
13 Yo vengo a tu Casa a ofrecerte holocaustos,
para cumplir los votos que te hice:
14 los votos que pronunciaron mis labios
y que mi boca prometió en el peligro.
15 Te ofreceré en holocausto animales cebados,
junto con el humo de los carneros;
te sacrificaré bueyes y cabras.
16 Los que temen a Dios, vengan a escuchar,
yo les contaré lo que hizo por mí:
17 apenas mi boca clamó hacia él,
mi lengua comenzó a alabarlo.
18 Si hubiera tenido malas intenciones,
el Señor no me habría escuchado;
19 pero Dios me escuchó
y atendió al clamor de mi plegaria.
20 Bendito sea Dios,
que no rechazó mi oración


ni apartó de mí su misericordia.

2° Lectura. 1° Samuel 21-22

Capítulo 21
La ejecución de siete descendientes de Saúl
En los tiempos de David, hubo hambre durante tres años consecutivos. David consultó al Señor, y el Señor le respondió: «Esto se debe a Saúl y a esa casa sanguinaria, porque él dio muerte a los gabaonitas». 2 Entonces David convocó a los gabaonitas y les habló. Ellos no pertenecían a Israel, sino que eran un resto de los amorreos, con quienes los israelitas se habían comprometido mediante un juramento. Sin embargo, Saúl había intentado eliminarlos, en su celo por Israel y Judá. 3 David preguntó a los gabaonitas: «¿Qué puedo hacer por ustedes y con qué podré expiar, para que ustedes bendigan la herencia del Señor?». 4 Los gabaonitas le dijeron: «No tenemos con Saúl y su familia ninguna queja por cuestiones de plata y oro, ni tenemos cuestiones con ningún otro hombre en Israel, para hacerlo morir». David respondió: «Haré por ustedes lo que me pidan». 5 Ellos dijeron al rey: «Aquel hombre trató de exterminarnos y proyectaba aniquilarnos, para que no subsistiéramos en todo el territorio de Israel. 6 Que nos entreguen a siete de sus descendientes y nosotros los colgaremos delante del Señor, en Gabaón, en la montaña del Señor». «Yo se los entregaré», respondió el rey. 7 El rey le perdonó la vida a Meribaal, hijo de Jonatán, a causa del juramento que David y Jonatán, hijo de Saúl, se habían hecho en nombre del Señor. 8 Pero tomó a Armoní y Meribaal, los dos hijos que Rispá, hija de Aiá, había tenido con Saúl, y los cinco hijos que Merab, hija de Saúl, había tenido con Adriel, hijo de Barzilai, el de Mejolá, 9 y se los entregó a los gabaonitas. Ellos los colgaron en la montaña, delante del Señor, y sucumbieron los siete al mismo tiempo. Fueron ejecutados en los primeros días de la cosecha, al comienzo de la recolección de la cebada. 10 Rispá, hija de Aiá, tomó una lona y la tendió para poder recostarse sobre la roca. Así estuvo desde el comienzo de la cosecha hasta que las lluvias cayeron del cielo sobre los cadáveres, espantando durante el día a las aves del cielo y durante la noche a las fieras del campo. 11 Cuando informaron a David de lo que hacía Rispá, hija de Aiá, la concubina de Saúl, 12 él fue a pedir los huesos de Saúl y los de su hijo Jonatán a los ciudadanos de Iabés de Galaad, que los habían retirado furtivamente de la explanada de Betsán, donde los habían suspendido los filisteos el día en que derrotaron a Saúl en Gelboé. 13 David se llevó de allí los huesos de Saúl y los de su hijo Jonatán, y también recogió los huesos de los que habían sido colgados. 14 Todos fueron sepultados en el país de Benjamín, en la tumba de Quis, el padre de Saúl. Y una vez que hicieron todo lo que el rey había ordenado, Dios se mostró propicio con el país. David salvado por Abisai 15 Los filisteos reanudaron la guerra contra Israel. Entonces, David bajó con sus servidores y presentaron batalla a los filisteos David estaba extenuado, 16 e Isbó Benob, uno de los descendientes de Rafá, cuya lanza pesaba trescientos siclos de bronce y que llevaba ceñida una espada nueva, amenazó con matar a David. 17 Pero Abisai, hijo de Seruiá, acudió en su auxilio y abatió el filisteo, dándole muerte. Los hombres de David lo conjuraron, diciendo: «Tú no irás más a combatir con nosotros, no sea que extingas la lámpara de Israel». Hazañas contra los filisteos 1 Crón. 20.4-8 18 Después hubo un combate contra los filisteos en Gob. Fue entonces cuando Sibecai, el jusatita, mató a Saf, que era uno de los descendientes de Rafá. 19 Luego hubo otro combate contra los filisteos en Gob. Eljanán, hijo de Jaír, el de Belén, mató a Goliat, de Gat. El asta de la lanza de Goliat era gruesa como el palo grande de un telar. 20 También hubo un combate en Gat. Allí había un hombre de enorme estatura, que tenía seis dedos en cada mano y seis en cada pie, veinticuatro en total. También él era descendiente de Rafá. 21 Y como desafiaba a Israel, lo mató Jonatán, hijo de Simeá, hermano de David 22 Estos cuatro eran descendientes de Rafá, en Gat, y fueron abatidos por la mano de David y de sus servidores.


Capítulo 22
Salmo de David
E1 David dirigió al Señor las palabras de este canto, cuando el Señor lo libró de todos sus enemigos y de la mano de Saúl. 2 El dijo: Yo te amo, Señor, mi fuerza 3 Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador, mi Dios, el peñasco en que me refugio, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte, mi salvador, que me libras de la violencia. 4 Yo invoco al Señor, que es digno de alabanza, y quedo a salvo de mis enemigos. 5 Las olas de la Muerte me envolvieron, me aterraron los torrentes devastadores, 6 me cercaron los lazos del Abismo, las redes de la Muerte llegaron hasta mí. 7 Pero en mi angustia invoqué al Señor, grité a mi Dios pidiendo auxilio, y él escuchó mi voz desde su Templo, mi grito llegó hasta sus oídos. 8 Entonces tembló y se tambaleó la tierra: vacilaron los fundamentos de las montañas, y se conmovieron a causa de su furor; 9 de su nariz se alzó una humareda, de su boca, un fuego abrasador, y arrojaba carbones encendidos. 10 El Señor inclinó el cielo, y descendió con un espeso nubarrón bajo sus pies; 11 montó en el Querubín y emprendió vuelo, planeando sobre las alas del viento. 12 Se envolvió en un manto de tinieblas; un oscuro aguacero y espesas nubes lo cubrían como un toldo; 13 las nubes se deshicieron en granizo y centellas al fulgor de su presencia. 14 El Señor tronaba desde el cielo, el Altísimo hacía oír su voz; 15 arrojó flechas y los dispersó, lanzó rayos y sembró la confusión. 16 Al proferir tus amenazas, Señor, al soplar el vendaval de tu ira, aparecieron los cauces del mar y quedaron a la vista los cimientos del mundo. 17 El tendió su mano desde lo alto y me tomó, me sacó de las aguas caudalosas; 18 me libró de mi enemigo poderoso, de adversarios más fuertes que yo. 19 Ellos me enfrentaron en un día nefasto, pero el Señor fue mi apoyo: 20 me sacó a un lugar espacioso, me libró, porque me ama. 21 El Señor me recompensó de mis manos: 22 porque seguí fielmente los caminos del Señor, y no me aparté de mi Dios, haciendo el mal; 23 porque tengo presente todas sus decisiones y nunca me alejé de sus preceptos. 24 Tuve ante él una conducta irreprochable y me esforcé por no ofenderlo. 25 El Señor me premió, porque yo era justo y era inocente ante sus ojos. 26 Tú eres bondadoso con los buenos y eres íntegro con el hombre intachable; 27 eres sincero con los que son sinceros y te muestras astuto con los falsos. 28 Porque tú salvas al pueblo oprimido y humillas los ojos altaneros: 29 tú eres mi lámpara, Señor; Dios mío, tú iluminas mis tinieblas 30 Contigo puedo atacar a un tropel; con mi Dios, puedo asaltar una muralla. 31 El camino de Dios es perfecto, la promesa del Señor es digna de confianza. El Señor es un escudo para los que se refugian en él, 32 porque ¿Quién es Dios fuera del Señor? ¿y quién es la Roca fuera de nuestro Dios? 33 El es el Dios que me ciñe de valor y hace intachable mi camino; 34 el que me da la rapidez de un ciervo y me afianza en las alturas; 35 el que adiestra mis manos para la guerra y mis brazos para tender el arco de bronce. 36 Me entregaste tu escudo victorioso y tu mano derecha me sostuvo; me engrandeciste con tu triunfo, 37 me hiciste dar largos pasos, y no se doblaron mis tobillos. 38 Perseguí y alcancé a mis enemigos, no me volví hasta que fueron aniquilados; 39 los derroté y no pudieron rehacerse, quedaron abatidos bajo mis pies. 40 Tú me ceñiste de valor para la lucha, doblegaste ante mí a mis agresores; 41 pusiste en fuga a mis enemigos, y yo exterminé a mis adversarios. 42 Imploraron, pero nadie los salvó; gritaban al Señor, pero no les respondía. 43 Los deshice como polvo de la tierra, los pisé como el barro de las calles. 44 Tú me libraste de un ejército incontable y me pusiste al frente de naciones: pueblos extraños son mis vasallos. 45 Gente extranjera me rinde pleitesía; apenas me oyen nombrar, me prestan obediencia. 46 Los extranjeros palidecen ante mí y, temblando, abandonan sus refugios. 47 ¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca! ¡Glorificado sea Dios, la Roca de mi salvación, 48 el Dios que venga mis agravios y pone a los pueblos a mis pies! 49 Tú me liberas de mis enemigos, me haces triunfar de mis agresores y me libras del hombre violento. 50 Por eso te alabaré entre las naciones y cantaré, Señor, en honor de tu Nombre. 51 El concede grandes victorias a su rey y trata con fidelidad a su Ungido. a David y a su descendencia para siempre.




1° Lectura. Romanos 11:25-36


Hermanos, no quiero que ignoren este misterio, a fin de que no presuman de ustedes mismos: el endurecimiento de una parte de Israel durará hasta que haya entrado la totalidad de los paganos. 26 Y entonces todo Israel será salvado, según lo que dice la Escritura: "De Sión vendrá el Libertador. El apartará la impiedad de Jacob. 27 Y esta será mi alianza con ellos, cuando los purifique de sus pecados". 28 Ahora bien, en lo que se refiere a la Buena Noticia, ellos son enemigos de Dios, a causa de ustedes; pero desde el punto de vista de al elección divina, son amados en atención a sus padres. 29 Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables. 30 En efecto, ustedes antes desobedecieron a Dios, pero ahora, a causa de la desobediencia de ellos, han alcanzado misericordia. 31 De la misma manera, ahora que ustedes han alcanzado misericordia, ellos se niegan a obedecer a Dios. Pero esto es para que ellos también alcancen misericordia. 32 Porque Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos. 33 ¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos! 34 ¿Quién penetró en el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero? 35 ¿Quién le dio algo, para que tenga derecho a ser retribuido? 36 Porque todo viene de él, ha sido por él, y es para él. ¡A él sea la gloria eternamente! Amén.